afondo - Jorge Luis Borges Jorge Luis Borges
miércoles 17 de agosto de 2016

"Buscan a Borges para figurar"

Una charla distendida con la viuda del autor de El Aleph, María Kodama, quien visitará Mendoza para presentar su libro

A 30 años de la muerte de Jorge Luis Borges (1899-1986), María Kodama, esposa y albacea de la obra del escritor, publica Homenaje a Borges, un libro que reúne 20 conferencias que ella brindó a lo largo de universidades e instituciones del mundo y en las que aborda los tópicos que signaron la producción del autor de Ficciones.

Editado por Sudamericana, el libro aborda la relación de la obra de Borges con Buenos Aires, el tiempo, lo fantástico, la religión, las bibliotecas, la memoria, el periodismo, el choque de culturas, entre otros temas.

El trabajo de Kodama como heredera, protectora y difusora de la obra del escritor prosigue a lo largo de la Argentina, llega a veces a lugares muy pequeños, inclusive a aquellos que no cuentan con hotel, dice Kodama sonriente en diálogo con la agencia Télam, en un resto-bar del barrio porteño de Recoleta. Y confirma que estará en Mendoza para presentar su obra en la Feria del Libro que abrirá el 9 de septiembre en Le Parc.

Además, se pone seria cuando considera que "no hay reapropiación creativa" de la obra de Borges por parte de algunos escritores que crean a partir de sus libros y considera que "lo buscan para hacer escándalo".

–Cuando hace referencia a los cuentos "Historia del guerrero y la cautiva" y "El cautivo" cita la anécdota de la cautiva inglesa que no quiso regresar a la civilización, que le llegó a Borges a través de su abuela inglesa, ¿qué influencia tuvo esta mujer en la vida y obra del escritor?
–Su abuela tuvo una influencia fundamental en él. La mayor parte de los libros de la biblioteca de Borges que están en inglés y pasaron a él, eran de su abuela, lo cual tiene un gran valor simbólico. Él adoraba a su abuela. Un día me contó una anécdota divina: su abuela estaba mirándose al espejo con un ramo de flores, entonces él pasa y ella le dice: "Yo soy Flora, un poco decrépita pero siempre Flora", cosas que le impresionaban de su abuela. Había tenido una vida muy dura, muy difícil. Cuando el abuelo de Borges muere, ella queda desprotegida totalmente y escribe cartas en las que pide ayuda al gobierno para poder mantener a sus hijos –al padre de Borges y a su hermano– lo cual fue dramático.

–Lo fantástico y la muerte son tópicos que aborda en el libro como temas recurrentes en la obra de Borges, ¿él tenía una concepción oriental u occidental de la muerte?
–Tenía una gran curiosidad respecto de ese momento, porque decía que por fin iba a saber qué es lo que pasaba realmente. "No sabemos nada", decía. Él era agnóstico y pensaba que veníamos de vidas anteriores. Hay una cosa muy graciosa que me dijo un día: "Prometámonos que si reencarnamos vamos a encontrarnos". Entonces le dije: "Sí, Borges, se lo prometo, pero tengo que avisarle que en la próxima vida yo seré científica", y él me dijo: "No me diga eso, porque quiero volver a ser escritor". Eso es muy lindo como mandato de una vida, porque aún volviendo a vivir quería ser escritor.

–¿Cuál era el vínculo de Borges con la religión?
–Era agnóstico, lo cual es patético porque el agnóstico traza un camino paralelo a Dios tratando de encontrarlo por el único medio que nunca va a poder encontrarlo, que es la razón. Para el que cree, Dios existe y punto, con las dudas que eso conlleva; el ateo dice Dios no existe. Entonces me decía: "Si es un camino paralelo nunca nos reencontraremos", y le decía: "Sí, porque al final dicen que en el infinito las paralelas se unen, entonces nos uniremos con esa energía, luz, fuerza primera como queramos llamarlo".

–¿Considera que la obra de Borges fue suficientemente reconocida en Argentina y el exterior?
–Creo que sí, en realidad su fama mundial empieza cuando tiene 60 años casi, y es a través de Roger Callois, de Francia, que era amigo de Victoria Ocampo, que lo encuentra aquí en Argentina y reconoce que es una obra genial y empieza a hacer su difusión.

–¿Se siente una mujer privilegiada por haber acompañado a Borges durante tantos años de su vida?
–Más que acompañarlo es el amor de mi vida, si no no haría todo lo que hago. Lo conocí cuando tenía 16 años, hace 30 que partió y sigo con él. Adoraba los cuentos que yo escribía y quería prologarlos, pero nunca quise que él los prologara. Alberto Girri también quería hacer el prólogo pero a mí no me interesa todo eso. Yo escribo porque me da placer, para mí el móvil es ese, soy hedonista: si me da placer lo hago, si no me da placer se terminó.

–¿Cuál cree que es el límite entre la reapropiación creativa y el plagio en el caso de la obra de Borges?
–No, no hay reapropiación creativa. Esos escritores que intentan escribir a partir de Borges tienen la obra de autores que murieron hace 50 o 60 años y pueden hacer una recreación, si quieren. Buscan a Borges para hacer escándalo, para figurar y es muy triste porque eso habla de una cosa denigrante para una persona, que es tratar de usar el nombre de otro escritor a través de un título o tema solo para brillar a través de ese escritor. Es lo más triste que le puede pasar a una persona, porque no tiene poder de creación, no tiene poder para ser él. Si un escritor tiene que armar escándalos para poder estar en los diarios, es tristísimo.

–¿Borges tenía conciencia de la trascendencia de su obra?
–No era una persona que se vanagloriaba, su forma de ser lo demuestra. Era un perfeccionista, así que para él nunca llegaba a escribir "el poema".

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