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martes 05 de julio de 2016

Cuando Manuel Belgrano pateó el tablero en Tucumán

200 años de independencia. Las Provincias Unidas del Sud eran el único territorio que los españoles todavía no habían reconquistado.

Por Gustavo Capone
El autor es docente, historiador y director de Educación Superior de Mendoza
El 6 de julio de 1816, tres días antes de que el congreso reunido declarara la independencia, los diputados convocaron al general Manuel Belgrano para celebrar una sesión secreta en la que planteó la conveniencia de instaurar una monarquía constitucional conducida por un rey inca.

Convencido de la imperiosa necesidad de integrar el continente (su vastísima correspondencia diplomática con funcionarios de Brasil y EE.UU. lo testifican) determinará su postura en el Congreso de Tucumán a favor de la unidad en torno a un descendiente inca como modo de "americanizar" el nuevo estado y lograr el apoyo de la población indígena.

"No busco glorias, sino la unión de los americanos y la prosperidad de mi patria" será otra de las tantas banderas de Belgrano para con su legado inmortal.

En julio de 1816 el único territorio en América no reconquistado por España era el de la Provincias Unidas del Río de la Plata. Tucumán (lejos de Buenos Aires y más cerca del Cuzco) fue el lugar donde en 1812 Belgrano había salvado la Revolución. Era lógico entonces que todo intento libertador continental partiera de allí.

Las crónicas demuestran que "surgirán en Tucumán dos concepciones de revolución que siempre estuvieron en pugna. La idea de quienes se proponían romper los lazos coloniales con España y ser independientes para asociarse con Inglaterra, y la de quienes querían eliminar todas las formas de explotación, incluida la encomienda, los obrajes, la esclavitud y también el dominio colonial. Unos pensaban en términos económicos, los otros soñaban con modificar la estructura social. A los primeros les bastaba el Río de la Plata. Los segundos iban por todo el continente".

En este sentido, Belgrano con su propuesta leía la realidad: en 1816, Buenos Aires tenía apenas 60 mil habitantes, mientras que desde Córdoba hasta Lima vivían 2.500.000 de habitantes, americanos en su mayoría indígenas.

Pero la concepción de Belgrano además permitiría incorporar "la nación artiguista", que bajo la bandera de la federación y la república ocupaba la mitad del territorio de las Provincias Unidas".

Esta propuesta no suele ser explicada en la enseñanza escolar y cuando se la menciona aparece como una suerte de "delirio" que, sin embargo, tenía un fundamento que marcó desde el comienzo la división entre los revolucionarios. Lo cierto es que cuando el 9 de julio de 1816 el congreso proclamó la independencia, lo hizo en nombre de las "Provincias Unidas de Sud América", y no sólo por las que pertenecían al "Río de la Plata", y tanta importancia le dio a la participación de los pueblos originarios, que ordenó imprimir copias del acta en español, en quechua y en aymara, clara y notoria influencia del pensamiento de Belgrano.

Imagen errada
El retrato de cuerpo entero que el pintor François Casimir Carbonier le hiciera a Belgrano en Londres, en ocasión de la misión diplomática que junto con Rivadavia llevaron a cabo en 1815 con el fin de buscar apoyos para una futura independencia, catapultó erróneamente en nuestros libros escolares la imagen de un Belgrano distante y "acomodado", que poco tenía que ver con el fragor de la lucha que por esos tiempos se libraba.

Aquella enorme y brutal simplificación, acompañando el erróneo acotamiento de reducirlo solamente a "creador de la Bandera", nos privó por años de conocer las bondades de quien fuera el prototipo del patriota multifacético, con un profundo compromiso por la cosa pública y apasionado por las ideas de libertad, igualdad, seguridad y propiedad. Pero más aún, consideremos que a la par de la creación de nuestra Bandera, fundó dos baterías de guerra sobre el río Paraná: Libertad e Independencia, y que en marco de su arenga, antes del bautismo de fuego, tejió los argumentos que justificaron las denominaciones: "La América del Sud será el templo de la independencia y de la libertad...".

Dicho hecho le valió una fuerte reprimenda por parte del Primer Triunvirato, quien lo instó a continuar con la bandera española, de-sautorizando la actitud de Belgrano porque comprometía, según ellos, la política prudente que el Ejecutivo sostenía respecto a la declaración de la independencia. La premonitoria actitud de Belgrano anticipaba con su gesto lo que luego defendería vehementemente. Y más aún su convicción y rebeldía será puesta nuevamente de manifiesto cuando el gobierno central le exija abandonar el frente norte y retroceder a Córdoba para repeler un posible ataque de Artigas. Pero una vez más, la patriótica desobediencia permitió derrotar a los españoles en Tucumán (setiembre de 1812), asegurando el control territorial de esa región.

Sólo podían confiar en sus fuerzas internas para liberarse de los realistas
La participación de Belgrano, recién llegado de Europa, empujó a la declaración de la independencia porque dio un panorama claro sobre la oportunidad única que se presentaba.

En el Historiador se recogen alguna de estas ideas. Dijo que "si la Revolución había merecido en un principio sim­patías de las naciones europeas por su marcha majestuosa, en el día y debido a su declinación en el desorden y la anarquía, ahora sólo po­díamos contar con nuestras propias fuerzas...", que las ideas republi­canas ya no tenían predicamento en Europa y ahora se trataba de monarquizarlo todo, siendo preferida la forma monárquica-constitucional a la manera inglesa; y que la forma de gobierno conveniente era la monarquía llamando a la dinastía de los incas, "por la justicia que envuelve la restitución de esta casa despojada del trono.
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