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domingo 23 de julio de 2017

Economía eleccionaria: números fríos y campaña caliente

La ausencia de resultados mostrables y palpables para la ciudadanía es la mayor preocupación del gobierno de Macri.

Cada vez son más los disensos entre políticos o economistas afines a distintas ideologías respecto de la velocidad con la que el Gobierno debe implementar algunas reformas, ya sea a través de medidas de shock o gradualmente, como el gobierno de Mauricio Macri viene haciendo hasta ahora.

Transcurrido el 40% del gobierno de Cambiemos, el múltiple equipo económico no pudo ofrecer hasta ahora buenas noticias para la sociedad. Tampoco los ministros pueden ofrecer argumentos concretos y de peso para la campaña electoral de Mauricio Macri. La ausencia de resultados mostrables y palpables para la población genera preocupación en el Gobierno

Claramente, desde la gestión de Macri quisieran mostrar otras cuentas en las elecciones y llegar a fines de este año con un crecimiento del 3%.¿Cómo lo alcanzará?.

El oficialismo confía en la obra pública, en el cotejo interanual, en la reacción del consumo a partir de algunas paritarias donde las tres partes salieron conformes.

¿Ayudaría a los indicadores una reforma tributaria?. Sin duda, pero se necesitarían diez años para que se perciba que el ahogo impositivo es menor. En el 2000, antes de la catástrofe del 2001/ 2002 era del 22%. Hoy es del 35%, como bien se dice, la más alta de la historia argentina. En estos días el 70% del precio de la nafta son impuestos. Los jubilados se hacen cargo del gravamen a las Ganancias.

Al fin y al cabo, la política de dureza monetaria para bajar la inflación tiene efectos de más largo plazo, al igual que los grandes proyectos de infraestructura, pero no evita los altibajos coyunturales, económicos y políticos. Sobre todo, cuando falta un programa económico articulado entre las distintas áreas del Gobierno.

La mayoría de los economistas coincide en que la situación económica no le jugaría tan a favor al Gobierno como en todos los períodos electorales donde el oficialismo resultó ganador. Sin embargo, los indicadores muestran que la economía tampoco le jugará fuertemente en contra ya que llegaría al proceso eleccionario con una situación levemente mejor que el promedio de los períodos donde perdió el oficialismo.

Dado que las herramientas de política económica disponibles de acá a las elecciones para acelerar la reactivación de la economía más allá de lo esperado son bastante limitadas y que por otro lado, el mundo difícilmente mejore mucho en este corto período, el oficialismo probablemente necesitará de factores adicionales al económico para obtener un triunfo.

Sin duda alguna, la debilidad de la demanda agregada es una de las razones por las cuales no hubo lluvia de inversiones, ni locales ni extranjeras. Seguramente, la posibilidad de que el oficialismo pierda la elección y que esa derrota torne políticamente inviable a las reformas que el poder económico le reclama al Gobierno, es otro factor que puede estar demorando decisiones empresarias.

Pero además, la economía argentina padece de serios problemas de competitividad y rentabilidad, que van más allá del tipo de cambio. Un ejemplo es el caso de una empresa que evaluó invertir en una planta para elaborar un subproducto del limón, y encontró más conveniente concretar el proyecto en Pakistán que aquí.

El Gobierno puede decir que se salió de la recesión. Pero ello es todavía parcial.

El crecimiento económico ha sido del 1% y sólo a partir de mayo la industria levantó cabeza después de un año y tres meses de postergación. Con ello no se pueden agitar las banderas de una recuperación y mostrar sonrisas plenas . Sólo mejoraron la construcción y la industria automotriz.

Así pudieron mostrar que los sectores de altos ingresos en el país fueron los que están comprando propiedades y automóviles. Aunque hay que aclarar que también los de medianos ingresos llegaron a las cuatro ruedas por la cantidad de cuotas y ofertas que brindaron las automotrices, casi en un acto de desesperación por los precios altísimos de las unidades y los costos desmesurados de mantenimientos más las cargas impositivas que soporta cada auto nuevo.
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