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miércoles 26 de julio de 2017

Autopsia a las "princesas eternas"

Estas seis poderosas mujeres llevan muertas siglos o milenios pero sus cuerpos momificados permiten a la ciencia descubrir cómo vivieron.

Las momias femeninas no son tan habituales como las masculinas, al no haber ocupado las mujeres la cúspide de la sociedad más que en contadas ocasiones y no haberse beneficiado tampoco, en su paso a la otra vida, de los mismos privilegios, como lo fue tradicionalmente la momificación, que se consideraba un símbolo de estatus. Quizá por eso los ejemplos que existen resultan de un magnetismo indescriptible. Los expertos distinguen entre momias deliberadas, las que los embalsamadores prepararon intencionadamente para su conservación en el tiempo, y momias espontáneas, aquellas a las que determinadas circunstancias ambientales o climáticas preservaron de manera tan accidental como afortunada para la posteridad.

En este reportaje destacamos seis ejemplos de reinas, princesas, sacerdotisas o incluso niñas sagradas a las que la mano del experto o el azar del clima llevaron por caminos muy distintos a un mismo destino: la subsistencia de sus cuerpos durante siglos o milenios. Contemplarlas hoy, casi como fueron en vida, es como tocar el pasado. Encontramos mujeres conservadas para la eternidad en todas las latitudes del planeta. Aunque momias y Egipto sean palabras que van siempre unidas, los egipcios no fueron los primeros de la historia en preservar de esa forma a sus muertos. Ese título habría que atribuírselo a una poco conocida cultura del norte de Chile, los chinchorros, que practicaron la momificación a gran escala –no limitada a los reyes– 5.000 años antes de Cristo. Las féminas de este reportaje tienen en común también el que sus hermosos cuerpos, adorados en vida, proporcionan información de primera mano sobre periodos difíciles de entender por la escasez de pruebas materiales, e incluso sobre civilizaciones perdidas. Es el caso de la Bella de Xiahoe, que podría pertenecer a la enigmática estirpe de los tocarios, habitantes de la actual Región Autónoma Uigur de Sinkiang, en el oeste de China. La aplicación de técnicas de análisis genético o de datación muy precisa de los materiales a sus cuerpos y los objetos que las acompañaban en su tránsito abre un campo muy rico para mejorar el trabajo de los detectives de la historia.

La Doncella de los Andes
Parecería que estuviese viva, pero murió hace quinientos años. En YouTube pueden verse las imágenes de unos científicos con bata y máscaras transportando el cuerpo de una joven de cara, piel y pelo sorprendentemente frescos y tersos. Cualquiera diría que se va a levantar de la camilla donde reposa y salir andando. Fue una doncella inca a la que su pueblo dejó morir en el volcán Lullaillaco, en la frontera entre las provincias de Salta (Argentina) y Antofagasta (Chile), para obtener el favor de los dioses. El sacrificio tuvo lugar en la cima, a 6.739 m , y pudo formar parte de la capac cocha, una ceremonia religiosa anual, o ser consecuencia de una sequía u otro desastre natural que hubiera requerido una ofrenda especial. A la joven, apenas una quinceañera, le dieron hojas de coca y chicha, un aguardiente de maíz, para que se adormeciera. El frío hizo el resto. El final de la Doncella de los Andes estaba sellado hacía tiempo. Su belleza no es casual. Los incas buscaban por todos los pueblos a las jóvenes más atractivas para los sacrificios. Las llamaban aclla y las destinaban a servir en los ritos a los sacerdotes, a los que ayudaban a preparar la chicha. Hasta que llegaba su hora.

En el mismo santuario de la cima del volcán se hallaron dos momias más: la de un niño de siete años sentado mirando hacia el sol naciente con adornos en la cabeza y el pecho; y la de una niña algo más pequeña (cinco o seis años), también sentada, con las piernas flexionadas. Tenía parte del cuerpo y sus vestidos dañados por el impacto de un rayo, por lo que se la conoce como la niña del rayo. El Lullaillaco fue colonizado por los incas en el momento de máxima expansión de su imperio, hacia 1480. El sacrificio debió de realizarse entre esa fecha y su caída a manos de los españoles. La ceremonia de la capac cocha empezaba con la santificación de los niños como hijos del sol. Luego los llevaban a las montañas o apu, consideradas por los incas divinidades vivientes. A la doncella y sus compañeros los drogaron y emborracharon, pero otros cuerpos momificados por los incas recibieron otro trato: a un niño en el Aconcagua lo golpearon en la cabeza y a una niña en el cerro Chuscha la hirieron por la espalda con un objeto punzante.

Lady Dai
En 1971, el Gran Timonel de China Mao Zedong animó a sus ciudadanos a que construyeran refugios antiaéreos para protegerse de un posible ataque de las potencias capitalistas. Mientras cumplían con el mandato en los terrenos de un hospital en Changshá, provincia de Hunan, en el sur del país, los obreros encargados se pararon para fumar un cigarrillo tras excavar un profundo agujero y ver que el firme cedía. Al encender las cerillas, surgieron unas grandes llamas azules que les hicieron gritar asustados: "¡Gui huo!" ("¡Fuego fantasma!"). Cuando el incidente llegó a oídos de los arqueólogos locales, estos se imaginaron el origen del fenómeno: la descomposición de los materiales orgánicos de un antiguo enterramiento produjo gases inflamables. Así que los expertos llevaron a cabo la consiguiente excavación del lugar, conocido como colina de Mawangdui, que dejó al descubierto tres tumbas. Una de ellas, que destacaba por su sofisticada construcción, guardaba el cuerpo de una noble dama perfectamente conservado y envuelto en diez capas de seda. Incluso sus manos estaban cubiertas por delicados mitones. El concienzudo trabajo de los momificadores permitió que su organismo se mantuviera incorrupto durante dos milenios. Tanto es así que las venas aún contienen sangre y los tejidos blandos están intactos. Piel y músculos se han mantenido lo suficientemente flexibles como para que los investigadores que la han estudiado pudieran doblarle los brazos sin que se descompusieran. Una obra maestra del embalsamamiento, difícil de igualar incluso para los egipcios: los féretros de madera de ciprés contenían mercurio, utilizado como agente antibacteriano, y habían sido encapsulados en una gruesa capa de carbón y caolín para aislarlos del exterior.

La tumba data del año 163 a. C., época de los Han, una de las primeras dinastías que gobernaron la China unificada. La mujer enterrada en ella era Xin Zhui, la esposa del marqués de Dai, Li Cang, inhumado en otro de los sepulcros. En el tercero reposaba un hombre mucho más joven, quizá el hijo de ambos o un hermano. A los arqueólogos les sorprendió la enorme cantidad de ricos objetos que se llevó al otro mundo Lady Dai, como ha sido nombrada. Ciertamente era una práctica común, pues sus contemporáneos creían que los bienes materiales eran necesarios para mantener el ritmo de vida en el más allá, algo que pudo comprobarse en la tumba del primer emperador de China, Qin Shi Huang, que se llevó consigo todo un ejército de terracota, los Guerreros de Xi'an. Sin embargo, la dama de Dai no pasaba de ser una aristócrata de provincias, digamos una noble de segunda, pero su riqueza era notable, ya que en el mausoleo se acumulaban más de mil objetos de gran lujo y bella factura, muchos acabados en laca. Había desde cajitas para guardar cosméticos hasta cuencos para beber vino o figuras de madera que, al estilo de los guerreros de terracota, transportaban el espíritu de los servidores de la marquesa: por ejemplo, un conjunto de cinco figuritas representando a sus músicos de cámara. Vida de infarto. Por qué la tumba de Lady Dai era más lujosa que la de su marido es algo que no está claro, pero su excelente conservación ha permitido a los expertos practicarle a esta mujer, milenios después, una revisión ginecológica y una autopsia completa. El diagnóstico es que murió en torno a los cincuenta años a causa de su opulento estilo de vida, ya que tenía todos los síntomas asociados a excesos en la dieta: colesterol alto, hipertensión y diabetes. Quizá tras excederse en un fastuoso banquete, Lady Dai sufrió un infarto. Eso sí, en pocas ocasiones como en esta se podrá decir aquello de "la muerte os sienta tan bien".

La Bella de Xiaohe
En medio de la desolación del desierto de Taklamakán, en el remoto oeste de China y rodeada por intimidantes montañas, se oculta una necrópolis que desciende hasta cinco niveles bajo el suelo. El complejo funerario de Xiaohe comprende unas trescientas tumbas datadas hacia 2000 a. C. Los cuerpos allí enterrados pertenecieron a una extinta sociedad de agricultores y ganaderos que aprendieron a desenvolverse en el árido desierto. Fue un cazador de la zona quien dio con el sitio a principios del siglo XX, pero no se excavó a conciencia hasta el año 2002, ya que el entorno y la lejanía resultaban disuasorios para los arqueólogos. La extrema sequedad y los gélidos inviernos de Taklamakán habían contribuido a preservar algunos cadáveres de la descomposición y los estragos del tiempo. Ninguno estaba mejor conservado que el de la Bella de Xiaohe, una dama que había sido enterrada elegantemente abrigada con un gorro afelpado y unas botas de piel. Su edad, unos 4.000 años, la convierte en la más antigua del elenco de princesas eternas de la arqueología. En la época en que la mujer vivió, el desierto de Taklamakán aún formaba parte de la cuenca del río Tarim, actualmente seco. No está claro el origen de la momia ni del resto de cuerpos hallados, pues la Bella de Xiaohe presenta rasgos más occidentales que orientales.

El caso es que la región de Sinkiang en la que se encuentra está habitada por pueblos de la etnia uigur, de origen túrquico, lo que encaja con el hecho de que los antiguos cuerpos muestren rasgos más europeos que asiáticos. Establecer su árbol genealógico no es sencillo, pero los principales marcadores genéticos –ADN mitocondrial y cromosoma Y– sugieren que las momias descendían de una mezcla previa de poblaciones de Europa Oriental y de Siberia que habrían llegado en su migración hasta estos lugares. Podría tratarse de un personaje relevante del pueblo de los tocarios, uno de los más misteriosos de la Antigüedad. Penes de madera para ellas; vulvas para ellos. Otro hecho que llama la atención es la forma en que están enterradas las momias, bajo barcas vueltas del revés, algo propio de pueblos del norte de Europa, como los vikingos. Pero al margen de su origen, más o menos incierto, la decoración del enclave dice mucho sobre sus preocupaciones: les obsesionaba la fertilidad. En los ataúdes femeninos, incluido el de la Bella, hay falos de madera de tamaño natural, mientras que los de los hombres contienen unos artefactos que al principio se interpretaron como remos, pero que más tarde se descubrió que se acoplaban con los penes, por lo que los expertos concluyeron que eran vulvas simbólicas. De ahí también han deducido que el bosque de palos con que está señalado el cementerio, cada uno de 4 metros de altura, tiene una significación fálica. La presencia de sugerentes faldas de tiras de cuerda en las tumbas femeninas se relaciona asimismo con el culto a la fertilidad de una población que debió de experimentar problemas demográficos que posiblemente contribuyeron a su final.

Nefertiti y Hatsepsut
Sigue el movimiento en la tumba de Tutankamón: este año ha acogido la tercera ronda de escaneado de sus paredes en busca de su pariente Nefertiti, bella entre las bellas. El pasado mes de febrero, expertos del Politécnico de Turín empezaban a examinar con radares de última generación la cámara funeraria más famosa de la historia. Después de que el egiptólogo inglés Nicholas Reeves lanzara en 2015 la hipótesis de que la de Tutankamón no es sino la antesala de una tumba mucho más grande perteneciente a Nefertiti, su colaborador, el experto en radar japonés Hirokatsu Watanabe, hizo pruebas con las que refrendó dicha posibilidad. Sin embargo, las autoridades egipcias quisieron recurrir a una segunda opinión por parte de un equipo norteamericano, que no se mostró de acuerdo con la impresión inicial. Ahora se ha recurrido a otro grupo, el de la Universidad de Turín, para tratar de deshacer este empate técnico que mantiene paralizada cualquier decisión de empezar a tirar paredes y abrir agujeros en tan delicado lugar. Los escáneres utilizados, capaces de penetrar en el suelo a diez metros de profundidad gracias al amplio rango de frecuencias que abarcan –desde los 200 Mhz hasta los 2 Ghz–, pretenden descubrir posibles estructuras subterráneas. Antes de comenzar, los científicos italianos responsables creían que el proceso tardaría semanas. Por el momento se desconoce si han obtenido resultados.

Nefertiti fue la esposa del faraón Akenatón, el monarca hereje que en el siglo XIV a. C. relegó las divinidades tradicionales egipcias en favor del culto por Atón, la deidad representada por el disco solar. Se le considera el primer gobernante monoteísta de la historia. Pero Nefertiti fue mucho más que la mera consorte de este revolucionario rey. Diversas inscripciones y cartas sugieren que, durante la convulsa etapa que siguió a la muerte de Akenatón, ella tomó el timón de Egipto en solitario. Esto, unido a su espectacular belleza, inmortalizada en el busto que se conserva en Berlín, la han convertido en el gran icono actual de la egiptología. Más suerte ha habido con la momia de Hatshepsut, otra reina singular y poderosa del país del Nilo. Sus restos se dieron por perdidos durante todo el siglo XX, hasta que en 2007 pudieron ser identificados entre los que yacían en la tumba de su nodriza, la dama Sitra. Cómo y por qué fue trasladada de la cámara que le correspondía en Tebas a la de su servidora no está nada claro. De lo que sí están convencidos los egiptólogos es de que se trata de ella: un molar encontrado en sus vasos canopos se corresponde exactamente con una raíz de la mandíbula de la momia.

Fuente: Muy Interesante

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