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domingo 17 de abril de 2016

"Si redoblamos esfuerzos, estamos en camino de controlar la epidemia de VIH"

Una "eminencia", según el diccionario de la RAE, es una persona que sobresale en alguna actividad y se destaca por sus méritos o sus conocimientos. En este caso, la descripción le sentaría muy bien a Alberto Stella, médico epidemiólogo e infectólogo, director de Onusida para el Cono Sur (Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay).

Más de 20 años de experiencia en trabajos de cooperación internacional lo han llevado de África a Europa y otra vez a Latinoamérica, donde desde hace 11 años coordina las actividades, propuestas y convenios que la ONU realiza para prevenir y mejorar el estándar de vida de la población que vive con VIH en el Sur del mundo.

Sin embargo, Stella está lejos de comportarse como tal. Más bien es un médico desestructurado, distendido y un gran facilitador de la información que cumple en difundir adonde quiera que concurra.
En esta oportunidad, vino a Mendoza a firmar "el acuerdo de París" con los municipios de Capital y Las Heras y dialogó con Diario UNO acerca de la situación actual y los desafíos futuros que plantea la enfermedad del VIH.

–¿Cuáles son los planteos actuales con respecto al VIH?
–En primer lugar, tenemos que decir que la ciencia nos plantea nuevos paradigmas con respecto a la enfermedad. Hoy entendemos algo que sospechábamos, y es que el inicio de la terapia antiretroviral inmediato, independientemente del momento de la infección, es altamente beneficioso para la persona que viene con VIH. Pero además, si yo tengo VIH y está controlado, y mi carga viral es indetectable, no tengo posibilidad de transmitirlo. El tratamiento es aliado de la prevención.

–Es decir, se ha adelantado muchísimo en cuanto a abordajes y tratamientos...
–En realidad, quedan muchos desafíos por delante. Estamos obligados a repensar las respuestas, en momento de inflexión: si en los próximos cinco años redoblamos los esfuerzos podemos encaminarnos hacia el control de la epidemia, el VIH seguirá existiendo, pero no tendrá la carga social y económica actual.

–¿Qué hace falta para que esto ocurra?
–Sin dudas una inversión económica fuerte. Las metas que se plantea el mundo se resumen en la cifra 90-90-90. Necesitamos que el 90 % de las personas infectadas con VIH conozcan su diagnóstico, el 90% de estas que conocen su diagnóstico estén en tratamiento y el 90% de los que están en tratamiento, tengan la carga viral indetectable. Es decir, la infección perfectamente controlada.

–¿Cuál sería el principal beneficio de cumplir con estas metas?
–En primer lugar, tendremos una población saludable de personas con el virus, además veremos disminuir las nuevas infecciones de 2,5 millones por año que hay actualmente a 500.000 y luego a 200.000 y esto nos permitiría controlar la epidemia.
–¿El objetivo de controlar la infección en América Latina está más cerca?
–Digamos que es un objetivo a largo plazo. Antes tenemos que reconocer que este es un momento crucial para buscar respuestas a varias preguntas. Por ejemplo, si estamos diciendo que el tratamiento es tan eficaz, lo que significa es que la gente se sigue infectando. Entonces, lo que falló es la prevención primaria. ¿Por qué no hemos sido eficaces en esto? ¿Por qué la infección ha sido creciendo? Si algo ha hecho la epidemia es ponernos claramente sobre la mesa los desafíos en derechos humanos después de todo ha estado muy vinculado a toda esta problemática. Estos nuevos paradigmas van a ser objeto de la discusión.
–¿Por qué nace la iniciativa de la declaración de París?
–Sin duda porque en el proceso de urbanización de las poblaciones en el mundo, las ciudades cobran una importancia fundamental en la discusión del ciudadano con sus vulnerabilidades, contradicciones y atravesada por una serie de determinantes sociales que hacen que el ciudadano sea más o menos vulnerable. El VIH se plantea como un espía, como un elemento que pone sobre la mesa el por qué un ciudadano es vulnerable.

–¿Cuál es el punto débil de la Argentina con respecto al VIH?
–Argentina un país que ha sido pionero en investigaciones científicas, que tiene una buena infraestructura de salud pública, que tiene leyes en materia de derechos humanos. Es lícito preguntarnos qué sucede para que los argentinos lleguen tarde al diagnóstico, ya que el 30% los diagnósticos es tardío en el país. Ese 30% que llega tarde tuvo posibilidades de transmitir el virus. Qué pasó por qué no llegó antes o por qué el Estado no llegó antes. Entre las situaciones más preocupantes, y si se quiere la mayor deuda que tiene Argentina con respecto al VIH, es que cada año cien bebés nacen con la VIH. Preguntarnos qué pasó, donde estuvo la falla, por qué esta mujer no encontró herramientas para evitarlo. Que nazca un bebé con VIH es ética y moralmente inaceptable.

–¿Qué papel juega la educación sexual al respecto de la prevención?
–Esta es sin duda una de las grandes oportunidades mundiales perdidas es el haber podido implementar la educación sexual integral en las escuelas con mucha mayor seriedad. Debería ser una de las materias más importantes de la currícula escolar. Las matemáticas me preparan para ser ingeniero o la biología para ser médico, y otras materias para ser abogado. Pero en esta materia, el joven se puede preguntar ¿quién soy?, ¿qué pulsiones me mueven como ser humano?, ¿cómo se manifiesta mi sexualidad? Y entonces abordar toda esa problemática, la heterosexualidad, la homosexualidad y toda la constelación de diversidades.

–¿Hay otras asignaturas pendientes?
–Muchísimas, que se descubren desde el momento en que logramos diagnosticar a una persona con VIH, captamos una constelación de circunstancias que lo llevaron a infectarse, comportamientos, factores sociales, el ejercicio del derecho, y los derechos humanos hay que trabajar en estos tópicos.

–¿Cuál es la situación actual del VIH en el mundo?
–Actualmente, hay 60 millones de personas viviendo con VIH en el mundo, más de 30 millones perdieron la vida. Es una historia dramática, pero dentro de ese drama, podemos hacer una transformación. En un contexto que no es del todo favorable.¿Cómo leen o cómo procesan ustedes estos datos? Como oportunidades perdidas. Tenemos que plantearnos qué ocurrió, por qué el sistema funcionó tarde, cómo aumentar la oferta del testeo, que es algo muy económico, cómo prevenir, que el ciudadano sepa qué riesgos corre, si luego de contar con la información lo quiere correr igual, al menos que lo haga a conciencia. Lo que el Estado no puede permitir es que corra un riesgo por ignorancia.

–¿Considera que los gobiernos están a la altura de las circunstancias que se plantean al respecto de la enfermedad?
–Hay que acercar más los servicios de salud a la gente. Por ejemplo, nosotros trabajamos en el acceso al trabajo de las personas trans, pero no hay un servicio para las familias que tienen un niño o niña trans, que ya es un ciudadano de derechos. La familia no sabe si eso es una patología, si está bien o mal, lo hecho de la casa, qué hago con esto. No hay un servicio para que la persona sea sujeto de derecho desde la primera hora.

–¿Cuál es la situación de las mujeres con respecto a la infección?
–Muchas de las mujeres que se infectaron, lo hicieron por sus parejas. Entonces, el matrimonio, la pareja estable ya no es un lugar seguro para la mujer. Todo esto nos obliga a repensar que las problemáticas van más allá del servicio de atención sanitaria. Hay una constelación de problemáticas que no nos podemos dejar de plantear y que dependen de que tengamos una mirada más amplia e integral de los sistemas de salud.
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