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domingo 02 de octubre de 2016

Septiembre, "el mes más cruel" para Mendoza

Dolor y preocupación. La muerte de tres jóvenes mujeres, el índice de pobreza y la Justicia, asuntos que desvelan al Gobierno

Para T.S. Eliot, "abril es el mes más cruel". Ocasión en que, según el poeta de Tierra baldía, "remueve lentas raíces con lluvia primaveral".

Para Mendoza, en cambio, a la deriva en el Sur del mundo, el mes más cruel ha sido septiembre.

Quedará por largo tiempo en la memoria el final de este mes de la primavera, cuando la crueldad llegó por vía de los hechos y de las cifras.

De hechos tenebrosos y de cifras reveladoras.

La muerte, en pocas horas, de tres jóvenes mujeres (de 29, 21 y 19 años), colocó a la provincia como capital del femicidio en la Argentina.

Una seguidilla penosa que promovió los excesos más insensatos. Como la violenta manifestación de un grupo ultra, el miércoles, ante la Legislatura, dejando atónitas a las miles de personas –entre ellas, familiares de víctimas– que habían acudido, justamente, para pedir el cese de la violencia contra la mujer.

Las más agredida, esa noche, fue alguien de esa franja bajo fuego, Laura Montero. La primera mujer en llegar a la vicegobernación en la historia de Mendoza. Y una luchadora por los derechos femeninos.
Un absurdo total. Colosal.

Lo mismo que Barcelona, una revista que se estima progre, cuyo humor ácido y revulsivo intenta remedar –suponemos– a Charlie Hebdo. En el ángulo inferior izquierdo de su tapa titula: "Dossier turismo. Mendoza arrancó con todo éxito su temporada de femicidios 2016".

Un insulto (¿o chiste?) que le adiciona crueldad a los hechos que nos ensombrecieron. Y avergüenzan.

Grupúsculos facciosos
En cuanto a las desquiciadas agresiones, pedradas y a los insultos del miércoles en la Casa de las Leyes mendocina, importa identificar la raíz del problema, sobre todo dentro de un panorama político nacional donde todavía algunos sectores insisten en promover acciones agresivas para desequilibrar al Gobierno.

En el Ejecutivo local le han bajado el tono a la pulseada.

Atribuyen el desborde, "que venía preparado", a sectores de izquierda radicalizados cuya única forma de expresarse es, histórica y sistemáticamente, a través de la agitación anti-institucional.

Hacia el fondo de la cuestión
La violencia foquista en la Legislatura es la superficie del problema y proyecta la mirada hacia adelante: a preservar la paz social de aquí a fin de año.

El fondo es otro, mucho más complejo. Y mucho más doloroso.

Por un lado están los números de la pobreza, que se conocieron el miércoles: el 32,2% de la población, arrojó la nueva medición.

Un título del diario chileno La Tercera refleja, desde afuera, el laberinto político del tema: "Argentina sincera índice de pobreza y deja atrás cifras amañadas de era Kirchner".

Para Mendoza (medida dentro de la región Cuyo) el índice resultó peor: 35,6%. El equipo del gobernador aún no tiene una explicación detallada de este fenómeno.

La Justicia bajo la mira
Al golpe –de sinceridad– que implican los números de la pobreza y la indigencia, se agrega la necesidad de una respuesta, imperativa, a la escalada de violencia de género.

Como cuestión global, el Gobierno está desplegando una batería de medidas contra la inseguridad como una policía de investigaciones, el banco de ADN o, específicamente, la implementación, por fin, de la Unidad Fiscal de Violencia de Género, que es una de las prioridades con que llegó el nuevo procurador Alejando Gullé.

El abanico de acciones no esconde, sin embargo, una preocupación más honda y arraigada. Tiene que ver con el funcionamiento de la Justicia.

Dos casos lo ejemplifican.

Uno, el de Fabricio Sidoti, el fiscal que actuó en el caso de Ayelén Arroyo, la tercera de la víctimas fatales de esta semana.

El Gobierno pidió un Jury en su contra por mal desempeño en sus funciones. "Buscan un chivo expiatorio", se defendió el funcionario.

En el Ejecutivo, por el contrario, juzgan que Sidoti no hizo todo lo que estaba a su alcance para proteger la humanidad de Ayelén.

Creen que es un talante que se repite en otros fiscales –algunos, no todos–, "que no tienen pasta para el cargo".

Ahora viene el tiempo de la espera institucional.

"Veremos qué hace la corporación", desafían.

¿Qué suele hacer?
"Un clásico: encubrirlo", se atajan. "Pero esta vez no será fácil. Hay una gran presión social".
El otro asunto que añade intranquilidad es el del juez federal Daniel Garnica quien, pese a una cantidad importante de pruebas halladas en un procedimiento antidrogas en Colonia Segovia, dictó la falta de mérito de siete sospechosos.
¿Qué se malicia en el Gobierno respecto de este tipo de reacciones?
Por lo menos una actitud timorata. O de molicie.
Preocupaciones de todo tipo, entonces.
Con un aditamento de última hora: el ministro de Economía, Alfonso Prat Gay, prometió un bono de fin año y eximir de Ganancias el último aguinaldo.
¿Otro dolor de cabeza? "No sé si la Provincia y los municipios estamos en condiciones de dar un adicional", abren el paraguas en el Gobierno.
Setiembre primaveral. El mes más cruel.
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