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martes 17 de mayo de 2016

Anhelos y memorias al borde del Paraná

Armada de fuertes verbos y pocas descripciones, la escritora Débora Mundani inaugura con su novela El río la más reciente colección de Ediciones Corregidor. Una autora intimista que promete.

Sin necesidad de ofrecerle al lector grandes descripciones y yendo directo al grano, la más reciente novela de la bonaerense Débora Mundani, El río, es intimista y conmovedora de una manera eficaz y sin golpes bajos. No hacen falta decenas de páginas para conocer a Horacio, el protagonista. En apenas 128 páginas, Mundani nos explica quién es y en quién se convierte tras enterrar a su madre.

Con El río, Mundani inaugura la colección Narrativas al Sur del Río Bravo de Ediciones Corregidor. Pero esta historia no fue escrita para esta colección sino que empezó su camino en 1999, y no fue sino hasta el 2014 cuando fue presentada en el certamen Casa de las Américas de Cuba, que obtuvo reconocimiento.

Con esa mención llamó la atención de esta editorial porteña, que decidió llevarla a las librerías.

En este libro, Mundani relata el viaje que Horacio hace por el Delta del Paraná tratando de cumplir el último deseo de su madre: ser enterrada en su pueblo natal, ubicado en el punto limítrofe entre las provincias de Entre Ríos y Corrientes.

Durante este recorrido, se entremezclan los recuerdos de su madre y la añoranza con la humedad y los habitantes de la zona. Será en este viaje que el protagonista se verá obligado a repasar su historia y repensar su identidad.

Diario UNO entrevistó a Mundani con el objetivo de conocer más acerca de su particular modo de escribir y concebir la literatura.

–¿Qué significa para vos el río y por qué lo elegiste como contexto y protagonista de esta novela?
–Existe una tradición literaria anclada en los ríos, una tradición que excede –por supuesto– la literatura argentina. La vida de las mujeres y hombres que crecen, viven y mueren en los márgenes fluviales siempre me interesó. En el Paraná confluyen, dándole vida, más de veinte ríos. Su cuenca atraviesa cinco países latinoamericanos. La conformación de Argentina como estado nacional, está atravesada por sus aguas. Hablar del Paraná también es hablar de nosotros. La historia íntima de Horacio y su madre tiene, como trasfondo, un capítulo de la historia de nuestro país. De ahí que el epígrafe de la novela sea esa síntesis perfecta que logra Conti: el río es memoria.

–¿Se podría decir que este es un libro espiritual? Porque en cierto modo Horacio no es el mismo cuando empieza el viaje que cuando termina y la memoria de su madre está siempre presente...
–No, para nada, si la referencia a la espiritualidad es la de un nicho del mercado literario donde se reconocen autores que intentan recetas pedagógicas acerca de cómo alcanzar la felicidad, autosuperarse o atravesar grandes pérdidas. Si un libro me lo venden como "espiritual", sospecho. ¿De qué se trata contar una historia si no es a través de la transformación de los personajes? Como vos decís, Horacio no es el mismo después de ese viaje que emprende con el cadáver de su madre para cumplir su deseo y enterrarla en su pueblo natal. ¿Alguien puede seguir siendo el mismo después de darle sepultura a un ser amado? La literatura siempre debe apuntar a movilizar al lector y el espíritu humano es el lugar donde vibramos.

–Leí que habías empezado a escribirla en 1999, ¿te demoró mucho tiempo concluirla? Porque recién en 2014 la mandaste a un concurso en Cuba...
–Comencé la escritura de El río entre el '98 y el '99, y la terminé en el 2002. La misma versión que se publica es la que escribí en aquel momento. Durante todos estos años la novela corrió distintas suertes hasta que en el 2014 la presenté al concurso Casa de las Américas en Cuba y ese impulso del premio me puso en contacto con Ediciones Corregidor. Muchas veces hay que dejar que el tiempo pase para que una novela y su autor encuentren una editorial a su medida.

–Has participado en varios certámenes... "El Río", por ejemplo, fue premiado en Cuba. ¿Fueron los concursos una manera de ser editada o cuál es la motivación detrás de tu participación en ellos?
–En Argentina hay una experiencia compartida de presentación a concursos. Participé en varios y si bien tuve reconocimientos en casi todos ellos, la publicación no vino por ese lado. Por lo general, las editoriales que organizan los concursos publican solo los primeros premios, por lo tanto, vale preguntarse el lugar que tienen las menciones en el campo literario. No es el caso del Fondo Nacional de las Artes que se compromete a promocionar la publicación de las tres novelas (o cuentos, de acuerdo a la categoría a la que uno se presente) seleccionadas. Así fue publicada mi novela Batán, por Bajo la Luna, en el 2012.

–¿Te sentís más a gusto escribiendo cuentos o novelas?
–No sé si es tanto por una cuestión de gusto o por el modo en que armo la historia en mi cabeza que suelo escribir novelas. Antes de ponerme a escribir, tengo que tener alguno de los elementos clave del relato y uno de estos elementos es la estructura. Por lo general, la estructura que pienso es de tiempos largos. El cuento te obliga a ir al grano, la novela te da más tiempo.

–Además de Haroldo Conti, ¿qué otros escritores te influenciaron?
–Enrique Wernicke y Juan Rulfo, junto con Haroldo Conti, fueron los tres autores que acompañaron el proceso de escritura de El río. Por supuesto, Juan L., Horacio Quiroga, Saer y Alfredo Varela estaban presentes pero, de alguna manera, mientras escribía la novela sentía que dialogaba con los tres primeros.

–Estás abocada a la investigación política y las industrias culturales, ¿cómo influencia esto tu escritura o las historias que elegís contar?
–Mi trabajo de escritura convive con el de investigación académica. Aunque quisiera mantenerlos en instancias separadas, la que investiga es la misma que la que escribe, por lo tanto, seguro hay influencias entre un ámbito y otro que se hacen visibles, no tanto en la elección "del tema", sino en el modo de mirar el mundo. Recién en la novela que estoy escribiendo actualmente aparecen puntos de conexión concretos.

–¿En qué estás trabajando actualmente?
–Estoy terminando las correcciones de una novela y en proceso de escritura de otra.
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