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domingo 20 de agosto de 2017

Un país "más normal" que beneficia a Mendoza

Vigor ciudadano. Las urnas demostraron más sentido común que la política. Hubo un apoyo crítico para evitar otro salto al vacío

La Argentina no logra ingresar, todavía, en la senda "normal" de las democracias establecidas, de las sociedades institucionalmente sólidas.

Por ende, en cada elección, por episódica que sea, pareciera jugarse su destino a suerte y verdad.
Toda la suerte jugada a una sola bola en el casino de la política. En la timba de la vida.
País timbero el que hemos venido construyendo desde 1983.

Esa carga emotiva es la que intenta transmitir, cuando menos, cada fuerza política al momento de encarar su campaña electoral.

La ciudadanía argentina, afortunadamente, está dejando de caer en la trampa. Se ha ido vacunando a la fuerza contra el verso histérico del catastrofismo.

A fuerza de decepciones. De obligados baños de realismo.

Se ha inoculado, inclusive, anticuerpos más fuertes que buena parte de los comunicadores estrella, tan dados a fabulaciones y exageraciones propias de la clase política a la que deberían monitorear con mayor rigor, con mayor distancia emotiva.

Las PASO del domingo pasado fueron una lección de sentido común. Por parte del soberano.

Un rechazo al salto al vacío
"Estas PASO vituperadas y mal queridas podrían estar alumbrando un país, como algunos gustan decir, normal", escribió el politólogo Andrés Malamud.

Una de las normalizaciones que se avizoran es que el actual Gobierno nacional pueda llegar al final de su mandato como corresponde.

Algo que no ocurre desde hace 90 años para cualquier presidente que no haya sido militar o peronista.

Sea por virtud de las PASO –lo cual es discutible– o de la misma sociedad, lo cierto es que uno de los primeros discursos que resultó derrotado el domingo fue el que enarbola la facción del helicóptero.
La misma que se empeña, contra viento y marea, en hacer de Mauricio Macri otro Fernando de la Rúa.

Esa facción ponzoñosa habría festejado si el lunes el país hubiese amanecido bajo una cruel incertidumbre, con corrida cambiaria y con la soga al cuello por los vencimientos financieros.

No pasó.

Por decisión de la gente.

El voto popular demostró estar hasta la coronilla de saltos al vacío.

Lo cual no se traduce, necesariamente, en amor incondicional por sus gobernantes.

Les ha dado un plazo. Otro más.

Pero es un apoyo crítico.

Bueno también para Mendoza
La tranquilización de la plaza nacional resultó igualmente beneficiosa para la provincia.

La necesidad de cerrar algunas inversiones provenientes del extranjero es perentoria. Como, por ejemplo, en el rubro de las energías renovables, donde Mendoza está haciendo continuados esfuerzos.

Allí convergen capitales que deben atisbar un horizonte de diez o veinte años. Y requieren, por lo tanto, de seguridad jurídica. "Pues bien, ese marco amplio de seguridad y previsibilidad sólo lo puede garantizar la Nación, no la Provincia", remarca un primerísimo interesado, el múltiple ministro Martín Kerchner.

Se está trabajando en varios frentes.

Uno que produjo alentadores resultados en las últimas horas fue la reunión en Chile por los pasos internacionales. Funcionó, en realidad, la doble presión sobre los ministros de ambos países, el argentino Guillermo Dietrich (Transporte) y el chileno Alberto Undurraga (Obras Públicas).

Hay vía libre, por fin, para que empiece a estudiarse en serio la factibilidad del túnel del Paso Las Leñas, en San Rafael, incluyendo la finalización del proyecto de la ruta 220.

Se perdieron, increíblemente, ocho valiosos años, tragados por un proyecto menos razonable, menos práctico, como el de Agua Negra, debido a caprichos de la politiquería.

Y en los próximos días se llamará a licitación, aquí en la provincia, para la llamada Variante Palmira.
Es la patada inicial de los 800 millones de pesos que están destinados para el sistema Cristo Redentor.

Entre otras tantas cosas.

Ganadores locales
Si el país tiende a "normalizarse", Mendoza reafirmó su senda de prudente institucionalidad.

Los "ganadores" del domingo son una cabal muestra de esta vara local.

En primer lugar, el gobierno que lidera Alfredo Cornejo fue avalado por la mayoría electoral, pero con un toque de atención. Una leve merma en la cosecha lo obliga a poner las barbas en remojo.

En el peronismo se impuso el candidato más lógico, Omar Félix, dirigente juicioso y atemperado si los hay, como abanderado de los cinco intendentes de su partido. Tampoco tuvo una cosecha que le permita tirar manteca al techo, pero lo dejó al PJ con margen competitivo. Tener que intercalar en sus listas a miembros del camporismo es otro llamado de atención.

Una advertencia más dura incluso recibió la izquierda que encabeza Noelia Barbeito. Su encanto protestón luce estancado y deberá sacar el doble de votos si quiere mantener su banca en el Congreso.

Finalmente, la sorpresa que dio José Ramón con el sello del Partido Intransigente, pero bajo el paraguas de la ONG Protectora, es otra muestra de que la sociedad civil exige caminos no tradicionales para defender sus derechos.

La política no se resigna a bajarse de sus fiebres y de sus delirios. Como patentizó el Concejo Deliberante de Santa Rosa disponiendo, con mayoría peronista, que sean hereditarios los cargos de planta.

Causó estupor mundial la boutade. La fenomenal chantada.

El ciudadano, al ganar en protagonismo, la va poniendo, paulatinamente, en su sitio.

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