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domingo 05 de junio de 2016

De tal palo, tal astilla: como su padre, ganó fama en el país con la terapia de autoayuda

Entrevista con Demián Bucay, terapeuta gestáltico y escritor.

El psiquiatra Demián Bucay tuvo que estudiar, formarse y hacerse de un nombre propio siendo que su apellido ya era lo suficientemente conocido en el ámbito en el que eligió desarrollarse gracias a su padre, el también psiquiatra y gurú argentino de la autoayuda Jorge Bucay.

Sin embargo, a fuerza de elegir un camino propio, sosteniendo una visión particular, escribiendo libros que fueron bien recibidos y ofreciendo cientos de charlas y talleres por doquier, Demián hoy brilla con luz propia, tanto en Argentina como en México, país en el que también se han editado sus textos.

Mendoza es un destino frecuente del psicoterapeuta, ya que suele visitar la provincia para ofrecer charlas que se enmarcan bajo títulos como En busca del buen amor o La mujer y la pareja.

Recientemente, participó en un encuentro privado, en el complejo Arena Maipú, en el que disertó frente a unas 250 mendocinas, que lo escucharon muy atentas y hasta se animaron a debatir con él al respecto de frases como "no se puede vivir del amor" y "el amor ideal debería ser nuestro objetivo".

Demián tiene 38 años, pero saltó a la fama cuando era apenas un adolescente, dado que su padre utilizó su nombre para darle título a su célebre libro de 1994 Recuentos para Demián.

No obstante, desde que recibió su título, el profesional buscó distanciarse de la sombra de su progenitor, abordando temáticas diferentes y con las que se sentía más cómodo. Asimismo, logró ser más interactivo con sus pacientes y oyentes.

De esta manera, tras especializarse en terapia gestáltica – la cual tiene como objetivo que el paciente sea más completo y creativamente vivo para así liberarse de los bloqueos y asuntos inconclusos que disminuyen la satisfacción y el crecimiento– se abocó en particular a las temáticas de pareja y familia.

Propulsor como pocos en el país de la terapia on line, mecanismo con el que sigue trabajando hasta hoy a través de su página web, y de la literatura y la narración como herramientas de sanación, Demián se destaca como un animador accesible, ameno y entretenido.

Frente a un centenar de mujeres, este profesional hace reír, pensar y, casi como mandato, proyectar a futuro, sobre lo que se quiere y se debería lograr para estar y ser mejor.

En diálogo con Diario UNO, el también autor y requerido disertador ofreció un balance del presente de la autoayuda en Argentina y el mundo, pero también se aventuró a predecir cómo serán las parejas argentinas en un futuro no tan lejano.

–¿Cuándo descubriste que este era el camino que querías seguir en tu profesión?
–Siempre supe que si me dedicaba a la psiquiatría, lo mío iba a ser la psicoterapia. Ahora, viendo mi historia desde el final, recuerdo que cuando tenía nueve años, fui a buscar a mi padre a su consultorio porque íbamos a ir a cenar en familia y él justo estaba terminando de trabajar. Entré a su oficina, vi una luz tenue, almohadones y un diván. Todo eso, me hizo percibir un clima muy misterioso, pero a la vez muy importante. Tenía la sensación de que ahí había pasado algo muy importante. Sentí que ahí se develaban los misterios del alma humana. Analizándolo ahora, siento que esa curiosidad que sentí ese día, en ese momento, es lo que me guió hasta acá. Además, es algo que he comprobado de grande. Considero que todo lo que pasa en una psicoterapia o cuando una persona inicia un proceso así es algo realmente único. No hay nada mejor. Es lo que me apasiona y me mueve.

–Desde que empezaste tu carrera hasta hoy, ¿sentís que vivimos una época en la que la gente sale a buscar soluciones a sus problemas y se anima a pedir ayuda?
–En Argentina es una demanda constante, sí, pero con respecto a otras partes del mundo diría lo contrario. Es más, es una tendencia que va decreciendo. En Argentina, sí es una demanda constante, pero sí es cierto que acá se están vendiendo menos libros de autoayuda que en otros momentos. Pero eso, creo que tiene que ver con que el libro en sí mismo es un objeto que va en vías de regresión y a la vez hay otros métodos u otros medios que lo están remplazando.

–¿A qué otros medios te referís?
–Hoy, la gente compra menos libros pero busca mucha ayuda por internet o mira videos que responden a preguntas específicas. Se ha popularizado mucho el uso de las charlas TED a través de YouTube. Esas cosas suplen a los libros tradicionales y me parece bien. Soy bastante escéptico con respecto a cómo acceder a la información o a la respuesta. Es decir, si el medio está bueno, está perfecto. No es mejor un libro que un programa de televisión. Ambos pueden ser una porquería o estar buenísimos. Volviendo al inicio, puede que los medios hayan cambiado, pero no creo que la demanda vaya disminuyendo sino que encontró otros lugares donde satisfacerse.

–Uno de los temas que tratás en tus charlas es sobre la pareja. ¿Cómo han evolucionado las relaciones de pareja en Argentina?
–No soy sociólogo y no tengo base para decir esto, pero hace rato pienso en un planteo muy a futuro sobre lo que nos está pasando. Creo que el hecho de que la reproducción humana se esté independizando cada vez más de que un hombre y una mujer tengan que tener sexo, tanto por la adopción como por la ciencia, hace que la pareja como medio privilegiado de establecimiento sea menos necesaria. Por ende, la pareja va siendo menos necesaria porque en el fondo, biológicamente, lo que la sostenía era esta idea. Como esto ya no es necesario, la pareja como entidad va perdiendo necesidad. Por este motivo, empiezan a existir otros motivos para relacionarse. De hecho, hay mujeres y hombres que deciden tener hijos sin tener una pareja y parejas homoparentales. Esto, a su vez, hace que la pareja tienda a no tener modelos tan estables y tradicionales como los que venía teniendo. Creo que las parejas van a ir cada vez más hacia eso. En el futuro y hasta hoy en día, la pareja se vuelve cada vez más algo electivo y no algo por lo que todos necesariamente tenemos que pasar.

–¿Las redes sociales han sido perjudiciales en las relaciones de pareja?
–No. Categóricamente, creo que no. Sé que hay mucha gente que piensa que sí, pero yo pienso que no. Es más, pienso que han influido mucho, pero de ahí a pensar que han sido malas, no. No hay que pensar que la comunicación que se da a través de las computadoras o las redes sociales no es de verdad, cuando en realidad sí lo es. Es tan verdadera como la que se hace cara a cara. No hay que confundir virtual con ficticio. Mucha gente piensa eso. Lo virtual es que esté mediado por algo, nada más. De hecho, a la gente le despierta los mismos sentimientos y sensaciones. Es más, pienso que estamos mejor que antes porque antes del surgimiento de las redes sociales yo escuchaba más problemas referidos a la dificultad del encuentro. La gente no sabía muchas veces de qué manera encontrarse.

–En esta era, es bastante imposible que alguien diga que no puede encontrar a otra persona...
–¡Claro! No existe más eso. Hoy, en internet, tenés el mundo abierto ante vos. Sí, es verdad que esto trae otros problemas. Por ejemplo, ¿cómo hacés para elegir teniendo un mercado tan amplio de opciones?; ¿cómo vas a cuidar que eso esté tan disponible?; ¿cómo vas a manejar la fugacidad de esos encuentros? Se entiende. Pero que haya estos problemas, no quiere decir que algo sea malo. Algo nuevo, genera dificultades nuevas, pero si lo mirás de forma conjunta, me parece que la gente tenía muchas más dificultades antes para el encuentro.

–Tenés un libro cuyo título es "Mirar de nuevo", el cual engloba una forma de superar la vicisitudes que es interesante y se ha puesto muy de moda. ¿Podrías definirlo con tus palabras?
–La idea de esa frase y del libro viene de pensar que, si bien uno no puede modificar la realidad, sí puede mirarla de otra manera, y en ese mirar las cosas de otra manera, encuentra una solución o una salida que antes no veía. En este sentido, se usa mucho la metáfora de pensar como si uno estuviera en el interior de un cuarto en forma de ele y la puerta está del ángulo hacia el costado. Entonces, desde donde uno está, no se ve la salida, parece un cuarto herméticamente cerrado. Ahora, si vos das un par de pasos y cambiás tu perspectiva, ves la puerta. La idea base esa: si logramos entender las cosas y cambiar nuestra posición frente a un conflicto, ves soluciones que antes no veías.

–Tras años siendo colegas y habiendo escrito un libro juntos sobre el vínculo entre padres e hijos, ¿cómo definirías hoy la relación con tu padre?
–No me asustaría decir que es fantástica. Tengo una excelente relación con mi padre. La gente que observa cómo escribimos libros juntos y cómo trabajamos suele decir que tenemos mucha suerte de llevarnos tan bien, pero no es suerte. ¡Laburamos un montón para que sea así! Trabajamos muchísimo en nuestra relación. Tuvimos miles de discusiones, miles de problemas, pero en cada ocasión nos sentamos y hablamos sobre lo que nos pasaba. Así, hemos llegado a esta excelente relación. Y todo esto lo hicimos antes de escribir el libro juntos sino jamás podríamos haberlo hecho porque nos hubiéramos matado en el medio.

Su perfil
-Un experto en la pareja. Tiene 38 años, es psiquiatra y psicoterapeuta. Estudió medicina en la Universidad de Buenos Aires y posee un doctorado en Terapia Gestáltica. Actualmente, se dedica a la consulta privada individual y también a la terapia de parejas y de familia. Es miembro del Servicio a la Comunidad de la Asociación Gestáltica de Buenos Aires, del cual es también supervisor de psiquiatría. Es autor de los libros: Mirar de nuevo y El secreto de la flor que volaba. Junto con su padre, Jorge Bucay, escribió además El difícil vínculo entre padres e hijos. Además, colabora en la revista Mente Sana e imparte cursos y talleres en Argentina y México.

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