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domingo 20 de agosto de 2017

Bodoc: "El arte debe entrometerse con su tiempo"

"Elisa. La rosa inesperada", el nuevo trabajo de la escritora Liliana Bodoc, cuenta la historia de una joven que emprende un viaje desde su Santa Fe natal hacia Tilcara en busca de nuevos horizontes, sin saber que en el camino se encontrará con maltratos, marginalidad y tristeza mezclados con personajes, mitos y leyendas del norte del país.

"Pretendo escribir dialogando con la niña que fui. Es ella la que siempre escribió y no quiero que se aburra. Porque cuando los niños se aburren, crecen", escribe Bodoc en la bitácora virtual que acompaña al libro editado por Norma, donde se pueden leer pensamientos y escuchar audios de la autora durante su viaje (www.elviajedelilianabodoc.com.ar).

Bodoc, nacida en Santa Fe en 1958, no habla abiertamente de trata o violación, sino del mal encarnado en diablos y serpientes, cuenta leyendas norteñas que se extendieron a lo largo del país y con las que de una u otra manera el lector podrá sentirse identificado.

- Télam: ¿Fue una idea suya o de la editorial el escribir un libro con soporte web con texto y voz?
- Liliana Bodoc: Como hacen muchos viajeros, yo tenía planificada una bitácora donde asentar las experiencias, impresiones y anécdotas del camino. Pero ciertamente lo imaginé en papel, como un posible apéndice de la novela. El formato virtual fue una opción propuesta por la editorial.

- T: ¿La idea del viaje fue para escribir "Elisa" u otra historia?
- L.B.: Bueno, justamente la idea era partir sin una historia preconcebida sino, al contrario, ir en busca de lo que el viaje me propusiera. Lo único que yo llevaba conmigo, como una certeza literaria, era el personaje de una joven que iba a Tilcara por primera vez. Un personaje al que yo le prestaría mis ojos, mis oídos y mis piernas... Luego, ella sería la responsable de encontrar su propio relato. Ese personaje ni siquiera tenía nombre, y pocas o ninguna de las características que acabó teniendo Elisa Vilte, la protagonista de la novela.

- T: ¿Conocía Tilcara? ¿Por qué ese lugar?
- L.B.: No conocía Tilcara, y la elegí por una razón: Tilcara, Purmamarca, Andalgalá son parte de un itinerario de iniciación, el "viaje interior" por excelencia. No son sitios para ir en busca de algún souvenir, sacarnos fotos con gorro de lana y la lengua afuera, y seguir como si nada. Hay mucha densidad simbólica en esos parajes, hay muchos sentimientos ocultos en el silencio de sus habitantes. Elegí Tilcara porque es uno de los sitios donde, a pesar del la conquista, a pesar de la altanería del turismo, resiste la puna y sus verdades.

- T: ¿Qué le paso en el viaje?
- L.B.: Mis primeros días en Tilcara fueron soleados por fuera y por dentro. Por ahí andaba yo, tomando notas, grabando, sacando alguna que otra foto. Un día subí al cementerio, un lugar paradójico. Vi una cruz de madera caída, la alcé... Decía Juan C. Cabrera, fallecido en marzo de... El resto era ilegible. Apoyé la cruz en una lápida, le saqué una foto y le hice una broma. Esa misma noche tuve una pesadilla feroz, muy real. Un hombre desconocido se me acercaba diciendo "Venga a darme un abrazo". ¡Pero traía un cuchillo en las manos! Me desperté angustiada, volví a dormirme. Pocas horas después me despertó un malestar como nunca en mi vida había sentido. Ardía de fiebre, tenía los ojos muy hinchados, lloraba sin parar, apenas podía levantarme de la cama. Y lo único que deseaba era irme. Una persona más racional que yo diría que fue pura casualidad, y que se trató de un virus con el que nada tuvo que ver la cruz caída. Pero a mí no me sale pensar así. Fui irrespetuosa y Tilcara me señaló la salida. En efecto apenas pude moverme fui a un hospital y de ahí regresé a casa.

- T: Hubo un tiempo en que se alejó de la obra. ¿Pensó abandonarla para siempre o sabía que tenía que "madurar" algo para retomarla?
- L.B.: Exacto... fue por la experiencia que viví. Me alejé de la obra como quien se aleja de un fantasma. No quería saber nada y, durante unos meses, evité pensar en el tema. Por otro lado, no me hacía feliz incumplir mi palabra con Laura Leibiker, la editora. Así que me la pasaba imaginando modos de pedirle disculpas. Sí, durante un tiempo pensé que no retomaría ese proyecto. Recién cuando tomé la decisión de que la novela empezara en Santa Fe, la tierra de mi infancia, volví a apasionarme con el trabajo.

- T: En el texto se aborda la trata de personas. ¿Por qué?
- L.B.: El tema de la trata de personas llegó como resultado del desamparo absoluto de Elisa, perdida en un sitio desconocido. La historia fue decantando hacia ese extremo del tormento humano. Pero aprovecho para decir que no me estoy excusando. Desde luego, la trata hubiese podido ser una decisión tomada a priori. El arte debe entrometerse con su tiempo. Eso no implica que sea panfletario ni comercial, ni obsceno. Muchas de las obras que hoy leemos como asépticas tuvieron que ver con el momento histórico que vivieron sus autores. Así como no me excusé por escribir literatura fantástica (cosa que seguiré haciendo), no me excuso por tomar compromiso con la realidad.

- T: ¿Qué le pareció la experiencia de viajar para escribir? ¿Ya lo había hecho con otros textos? ¿Piensa hacerlo nuevamente?
- L.B.: Hoy puedo decir que ya no viajaría con el propósito de escribir, lo cual no implica que, a partir de un viaje, surja una historia. Digo que no sería mi voluntad ir a buscarla. Creo haber aprendido que más que el traslado geográfico importa el traslado vivencial. No es fotografiar a los otros, es honrar a los otros. ¿O no es lo que hice en la Saga de Los Confines?

- T: ¿Qué tiene Elisa de usted?
- L.B.: Varias cosas... El origen santafecino, la relación con los márgenes de la sociedad, el miedo, y las palabras como salvación.

- T: En el libro "juega" con Dios y el Diablo. ¿Cuál es la diferencia para Elisa? ¿Y para vos?
- L.B: Elisa no es más que una víctima de ambos. En cuanto a mí, le presto atención al asunto. Creo que, en términos sociales y colectivos, el bien y el mal se debaten, se muestran los dientes para ver quién puede más. Le llamo dios a los límites que jamás traspondría. Le llamo diablo a lo que está detrás.
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