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domingo 14 de agosto de 2016

Un juego de tronos en la Patagonia

Un abogado francés quiso ser rey de la Araucanía y la Patagonia en el siglo XIX. Sus herederos no han renunciado al sueño americano de un estado franco-mapuche.

Un abogado francés un día se levantó en su habitación de Valparaíso con ganas de ser rey, cogió sus pertenencias, se despidió de su amante y fue a la Araucanía, tierra de mapuches, de donde poco tiempo después se proclamó soberano. Su intención era crear un reino que representara a todos los indígenas de la región. Este reino realmente nunca existió, ningún Estado extranjero reconoció su legitimidad y quedó enterrado entre las memorias de la guerra de Chile por su independencia.

¿Quién era el abogado francés que quiso ser rey?

Orélie Antoine de Tounens era hijo de campesinos franceses de Dordoña. Fue procurador del tribunal de primera instancia en la capital de Dordoña, Périgueux, y en 1854 entró entró en la masonería y empezó a leer libros de viajes que le inspiraron la idea de reunir las repúblicas hispanoamericanas bajo el nombre de una confederanción monárquica.

Cuando llegó a Chile (1858) se dedicó a aprender español y relacionarse con las logias masónicas. Después de analizar el territorio y los lugares por donde podría empezar su monarquía constitucional indígena, se fijo en la Araucanía.

¿Por qué en la Araucanía?

Al principio de la colonización española de este territorio ya hubo problemas con los mapuches. En 1641 fue el Parlamento de Quilín entre españoles y mapuches, poniendo fin a la Guerra del Arauco (1538-1818). Este tratado reconoció la independencia de la Araucanía de la Capitanía General de Chile.

Durante la guerra de independencia de Chile ((1810) la mayoría de los mapuches apoyaron al imperio por los beneficios comerciales y durante la república posterior se hizo un parlamento con los mapuches para regular las relaciones con el incipiente estado chileno.

En esta situación de inestabilidad es cuando hace su entrada triunfal Orélie Antoine de Tounens. En 1861 consiguió convencer a los líderes mapuches de su proyecto idealista de comunidad indígena y se autoproclamó Rey de la Araucanía y la Patagonia, haciéndose llamar a partir de ese momento «Orélie Antoine I, por la gracia de Dios y la voluntad de los indios del extremo sur del continente americano, rey de Araucanía y Patagonia», y llamó a su reino «Nueva Francia». El gobierno chileno decidió declararle demente, encerrarlo y deportarlo a Francia en 1862.

Una vez en Europa no se olvidó de su reino americano, y buscó apoyos para regresar. En 1869 volvió a Chile, pero se encontró a los mapuches debilitados e incapaces de darle apoyos por la colonización del gobierno en la zona. Tras otros dos intentos fallidos de volver, decidió establecer su corte en un piso en París, concendiendo títulos a quienes sufragaran su vida en el exilio, aunque tuvo que limitarse a trabajar como farolero y vivir con su sobrino carnicero.

Buscando una reina que le diese un heredero, colocó un anuncio en busca de «una doncella que esté dispuesta a compartir el destino», pero no tuvo suerte y fue objeto de burlas. Acabó nombrando como sucesor a un mercader de Champaña que gobernó como el rey Achille I. El poder fue transferido cuatro veces más en los siguientes años hasta llegar a la actual controversia.
Los herederos del sueño Americano de Orélie Antoine I

La sucesión de este reino ambiguo, reino sin territorio, continúa viva y ha tenido varios representantes. La casa real ha sido apoyada y sustentada por nobles, consejeros y miembros del gabinete hasta hoy en día, sin pretender un territorio. Los miembros de la corte se encuentran periódicamente para celebrar la proclamación del primer rey y promover los derechos indios y conceder reconocimientos y medallas que son considerados importantes por sus miembros.

En la página oficial del Reino de la Araucanía y la Patagonia en el exilio, se explica la situación de sus herederos en el exilio, que «nunca han renunciado a sus derechos».

El problema sucesorio

En enero del 2014 murió el líder del reino, Philippe Boiry, tras 62 años de reinar como el príncipe Philippe, lo que inició el juego de tronos. Jean-Michel Parasiliti di Para o Antoine IV, veterano de guerra e historiador de las civilizaciones de 73 años, es el Príncipe nombrado por el consejo especial, pero no todos los miembros del reino están de acuerdo con su elección. Los caballeros iniciaron una revuelta para instalar en el trono al hijo de uno de ellos, Stanislas Parvulesco, de 20 años, que se hace llamar Stanislas I. Hay un página web en la que los seguidores de Stanislas I pueden ver sus reflexiones y un blog «oficial» de los seguidores de Stanislas.

«Es un niño al que le gustan los títulos y las medallas, y él quería que le diesen un título y una medalla», dijo Parasiliti en referencia a Parvulesco. Con lo que la controversia está servida y hay una gran división en el reino, aunque Parasiliti tiene las de ganar, pues tiene más seguidores.

Hay sedes del activismo araucano en lugares insospechados, como en Bryn Athyn, Pensilvania donde está la sede central de Norteamérica (282 miembros).









Fuente: abc.es

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