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viernes 08 de julio de 2016

Argentina: un proyecto inconcluso, la postergación indefinida, la eternidad es hoy

Un punto puede servir para insinuar la línea completa, pero no alcanza para indicar cuál será la dirección que esa línea adoptará. Tampoco el punto define cuáles ni cuantas curvas ni ángulos trazará, y menos aún, cuándo y adonde podrá interrumpirse.

El punto sirve para describir el momento y el lugar en el que el hombre comienza a decidir, a diseñar su futuro, a bocetar su destino o, en su defecto, a someterse a los arbitrios del azar. Las opciones son claras.

Elegimos los argentinos como punto de partida Tucumán, Julio de 1816.Declaración de la Independencia. Una proclama consensuada no sin tremendas luchas previas y posteriores disímiles interpretaciones.

Por una cuestión de tiempos, el relato de la historia elimina lo que el poder entiende como matices. Por ejemplo, que aquella declaración tuvo versiones en cuatro idiomas. Castellano, quechua, aymará y guaraní. En la Gazeta de Buenos Aires, primer antecedente del periodismo nacional, aparecía una columna en castellano y su traducción. Excepto en guaraní, que por los conflictos existentes con la gente del litoral, decidieron evitarla.

Sirva esto para desalojar de nuestras mentes la idea de que la censura fue inaugurada recientemente. Ni la censura ni la malversación son nuevas. .

Tomamos como punto de partida una proclama, la firma de un instrumento.

Ese documento original no está. Se perdió. No llegó a destino. Motivo suficiente para dudar de la fidelidad de las copias. Potente argumento y metáfora perfecta de nuestro presente: conducta pendular y cultura de
mantener nuestras sospechas por encima de cualquier certeza.

Nos permite esta categórica afirmación un acontecimiento mínimo, actual.

Un DNU (que no es el acrónimo de documento nacional umbilical sino el de decreto de necesidad y urgencia) derribó la ley 26522 de servicios de comunicación audiovisual. Esa norma que desde esta columna reclamamos, criticamos pero también aportamos contenidos, queda sin efecto.

Indispensable cubrir el vacío legal. Mejorarla y actualizarla es una obligación y una necesidad, tan urgente como devolverle rigor a la palabra.

Así fue como un puñado de interesados, por razones tan diversas como legítimas, aceptamos una importante invitación.

En la facultad de derecho de la Universidad Nacional de Cuyo, se realizaba el Segundo Debate Académico sobre Libertad de Expresión y Convergencia Comunicacional.

El programa ofrecía disertaciones de especialistas y docentes de otras casas de estudio, además de contar con la presencia activa de la máxima autoridad del organismo estatal que entiende sobre la materia.

Aunque no hayamos tenido la suerte de participar (ni siquiera conocer la existencia) del primero de estos debates, resulta alentador escuchar a expertos panelistas y más aún, intercambiar puntos de vista, ideas, mociones.

De eso se trata la democracia y la construcción ciudadana.

El apego a las promesas no es nuestro fuerte. Ni de dirigentes ni de dirigidos.

Lo que debió empezar a la hora 16, se postergó. Sin explicaciones. Una hora y20 minutos. El mismo tiempo que se requiere hoy para recorrer la distancia que separa a Buenos Aires de Mendoza, en avión, obvio.

Los panelistas exhibieron sus ilustradas posiciones y diagnósticos.

Descripciones certeras y no tanto. Luego, quienes ocupábamos el plano inferior del aula magna, pudimos pasar de espectadores a protagonistas activos. Se nos proveyeron unos papelitos para formular preguntas. Así lo hicimos, varios.

Mientras quien presidía la mesa académica respondía uno de los primeros interrogantes, alguien pretendió corregir, a viva voz, lo que se suponía una inexactitud. Por el tono de la interrupción, fácilmente se dedujo que le achacaban intencionalidad al error. No pudieron esperar a que terminase la alocución. No aguantaron que concluyera la respuesta, quizá por ansiedad intelectual o por impulso precoz. Método repudiado por parte de quienes son afectos a las formas.

Quienes formulamos preguntas en prolijos papelitos esperamos dócilmente respuestas. Pero la propia ex legisladora y especialista en comunicación, de modo unilateral e inconsulto, debido a la incomodidad sufrida por una segunda o tercera interrupción, dio por concluido el encuentro. De manera intempestiva. Sin explicación ni contemplación.

Esto que puede leerse como una anécdota, es la más cabal demostración de lo que nos expresa como sociedad. La autoridad jamás es legítima y "el otro" sólo existe siempre que en vez de cumplir su rol, acate acríticamente los caprichos de quien detenta el poder.

La autoridad (ocasional) decide y define hasta el significado de las palabras. El lugar y el tiempo son arbitrio de quien posea el poder.

El título podría decir: el debate no podrá ser. La libertad de expresión era un chiste. Ahora me toca a mí. Tu participación queda suspendida para el próximo bicentenario, y si no te gusta, cambiá de canal.

No hay que desesperarse. Existe un acuerdo. En un concepto absolutamente todos los argentinos estamos de acuerdo, coincidimos sin un atisbo de divergencia: la culpa, siempre, la culpa es del otro.
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