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martes 05 de abril de 2016

Coetzee destaca el vigor de autores argentinos en la vida cultural del país

El Nobel sudafricano visitará Buenos Aires la semana que viene, en el marco de la Feria del Libro porteña. Y abrirá la cátedra sobre Literaturas del Sur que lleva su nombre en la Universidad Nacional de San Martí­n.

La literatura argentina "es sustancial" y el rol de sus escritores en la vida cultural del país "muy vigoroso", asevera el Nobel sudafricano John Maxwell Coetzee, quien abrirá la cátedra sobre Literaturas del Sur que lleva su nombre en la Universidad Nacional de San Martí­n y participará de la 42ª Feria del Libro de Buenos Aires.

El próximo lunes 11 de abril Coetzee inaugurará la cátedra que tendrá a Delia Falconer y Ivor Indyk, autora y editor australianos, de profesores invitados, y que estudiará las letras de América Latina, de África Subsahariana y de Australia y Nueva Zelanda, indica vía mail el autor de Infancia, Juventud y Verano, trilogía que ficcionaliza su vida y debate el carácter de identidad y memoria.

"Si algo tienen en común esos territorios –describe el escritor que recibió el máximo galardón literario en 2003 por 'la brillantez a la hora de analizar la sociedad sudafricana'–, es una historia colonial de dependencia diversa con la metrópoli, es decir, con centros culturales de Europa y América del Norte".

Esas dependencias "presentan su nivel más alto en Australia y el más bajo en Latinoamérica" y si tuvieran similitudes intrínsecas "no es significativo" para Coetzee, sudafricano radicado en la ciudad australiana de Adelaida.

"Las literaturas son demasiado grandes y variadas como para generalizarlas", sentencia el autor de Disgrace, emblemática novela publicada en 1999 y traducida como Desgracia por proximidad lingüística aunque signifique "deshonra", donde realiza una descripción precisa de la degradada Sudáfrica post Apartheid.

El autoexpatriado, el novelista que intenta reconstruir un origen vaciado, una identidad que se conforma de lo que no es: ni negro ni afrikaner ni inglés, ni judío ni protestante. No se identifica con el deseo, se pregunta qué "ser" es el correcto, afirma que "si las literaturas nacionales tienen futuro sólo el tiempo podrá decirlo".

"El concepto de una literatura nacional fue significativo en los siglos XIX y XX –remarca Coetzee–. Jugó un papel decisivo en la construcción de identidades a través del sistema escolar cuando a una edad impresionable los niños leí­an textos que exaltaban esos caracteres".

Esa literatura es la que él tampoco habita, aunque la Sudáfrica que desea borrar lo persigue (en Londres y en Austin, Estados Unidos, de su novela Juventud, en donde acude como estudiante universitario). Pero si lo negado no estuviera –en el lado oscuro del espejo– Coetzee no podrí­a definirse como lo hace: por negación.

John Maxwell (Ciudad del Cabo, 1940), no sólo perdió un paí­s, perdió la geografí­a de infancia, la granja familiar donde pasó los mejores dí­as de su vida: "No hay ningún otro lugar en el mundo que ame más o que pueda imaginarse amar más", escribe en Infancia.

Su prosa contiene una poética del dolor y conjura el olvido de maneras diversas: ficcionalizando su memoria, reconstruyéndose en sus ficciones, testificando a su país con una parca lectura de lo real o como lo hace en Aquí­ y ahora, libro que reúne cartas que intercambió con Paul Auster entre 2008 y 2011.

"El género de la biografí­a en el pasado dependí­­a en gran medida de la supervivencia de la correspondencia –asevera– y, en particular, de la supervivencia de la carta personal, es decir, la letra escrita en el papel, transportada por el servicio postal y almacenada por el destinatario".

Pero "la desaparición de las cartas en papel hace difí­­cil ver de dónde los biógrafos del futuro obtendrán la información que necesitan, porque dudo que muchas personas vayan a conservar sus correos electrónicos", advierte el premiado escritor –obtuvo dos Booker Prize, el Prix Etranger Fémina y el Premio Jerusalén además del Nobel–.

¿Quién lo recordará? Él mismo. Sin subjetividades. Presentando tramas a través de pruebas, algo que tal vez proviene de su formación como matemático o como programador de computadoras, o del contexto dictatorial en el que creció, del que aprendió esa concisa expresión aunque muy crí­tica y extrañamente aceptada por los censores del Apartheid.

Aunque algunas temporalmente confiscadas, ninguna de las cinco novelas publicadas esos años fue prohibida. En Vida y época de Michael K, un vasto catálogo de abusos polí­ticos publicado en 1983 los censores encontraron una "brillante novela" que si bien "se ubica en Sudáfrica" presenta un "problema universal".

"Los regí­menes represivos, las maquinarias de censura y los métodos más informales de la intimidación, sin duda pueden hacer la vida muy difí­cil para los escritores disidentes", reconoce quien publicó una vez cumplidos los 30 años, lenta maduración vinculada a la angustia de una Sudáfrica donde decir la verdad era imposible y componer ficciones desconectadas del entorno, insustancial.

Sin embargo, "Sudáfrica bajo el Apartheid no es un buen caso de estudio, porque los escritores que trabajaban en inglés tení­­an muchas oportunidades para publicar en el extranjero", asevera quien en esa época publicó también Esperando a los bárbaros, Tierras del poniente, En medio de ninguna parte y Foe.

Su relación con lo que se escribe en la Argentina en este momento "es fragmentaria –asegura– debido a que el negocio de la traducción es lento y porque América Latina ya no es tan popular entre los editores de América del Norte como lo fue durante el Boom y el auge del realismo mágico".

Pero puede afirmar que "la literatura argentina en su conjunto es muy sustancial, muy fuerte. Y ha sido fuerte durante mucho tiempo", que "el rol de los escritores en la vida cultural del paí­s sigue siendo muy vigoroso", que "César Aira y Ricardo Piglia son importantes presencias" y que "a pesar de las dificultades prácticas su industria editorial parece estar floreciendo".

Coetzee visitará nuevamente Buenos Aires para presentar libros y participar en la mesa "De la escritura a la edición: un ejercicio comparativo entre Australia y Argentina".

Será a partir de la semana que viene, en el marco de la Feria del Libro porteña.
Fuente: Télam

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