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lunes 26 de septiembre de 2016

Cómo mejorar a un empleado obsecuente

¿Lealtad o interés? Un obsecuente no reconoce ninguna aptitud o capacidad. Su comportamiento obedece a quedar bien con su jefe.

Le manda mails y entra a su oficina, mínimo, una vez por día. Le cuenta los avances que obtuvo en un proyecto. Busca el visto bueno y frente a cualquier aporte, nunca encuentra oposición. Es casi como un enamorado del jefe, que en las reuniones, halaga su trabajo o su manera de proceder. Casi un obsesionado, lo cela si incluye a otros en los proyectos. ¿Cómo salir de esa relación psicótica? ¿O cómo sacar provecho de eso?

Eduardo Press, director de la consultora especializada en psicología organizacional EP Consultores, explica que un obsecuente no reconoce ninguna capacidad ni aptitud sino que su comportamiento obedece a quedar bien con su jefe, solo porque es el jefe. Define dos tipos de obsecuentes: los que se comportan de esta manera como característica de su personalidad, que son personas más bien sumisas, aceptan situaciones de sometimiento (hasta las pueden buscar) y como consecuencia todo lo que haga o diga el jefe estará bien, casi por definición; y por otro lado, el que lo hace por interés personal, no es genuino, trata de ganarse el favor del que está arriba para trepar y con paciencia esperará el momento oportuno para traicionar o ser desleal si es que eso lo beneficia a él mismo.

"Si el admirador se comporta en forma obsecuente para su propio beneficio se transforma en peligroso y molesto para el jefe. No es fácil detectar la diferencia pero si uno no se deja obnubilar no es muy complicado darse cuenta de la diferencia del que admira en forma genuina del que lo hace por interés y de forma artera", describe. Lo cierto es que, puertas adentro de las oficinas, siempre, se encuentran personalidades que ocupan distintos roles. Si bien contar con un colaborador siempre dispuesto a ayudar y apoyar, puede resultar útil a un jefe, aquel que se excede en estas conductas, termina impactando de manera negativa en el grupo.

"Puede llegar a atentar contra los proyectos en sí mismos y los resultados, no sólo del equipo de trabajo sino de la organización en sí misma", destaca Gisela Rappallo, consultora Senior de HuCap.

Por eso es que los analistas coinciden en que un buen líder, debe saber reconocer cuándo uno de los miembros de su equipo está adquiriendo una posición infantil, y poco madura a partir de conductas reiterativas de adulación y celos, que pueden generar conflictos interpersonales y afectar tanto la productividad como el logro de objetivos en común del grupo que conduce.

"Al querer siempre sobresalir y buscar la continua aprobación de su superior, genera que el resto del equipo comience a alejarse de este integrante, relegándolo por considerar que es un chupamedias, llegando a ocupar un rol de chivo emisario", agrega Rappallo.

Un factor fundamental para salir de este tipo de relaciones es la comunicación.

Sergio Donzelli, Managing Director de Neoris Argentina, reconoce que tuvo algunos casos, aunque nunca llegaron al extremo. Sin embargo, el ejecutivo, se planteó su plan de acción: establecer una comunicación positiva para generar en el otro el entendimiento de mejorar, siempre tender a profesionalizar el vínculo, tener con esa persona reuniones de trabajo sólo sin son necesarias, por ejemplo una vez por semana y con horarios establecidos. "Una buena salida es hacer reuniones de intercambio que nos permitan expresar, siempre de forma positiva, los temas o actitudes que entendemos que deben ser revisadas, para lograr una dinámica más productiva para todos", admite.

Diego Cabral, socio Gerente de IMON Protección legal, vivió de primera mano la preocupación de uno de sus clientes. "Nuestro cliente se sentía agobiado por el trato desmedido de su empleada y aconsejamos cortar el vínculo laboral para que no tener mayores inconvenientes", describe.

Fuente: El Cronista.
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