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Domingo, 18 de noviembre de 2012

Vindicación e inicio pacificador

Manuel de Paz
Columnista de UNO


Costó, pero llegó. Una semana después de las contundentes marchas del 8 de noviembre y acicateada por las encuestas que le ratificaban no sólo el poder de aquellas movilizaciones, sino el respaldo que lograban en los sondeos posteriores, Cristina salió a proponer –con su estilo– un inicio pacificador con la clase media.

La Presidenta aclaró que ella pertenece a ese sector social y repartió caricias y palos. Ratificó que se trata de una clase “poderosa y emprendedora” pero recordó que en su composición hay sectores que se resisten a comprender “las políticas integradoras y solidarias” de su gobierno para con los más necesitados.

Balanza, se requiere

Los sectores más lúcidos de ese segmento social creen que ese es exactamente el balanceo o la ponderación con que debería manejarse más a menudo la titular del Ejecutivo.

La clase media suele exhibir algunas taras y a veces, suele caer en tilinguerías a la hora de tratar con liviandad ciertos problemas sociales.

Pero ningún mandatario puede desconocer su influencia ni pretender llevársela puesta.

Leña al fuego

Baste recordar que en los días previos a las marchas del 8N el coro de adulones de la Casa Rosada –desde Aníbal Fernández hasta D’Elía– se cansaron de agredir verbalmente a los que iban a ir a las manifestaciones.

Si hubieran sabido que sólo frente a la residencia de Olivos iba a instalarse una marea humana para protestar, se habrían cosido la boca.

Veamos, dijo un ciego

Hagamos un rápido repaso. A fines del siglo XIX la naciente clase media fue parte del basamento de las políticas liberales y modernizadoras de Sarmiento, Mitre o Roca. En el primer cuarto del siglo XX la vimos acompañando el ascenso del radicalismo y aggiornándose al creciente impacto de esa inmigración que cambiaría la composición social argentina.

Puntos negros

Es cierto que pocos años después, en 1930, una buena parte de esa clase le dio plafón al primero de los golpes militares que sembraron de atraso político a parte de los siguientes 50 años.

Es cierto también que el radical Yrigoyen, sobre todo en su segundo mandato presidencial, se había encapsulado y había cortado muchos de los lazos con la clase media, la que empezó a marcarle puntos oscuros de su administración.

Apertura y dique

Durante el peronismo (1946-1955), hubo de todo. La clase media baja ascendió socialmente durante esa etapa, sobre todo con el ingreso de hijos de trabajadores en la escuela secundaria y la universidad.

Y la clase media que ya estaba varios peldaños más arriba, es decir, más consolidada social y económicamente, hizo las veces de dique de contención a la veta autoritaria del peronismo.

Puntos sobre las íes

Tras la caída de Perón en 1955, una parte de la clase media (sobre todo la más intelectual) mostró un rápido desencantamiento con los militares.

A la par, comprendió que si bien el peronismo había hecho tabla rasa con algunos derechos esenciales, como la libertad de expresión, ellos, en su rabia contra el régimen, no habían sabido merituar los avances sociales que había instalado el peronismo.

Pero hay que decir que el peronismo tampoco hizo esfuerzos para tratar de entender las críticas de lo que por entonces era mentada como “la contra”.

Con Arturo

Esa forma de ver las cosas, ese tratar de entender qué era realmente esa cosa llamada peronismo (que a fines de los ’50 estaba proscripto), fue lo que devino en esa nueva visión que se abroquelara tras Frondizi.

Entre los años ’60 y ’70 fue la clase media, a través de muchos de sus intelectuales, la que le dio fuerza mítica al peronismo.

Piedra libre

Pensadores, actores, cantantes, escritores o cineastas salidos de ese sector otorgaron “chapa” a lo que se venía. Y muchos de ellos, sobre todo los sectores juveniles universitarios, pondrían el pecho a muchas de las balas que llegarían.

Alentados por el propio Perón desde Madrid (en uno de esos barquinazos que el General daba sin asco hacia derecha o izquierda, y que no pudo desactivar cuando llegó al país para asumir la tercera presidencia), los montoneros, y los sectores derechistas y gremiales desataron un baño de sangre que aún estamos lamentando.

Entre la gente que asesinó la Triple A en el tercer gobierno constitucional de Perón (y en la esperpéntica continuidad de Isabel), más el que luego fue desaparecido en la dictadura militar, una parte importante la aportó la clase media.

Vientos y ricos

No se equivocó la clase media cuando con el retorno a la democracia eligió mayoritariamente a Alfonsín, espantada del peronismo apolillado que proponían Luder y Herminio Iglesias.

Raramente el juicio a las juntas militares se hubiera realizado en un gobierno del PJ. Y pese a los desaguisados económicos del alfonsinismo, su gestión resistió con éxito los embates subversivos del militarismo residual.

Luego, el apoyo a Menem, que tuvo tantos adherentes en la clase media como en la clase trabajadora y en los ricos, tuvo que ver con los vientos liberales que soplaban en el mundo en ese momento de implosión de los regímenes comunistas.

No fueron los votantes los que se equivocaron con Menem. Fue el menemismo el que transformó la política en una fiesta turra y en un negocio personal, y rebajó el liberalismo a un asunto de billeteras negando la filosofía en la que se nutre la democracia republicana.

Guarda: recuerdo fresco

Fue la clase media la que luego catapultó al necesario progresismo de centroizquierda. La clase media votó bien. Pero la gestión de De la Rúa se hundió entre ineficacias y corrupción.

El resto está fresco. La clase media fue una represa contra posibles locuras tras la caída de De la Rúa. El país no aceptó a un excéntrico como El Adolfo, pero bancó a Duhalde hasta que volvieron las elecciones, en las que dos de los candidatos peronistas (Menem y Kirchner) fueron los más votados. Sólo con el 22% de los sufragios, Néstor fue ungido porque Menem huyó con cobardía del balotaje.

Desde entonces, la clase media ha sido con los K mucho más justa de lo que muchos creen. Ayudó a darles tres presidencias seguidas, pero le puso frenos cada vez que ellos intentaron despistarse.

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