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lunes 29 de agosto de 2016

Vamos derecho a reclamar derechos monumentales

Probablemente resulte frustrante para nuestra devoción umbilical, pero necesario poner de relieve: no hemos inventado tantas cosas como solemos describir. No somos los creadores de la antinomia, ni los descubridores de la grieta.

Tampoco la corrupción es patrimonio distintivo de nuestro país ni asunto inaugural de estas épocas y por mucho que se insista, la conflictividad política y la áspera relación entre las facciones llevadas a un territorio irreconciliable, es tan antigua como la vocación de tener razón, siempre.

Imposible exhibir pro hombres inmaculados, aunque sí sea obligación soberana, como la de cualquier pueblo y sociedad, para elaborar una historia que sirva de orientación moral, simular defectos y atenuar confrontaciones con sus congéneres que también dejaron sus huellas.

Aunque no obre en el expediente, sirve como excusa la recordación obligada de estas fechas. Hoy Juan Bautista Alberdi, en unos días Domingo Faustino Sarmiento.

Ayer, dos adversarios contumaces, que sólo pudieron acordar algo en circunstancias en las que los unía el odio por otro discutido personaje, prócer, figura inevitable de nuestra sinuosa historia: Ortiz de Rosas, sí, aquél receptor del sable curvo del Gran Capitán y a quien suelen recordar como el merecedor de la patente de invención del dulce de leche.

En definitiva, la única posibilidad para erigir un monumento sólido, de importante tamaño y construido con material casi inalterable, exige trabajar sobre el olvido –al menos del detalle- y conduce a la irreverencia, a la imprecisión de los hechos.

Aprender a esculpir estatuas en las que se acentúa todo rasgo sobresaliente y se cincelan los aspectos menos favorables, es tarea de aquellos que entienden que la historia no puede ser una interminable discusión deliberativa.

Aunque pueda sonar banal y relativista. Por más que nos propicie un gusto extraño y a veces desagradable, para sentar las bases de la sociedad y afrontar el reto de permanecer unidos, las diferencias menos profundas y los conflictos sutiles, necesitan omitirse.

Quizá el punto de partida implique el mayor de los desafíos. La historia insinúa que para construirla, es requisito esquivar la rigurosidad intransigente del dogma, y obliga a comprender que las virtudes del hombre, tanto como él, carecen de eternidad. Lo único que muestra su carácter infinito es la reiteración cíclica de los sucesos. Cambios que nos retornan al lugar de inicio.

Así las cosas hoy, momento en el que las encuestas y los dirigentes políticos más encumbrados coinciden en señalar que la máxima preocupación es la educación, la educación se las ingenia para evitar esos pronunciamientos.

Ni formación docente, ni investigación pedagógica. Tampoco las carreras duras ni las de aspectos técnicos. La demanda más gravitante y la matrícula más nutrida es la de abogados. A propósito, felicidades.

Y tiene una explicación contundente. Con las consabidas imperfecciones (en algunos casos al por mayor) desde la recuperación democrática en Argentina, con sus 33 años de existencia, todos sus presidentes excepto el actual, han sido abogados.

Si en verdad está en el propósito de los dirigentes mejorar los estándares de formación y además desalentar que las universidades se atiborren de jóvenes que aspiran ser defensores y querellantes, jueces y fiscales, no es ocioso que comiencen a simplificar el entramado legislativo y abrevien la distancia entre sabedores y legos.

Si acaso para esto también consideran indispensable sancionar otra ley, dejémoslo así.

Seguir fomentando la creación de leyes, normas, reglas y códigos de aplicación nula, cuya única consecuencia sea la justificación de dietas que engordan y fallos que fallan , es más desalentador que enterarnos hoy, que Alberdi, quien dictó las bases de la constitución nacional y también la provincial, justificó hasta el hartazgo a través de la prensa los contundentes desatinos de Urquiza. Sostenía que ponerlos a la luz, lesionaba la gestión y ponía en riesgo la continuidad de quién había doblegado a Rosas.

¿Suena contemporáneo?. Si acaso resulta ofensivo esto que expreso, hable con mi abogado, nos veremos en tribunales.

abogados


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