afondo afondo
viernes 23 de septiembre de 2016

Educación sin distancia

La incomprensión también tiene su explicación.

Según algunos especialistas en epistemología, el proceso básico del conocimiento es la operación que hacemos (o intentamos hacer) para transformar lo desconocido en algo asequible

Podemos sintetizar : comprender es pensar. Pero en este caso la inversión de los términos sí altera el resultado.

Un mes atrás recibí desde el correo de un amigo una encuesta, y desde otra fuente, otra más amplia y con una metodología igual de rigurosa.

Si las acciones políticas se emparentaran con la biología y se aproximaran más a la naturaleza del humano, podríamos hacer una analogía elemental. Se había cumplido el noveno mes desde que el gobierno asumió.

Los sociólogos y encuestadores tomarían el lugar del obstetra y la ciudadanía expresaría los mismos temores que papás debutantes.

Así ocurrió. Los resultados de la primera consulta despejan cualquier pensamiento trágico, pero vuelven a poner de relieve que uno de los papás pretendía un sexo y el otro, otro. Consideración que debe estar presente en el análisis al menos al momento de ponerle nombre a la criatura.

El índice más elevado entre las preocupaciones, a propósito del trato intensivo que se ha dado en los medios, no podría sorprender a nadie: la corrupción. Fenómeno que abarca no sólo a la carga genética de la criatura política sino también a la actualidad, a pesar de su condición reciente y a que está atravesando su etapa de lactancia.

Sí ingresa en un terreno de intriga el segundo valor más destacado: la educación.

Ante este dato, la primera consulta que realicé al respecto, recibió como respuesta que esa manifestación expresa una conducta muy de moda: lo políticamente correcto.

El constructo "políticamente correcto" tiene dos acepciones. Una despectiva y otra positiva. La despectiva es obvia. Señala una impostura. Y se aproxima al pensamiento que Nicolás Maquiavelo consagra en El Príncipe cuando explica que interpretar las inclinaciones de su pueblo no significa atender las expectativas sino desempeñar la hipocresía como deber. Hoy no haría falta utilizar dos términos, con decir demagogia alcanza.

Pero el otro "políticamente correcto" es aquél que, convencido, comprende la importancia de defender a las minorías y a quienes no cuentan con la posibilidad de expresarse. Y enarbola no sólo un discurso sino una actitud propositiva. Tal vez sea este último el caso de quienes además de manifestar preocupación por la cuestión educativa, lo abordan.

En simultáneo a esa medición, se produjo en Mendoza, por segundo año consecutivo el pre Foro de Calidad Educativa.

Este encuentro organizado por la o.s.c. Proyecto Educar 2050 junto al Consejo Empresario Mendocino (entidad gremial empresaria, una de las muchas que existe en Mendoza) y a la Mesa de Encuentro por la Educación, puso en escena números que hablan.

Pisa y champán.

Durante años escuchamos discutir sobre la validez y rigor del método PISA (programa internacional de evaluación educativa para chicos de 15 años), y muchos ignorábamos el ONE (Operativo Nacional de Educación), evaluación que en su última edición (2013) describe el desempeño de nuestros alumnos, me refiero a los de la región Cuyo. Esos números arrojan resultados que le dan argumento a la preocupación que devela la encuesta.

Esta coincidencia entre la preocupación que expresa el 24% de los encuestados y las evaluaciones técnicas, validan al pensador Jean Padioleau quien irónicamente señalaba que a la "opinión pública" le ocurre como a los elefantes: puede ser difícil definirla, pero es muy fácil reconocer.

De las ponencias en ese pre Foro, la Axel Rivas (prestigioso especialista y director del CIPPEC) sobresalió no sólo por la sobriedad y contundencia, sino porque ante una tribuna heterogénea pero completa de líderes actuales, tanto del ámbito privado como del estatal, insistió en que el modelo actual es profundamente injusto y lo que propicia es solidificar el status vigente.

Hay intensos esfuerzos nacionales a internacionales para modificar el esquema excluyente. Algunos muy atractivos porque interpelan al modo "clásico" y a la burocracia típica educativa, como es el de "La Escuela al Revés" de Salman Khan, o el método imaginativo y desestructurante del irlandés Kieran Egan. Aunque antes de aplicar y repensar la utilización de cualquier cambio de esa magnitud, es imprescindible que estén precedidos por una fuerte vocación política, que implica además, un aporte no metafórico de parte de todos los sectores.

Conjeturo que si se pusiera el mismo énfasis, vehemencia y acuerdo corporativo, con que se discute la eliminación del impuesto interno al "espumante", aquél vino al que –por mala educación- llamábamos champán, tal vez podríamos alterar no sólo la preocupación de la opinión pública sobre las evaluaciones de la educación, sino la educación en todo su rico, amplio y necesario significado.

Los próximos 18 y 19 de octubre, con nueva metodología, observando otros grados de primaria y secundaria, y midiendo en algunos casos de manera censal, se hará la evaluación que ha diseñado la actual administración nacional. No más ONE y por el momento y anticipándose a PISA, el programa se llama Aprender.

Nombre y proyecto ambiciosos, en un momento en el que en Argentina superamos récord en deserción de alumnos del secundario. Aprender. Verbo que vendría muy bien para aplacar un poco las vanidades, arrogancias y para eliminar la mezquindad.

Propósito en el que pocos pueden disentir y para el cuál es necesario el fuerte compromiso de una dirigencia decente. Decente, que no por casualidad comparte el origen con decente. No intentarlo es incomprensible.

Fuente:

Dejanos tu comentario

Más Leídas