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domingo 27 de noviembre de 2016

¿Y, arranca... o no arranca?

En general, el Gobierno nacional toma las cosas con exagerado optimismo, que no calza en un país con demasiados nudos, barreras y situaciones burocráticas y torpes. Lo mejor es la prudencia

Se equivocaron quienes habían estimado que la economía había tocado fondo. Según los datos oficiales del INDEC, la actividad económica se contrajo 3,7% en setiembre, contra el mismo mes de 2015. De esta manera la economía sigue sin repuntar. La caída de setiembre es la novena consecutiva en el año y la tercera más fuerte luego de julio (5,6%) y junio (4,5%).

Los datos negativos son producto de una caída generalizada en todos los rubros de la economía, entre los que se destacan la industria, la construcción y el consumo doméstico.

Pero el dato que confirma la degradación económica lo da la comparación entre setiembre y agosto. Allí se ve el salto en la caída de la actividad, lo que evidencia el aborto de la incipiente recuperación que se había visto a mediados de año.

En general, el Gobierno toma las cosas con exagerado optimismo, que no calza en un país con demasiados nudos, barreras y situaciones burocráticas y torpes. El gran problema del voluntarismo, que también es una acción de contenido político, es que puede transformar todo en fantasía. Si fracasa, el estruendo es mayor. Por eso lo mejor sea la prudencia, superar las trabas, hablar de los hechos con realismo.

Las explicaciones que presenta el Gobierno ante el estado de la economía son todas atendibles. Está claro que la administración Macri recibió un desastre económico, social y cultural de la era K. Se sabía de siempre y era obvio. Aburre reiterarlo y además sería ocupar el valioso tiempo de los lectores en noticias viejas.

También está claro que por motivos diversos que responden a comprensibles argumentos, el Presidente eligió evitar los conflictos al asumir su mandato y optar por el gradualismo, sobre todo en materia de ajuste económico.

Es por eso que en los últimos días el Gobierno comenzó a girar en su visión sobre las medidas de fin de año : "Pondremos todas las fichas para alentar el consumo", suele decir el ministro de la Producción, Francisco Cabrera. Pero las fichas esenciales deberán pasar porque en 2017 la suba de los sueldos le gane a la del dólar y a la inflación.

En otras áreas del Gobierno no se piensa lo mismo y por eso avanzan en rebaja de Ganancias para el aguinaldo, bonos de fin de año para atender a los sectores más necesitados y, también para los trabajadores sindicalizados.

En Hacienda hacen las cuentas sobre los fondos que dejará el blanqueo y respecto de los impuestos que recaudarán con las nuevas inversiones pero, entre tanto, la política manda y bajar el gasto público está hoy lejos de aparecer en la agenda prioritaria.

La administración macrista debía saber que nacía con pecado de origen: el hijo de un millonario llegaba al poder rodeado del establishment y poniendo en los cargos más encumbrados a ex CEO de grandes empresas.Debía dar señales claras a amplios sectores sociales, con gran poder de movilización, de que se buscaba un cambio en serio.

Pero las primeras medidas adoptadas por Macri beneficiaron a sectores tradicionalmente ligados al poder económico, como los grandes holdings agropecuarios, a los que se les eliminaron buena parte de las retenciones. También a rubros siempre en la mira, como la minería, y al sistema financiero, que vio renacer el negocio de la colocación de deuda.

Estas señales poco hicieron para reconciliar al macrismo con la mitad de la sociedad que no lo votó en las últimas presidenciales.

Hoy se empieza a debatir si el Gobierno, por haber querido evitar una crisis política de arranque, no terminará alimentando una crisis económica en el mediano plazo. Particularmente con este ritmo de crecimiento del déficit y una economía que no arranca, precisamente por el desajuste creciente que se heredó y se supo mantener y agigantar, que obliga a una agobiante presión impositiva y monetaria contra los que trabajan, invierten y producen. Con efectos complejos para la reactivación y la inversión, como el creciente atraso cambiario porque sigue la inflación alta, y se deprime el tipo de cambio por la necesidad permanente de financiar súper déficit con ingreso de dólares financieros.

Aún para los optimistas que pronostican una economía mejor en 2017 y un Gobierno ganando las elecciones, los números no cierran. Muchos empiezan a preguntase si tarde o temprano no se verá obligado el Gobierno a profundizar el ajuste una vez que pasen las elecciones. No cabe duda de que el debate creciente el año próximo, sobre todo al calor de los oportunismos electorales, será respecto de si habrá o no una nueva devaluación después de octubre. Lo mismo que se discutía en 2010/2011, con el dólar barato de Cristina y Mercedes Marcó de Pont, regalando reservas a $4. Nadie supone que Mauricio Macri optaría por cepos o controles de cambios.
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