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jueves 05 de enero de 2017

Ya empezamos. ¿¡ya empezamos!? En enero no pasa nada


Enero tiene un aspecto singular. Para algunos es una especie de avant premiere del nuevo año. Sabemos que el estreno es inevitable y aunque la taquilla permanezca cerrada, las entradas ya están a la venta.

Para que el gran público ingrese a la sala falta un tiempo, pero no se apresuran porque tienen la sensación de que a esta película ya la han visto.

Hay palabras que se parecen a los budines. Siempre están pero sólo se desperezan y aparecen en el brindis de fin de año. Desde tiempos inmemoriales se pronuncia como eslogan aquello de "próspero" año nuevo.

Próspero. Un lindo augurio, pero bastante esquivo. Al menos en el debut de este 2017 no califica como cierto en el plano de la economía hogareña.

A falta de abundancia, creatividad. Ese podría ser el título.

Cuando la agenda noticiosa insiste en mostrar la crueldad de algunos números, aparece en tapa de diario pequeño un gran título. Extendido a seis columnas, tipografía catástrofe dice: es inminente el proyecto que reduce la edad de los jóvenes para que puedan ser imputados, procesados y condenados.

Contundente propuesta. Nos olvidamos del 5% de devolución del Iva; asumimos que la caída en las ventas minoristas es un dato pasajero, que la suba de los combustibles ayuda a descontaminar y que la temperatura ambiente empata con la emocional. Todo en equilibrio.

Suena tan simple y parece tan obvio como el feliz cumpleaños. El problema de la delincuencia infantil y los actos de violencia incontrolable de algunos chicos se resuelve modificando un código, justamente frente a una sociedad que ha ido perdiendo hasta los mínimos códigos. Cuánta similitud con la magia.

Unicef lo acepta, expertos en criminalidad lo recomiendan, otros sostienen la inconveniencia y los legos en materia jurídica estamos incapacitados para abrir juicio. De acuerdo.

En el ranking de preocupaciones nacionales la inseguridad lidera la competencia, por lo cual, pronunciarse en favor de poder sancionar a los pibes que delinquen, rinde en política. Esto es lo que seguramente los analistas políticos indican.

No estaría de más que esos asesores de nutritivos honorarios también señalen a sus pagadores de sueldos que las tasas de homicidio más altas no responden a la teoría de una política punitiva para adolescentes.

El país que ostenta el primer puesto en índice de homicidios en el mundo es Honduras. En Honduras la edad es inclusive más baja. Los chicos de 12 años pueden y son condenados. Si acaso fuesen variables asociadas, podríamos conjeturar que subir la edad sería más beneficioso que bajarla, pero la aritmética y la sociedad tienen demasiadas cuentas pendientes como para hacerlas coincidir.

Quisiera atribuirle al azar lo que ocurre en política, pero los antecedentes lo impiden. Hay 20 proyectos del mismo tenor y, vaya coincidencia, el primero cumple 20 años.

Esto significa que ni Brian, el pibe asesinado que reinstaló la sensibilidad, ni el adolescente asesino habían nacido cuando ya malgastaban tiempo legislativo y tinta en títulos de diarios para luego cajonear iniciativas.

Como cabal demostración de que de ninguna manera es mi intención impedir la prosperidad de este 2017, inauguro la columna recordando que este año podremos votar. Sí, libremente y con entusiasmo podremos votar.

No podría garantizarlo pero abrigo la esperanza. Si ponemos un poco más de pensamiento y esfuerzo, este año, quizás, además de votar, podremos elegir.

Prometen que pagando la entrada y asistiendo la primera noche, vamos a poder votar inclusive el cargo de reina nacional de la Vendimia.

Sabemos que 300 personas tendrán esa oportunidad. Sabemos que 300 entre 20 mil tiene un índice de probabilidad un tanto escaso. Afortunadamente también sabemos que los reyes magos andan cerca.

Es cuestión de lustrar los zapatos y aprovechar la feria judicial. Total en enero, no pasa nada.

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