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domingo 26 de junio de 2016

Ya fue

No hay antecedente en la historia judicial argentina como el de estos días, cuando detentadores del poder quedaron involucrados

C aminar por los pasillos de los tribunales de Comodoro Py es como volver a la niñez y subirte al tren fantasma". El que afirma semejante metáfora ante este cronista es un veterano funcionario con más de 25 años de antigüedad en el palacio que nunca obtuvo un cargo jerárquico porque no terminó su carrera de abogado. Pero supo asistir a varios jueces federales desde su escritorio de empleado al punto que uno de los secretarios letrados del tercer piso define al canoso dependiente como juez de hecho: "Muchas sentencias llevan su autoría. Sabe tanto o más que cualquiera de nosotros", agrega.
En el viejo tren de monstruos se pretendía asustar o desequilibrar a los visitantes. El edificio tribunalicio de construcción racional fascista puede con eso y más: genera temor, preocupación y, sobre todo, sorpresa. No hay antecedente en la historia judicial argentina como el de los últimos 10 días de junio en donde 10 procesamientos, imputaciones o aperturas de causas salpicaran e involucraran penalmente a tantos detentadores del poder. Ricardo Jaime, Julio de Vido, Amado Boudou, Ricardo Etchegaray, Aníbal Fernández, Jorge Capitanich, Juan Manuel Abal Medina, la cúpula de la AFA, Lárazo Báez y sus hijos y, claro, Cristina Kirchner y sus vástagos.
Los 12 jueces federales de la Capital Federal han lanzado un operativo "mani pulite" contra la corrupción, atomizado en varios despachos pero con la misma consigna. La Corte Suprema de Justicia que preside Ricardo Lorenzetti fue quien tácitamente los impulsó a hacerlo cuando en una reunión privada con algunos de ellos les dijo sin dudar que era el tiempo de entender que la tolerancia por la corrupción se ubica ahora en cero. "La sociedad los está mirando fuertemente. Algo más que el gobierno cambió el 10 de diciembre", les dijo, palabras más, palabras menos.
Sebastián Casanello aseguró a los empleados de su juzgado que ya tiene probado el lavado del dinero de la causa Báez y que el delito precedente que lo generó ya puede darse por demostrado. El monto es varias veces mayor (no menos de 10) que los 25 millones de dólares que lo denunciado el viernes frente a su despacho del juzgado número 7. El magistrado empezó a jugar con el discurso público que involucra a los hijos del empresario titular del monopolio de la licitación para quebrar el ánimo del detenido. Pero hay que entenderlo: es imposible que sus hijos no supieran de la tenencia de cuentas en el exterior, ya vaciadas de manera escandalosa. ¿Y la ex esposa de Báez? También tendría novedades y su reacción, dicen, sería de enojo hacia los que "hacia arriba" tuvieron que ver con estas operaciones.
Julián Ercolini espera que su par Daniel Rafecas le mande la causa del monasterio abovedado para que José López pase de ser un imputado por enriquecimiento ilícito para quedar encuadrado en la megacausa de la obra pública. Mañana, a primera hora, estará en el despacho de este último juez el expediente que de manera inexplicable retuvo el juez provincial aduciendo que analizaba el tema del arma de Josecito y el presunto soborno a los policías que lo detuvieron. ¿Alguien cercano a Daniel Scioli quiso alargar el proceso para que no llegara a Comodoro Py? También Ercolini decidirá esta semana si abre el secreto fiscal de toda la familia Kirchner (Néstor incluido) para saber si las declaraciones patrimoniales se condicen con la tenencia de sus bienes.
María Romilda Servini de Cubría asestó un mazazo a la AFA y a tres ex jefes de gabinete. Esta magistrada, que suele ser recordada por un caso de censura a Tato Bores (los rosarinos deberíamos hacer memoria de la valentía que tuvo con la nieta de Darwinia Galicchio, una de las primeras jóvenes secuestradas en el proceso) también tiene en la mira al ex vicepresidente y a varios funcionarios.
Por fin, Ariel Lijo empujó a juicio oral a Boudou y descerrajó otro procesamiento sobre Jaime y De Vido. El ex ministro todopoderoso recurrió a un argumento puramente kirchnerista para defenderse sin impudicia. "José López no era mi mano derecha". La misma letra y música de "es sólo gente contando dinero" o "las bóvedas son criptas para sepultar a ancianas monjas". El patetismo propio de ciertos roedores que huyen por tirante.

No deja de ser llamativo cómo la salida del poder desarticuló lo que se presentaba como un proyecto homogéneo de alta política que pretendía ir por todo para lograr la revolución. Un revés electoral terminó con la obediencia debida y todos se niegan con todos. El bloque de diputados del Frente para la Victoria perdió 1 de cada 3 diputados que tenía hace seis meses. Esta semana que se inicia se desangrará con, al menos, 6 más. En el Senado, de los 22 legisladores que defendían a Cristina, apenas si quedan 6. Allí hay caras de militantes serios como Juliana Di Tullio o el mismo Axel Kicillof con quienes, se podrá o no coincidir, pero no se parecen a ladrones o corruptos.

A propósito de creencias y lealtades algunos se lanzan una pregunta que resuena: ¿Por qué habría de creerse en algunos de estos jueces cuando durante mucho tiempo miraron para otro lado? La duda no deja de ser legítima pero encierra en una trampa. El derecho, la ley, no es una cuestión de creencia. No hay acto de fe que no se discute. Es un análisis racional y razonable del apego a las normas. Los delitos son conceptos formales muy específicos. Ante la posible aparición de una ola de sanciones a los que se robaron una buena parte del país (no hay metáfora) hay que estar preocupados por la aplicación de la ley con el debido proceso, del aporte de pruebas concretas que demuestren el latrocinio y de las aplicación rápida y justa de sanciones que posibiliten recuperar lo robado.

No es momento de hacer análisis retrospectivos propios de quien se va a confesar a una Iglesia sino de exigir que ahora apliquen las normas. ¿Eso no entraña el riesgo de justificar el medio por un fin deseado? Claro que hay límites. Norberto Oyarbide fue uno. Y está muy bien que no pertenezca más al poder judicial. Al resto, debido proceso, celeridad y la respiración social cerca de sus despachos para no permitir más dilaciones.

La ex presidente Kirchner demuestra cuán preocupada está con la emisión de posts de Facebook iracundos, como si se hubiera olvidado de su inveterada práctica de hablar públicamente de todo y de todos mientras detentaba el poder y hubiera mutado a una costumbre de comunicación propia de los adolescentes. Habla de persecución político y de jueces que fuerzan la ley. ¿De qué jueces se agravia? ¿De los mismos que su administración apretaba por teléfono o los rodeaba de funcionarios de la Cámpora para que los galvanizaran? Raro. Y persecución, claro que la hay: persecución penal como cuando hace 120 años se sancionó el código de delitos que castiga el incumplimiento de los deberes, las negociaciones incompatibles o los enriquecimientos de los funcionarios. Le cuesta entenderlo y a muchos de sus seguidores. Pero la ley sí es eterna en su igualdad con todos. No el deseo de permanencia perenne en cargos públicos.

Se acusa, por fin, a los medios de negar la durísima realidad económica y social del país a través de esta "cortina" de procesamientos e imputaciones contra la anterior administración. A no confundirse. Los ciudadanos y periodistas de buena fe podemos mirar y analizar dos cosas contradictorias al mismo tiempo sin que por hacerlo seamos considerados traidores o destituyentes. Claro que la inflación es devastadora, el enfriamiento de la economía está siendo aplicado, el temor por el trabajo y la realidad de la exclusión, los Panamá Papers y Calcaterra existen en estos días. Pero el delito o el error del opositor político no extinguen el propio. Y, de paso, son incomparables: la caricatura de un señor arrojando bolsos de dinero por sobre las ligustrinas de un convento da idea de la grosería e impunidad de una gestión.

No nos está impedido contar los dos fenómenos. Eso, el no poder soportar más que un único relato, fue derrotado en las elecciones del año pasado. Ya fue.
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