A Fondo A Fondo
domingo 13 de noviembre de 2016

Trump, el bodeguero

No hay que subestimar al presidente electo. En el poder no hará cosas extremas y seguramente tampoco pondrá aranceles al vino

El nuevo escenario político de los Estados Unidos marca un nuevo escenario económico para la Argentina. Los industriales festejan porque esperan proteccionismo y medidas contra China, pero el endeudamiento puede ser mayor con consecuencias sombrías a mediano plazo.

Sin embargo, el efecto Trump no debería hacernos mirar para otro lado ni relajarnos con temas de nuestra agenda interna. Argentina necesita ocuparse de sus deberes, con o sin Trump.

Puesto a analizar el fenómeno, el propio gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo puso en contexto el triunfo de Trump y dijo que no hay que hacer conjeturas rápidas ni lineales: "Hay un estancamiento de la productividad en el mundo. De hecho, Estados Unidos tiene el mismo salario promedio de los últimos 20 años, que se ha mantenido quieto, y eso es lo que hace que el pueblo norteamericano vote disconforme, antes con Obama y ahora con Trump".

Hay un descontento en la principal potencia económica del mundo porque los sueldos están planchados desde hace años, como consecuencia de que no repunta la productividad. Este cuadro de situación, que se replica en varios países del mundo, también es conocido en Argentina. Nuestro país registró un repunte económico, apalancándose en el consumo, lo cual derivó en la generación de otros problemas como la inflación y su impacto en el salario.

Otro enfoque interesante de Cornejo sobre el nuevo tablero en Estados Unidos tiene que ver con nuestros vinos. "Si hay mercado en Estados Unidos para vinos de alta gama, no nos van a prohibir de la noche a la mañana si Argentina exhibe calidad, producto y precio. No hay proteccionismos tontos, y menos de Estados Unidos, son políticas que buscan alentar ciertas industrias. No diría que el triunfo de Trump nos va a perjudicar de forma rotunda e inminente. Desde luego, que Argentina y Mendoza tienen que mejorar sus organizaciones, optimizar los recursos y ser más competitivos", señaló.

Puede no ser tan malo
Mucho se habló sobre la incertidumbre que generan las políticas económica y exterior de Trump y sus promesas de proteccionismo extremo.

El futuro gobierno de Donald Trump, que promete proteccionismo extremo, es una mala noticia para China, pero quizá no necesariamente para Mendoza. El tiempo dirá.

José Ortega Fournier, inversor español con bodega en Mendoza hace ya varios años, conoce de cerca del tema, porque la mitad de su vida vivió en Estados Unidos. "Muchos cometen un error al subestimar a Trump. En el poder no hará cosas extremas, tampoco pondrá aranceles para el vino porque Estados Unidos necesita volumen. El peligro no es Trump sino que el consumidor de EE.UU. se canse del Malbec", pronostica. Y agrega un dato, como para ponerle todavía más color al personaje: "Trump es bodeguero en el estado de Virginia". Allí tiene viñas y la bodega Trump Winery, administrada por su hijo Eric.

Por el momento, en la industria vitivinícola local están tranquilos. "Creo que el vino no será afectado por esta política. EE.UU. es un gran productor de vinos, el cuarto a nivel mundial, y se trata de un mercado diverso, donde apenas un tercio del vino que circula en ese país proviene de otros lugares del mundo", opina José Pepe Zuccardi, de bodega Familia Zuccardi.

Y agrega: "El consumidor norteamericano está acostumbrado a esa diversidad y no significa la importación de vinos un problema para la economía norteamericana o un límite a su crecimiento porque, en realidad, es una plaza que está creciendo y con mucho potencial".

Zuccardi concluye: "Creo que la vitivinicultura argentina tiene temas más urgentes de qué ocuparse, por caso su propia competitividad, más que inquietarse con lo que pueda hacer Donald Trump". Clarito y contundente: atender los desafíos internos, inflación, competitividad, productividad, tipo de cambio, costos, impuestos, permitirá salir al mundo en mejores condiciones para competir y posicionarnos.

El mundo es un partido donde gana el que es más competitivo. Esto abarca desde el tipo de cambio hasta las relaciones laborales, pasando incluso por las técnicas que se utilizan para el cultivo. Los precios en la economía mundial no crecen hacia el infinito. Tienen límites y se compite con países que son muy aguerridos para mostrar sus productos. Y esto se da, con mayor claridad, en el caso del vino, considerado un producto icónico para exhibir la identidad de un país.

La recuperación rápida de algunos mercados después de las caídas, los acercamientos al diálogo de muchos de los que se manifestaron en su contra -incluido el gobierno argentino-, y el discurso atenuado de Trump en los festejos post victoria en las urnas son, sin embargo, señales positivas de normalidad.

Habrá que esperar al 20 de enero, cuando ingrese al Salón Oval como presidente, para comprobar si lleva o no adelante sus promesas más extremas. Lo que parece casi seguro es que tratará de borrar la era Obama a pura firma de decretos. ¿Será un progresista entonces si Obama fue conservador? Seguramente no.

Sus medidas proteccionistas, festejadas por el sector industrial argentino, elevarán por otro lado las tasas de interés de los préstamos que Argentina tome para pasar 2017 -año eleccionario- sin achicar el gasto y realizar el ajuste fiscal.

Tal vez no haya que dramatizar. La burocracia norteamericana racionalizará los excesos de Trump, sin reparar en si se expresa a sí mismo o representa al hombre actual. Mientras tanto, los progresistas, en lugar de gemir, podrían preguntarse qué hicieron para evitar que llegara a la cima. Las principales razones de su éxito tienen que ver con la injusticia.
Fuente:

Dejanos tu comentario

Más Leídas