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domingo 03 de julio de 2016

Segundo semestre: del relato a la realidad

Las promesas ya pasaron. La inflación podría llegar al 25% anual en marzo de 2017, según Prat Gay. Las inversiones demorarían más

La recesión de la economía argentina no solo es heredada sino que fue profundizada por el actual gobierno. El nuevo INDEC, con sus números ya depurados, confirmó que el primer trimestre de Mauricio Macri en el poder fue claramente recesivo: la actividad económica cayó 0,7%. Tercera caída consecutiva trimestral. O sea, nada que no fuera previsible: el "modelo" bastoneado por Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof transfería su propia estanflación y Macri compartía, obligado, las consecuencias de lo que ya representaba el cuarto o quinto período de recesión en los últimos ocho años de PBI negativos.

La economía habría caído también en el segundo trimestre de 2016, profundizando la recesión reconocida por el INDEC, y no hay indicios de que se recupere en el resto del año.

"Lo más preocupante es que no existen indicios reales -salvo la esperanza del gobierno en una lluvia de inversiones que no llega- de que el escenario cambie en el segundo semestre", dicen los economistas independientes en su análisis.

Lo del segundo semestre es un concepto destinado a matizar las dificultades económicas actuales con la expectativa de mejoría que nos muestran las encuestas". La explicación de un integrante del Gobierno comprueba que el macrismo también construye su relato, aunque no tenga la épica kirchnerista.

"Espero que para fin de año se vea un flujo de inversiones consolidadas", expresa casi como un deseo el presidente, y completa con una síntesis de sus expectativas: "En el segundo semestre vamos a empezar a ver síntomas de reactivación. El crecimiento sostenido será para el próximo año". Es decir, Macri aspira a que en los próximos meses haya al menos indicios de que el país está saliendo de la recesión.

La proyección de los datos que maneja el presidente Mauricio Macri para la mitad del año que se acaba de iniciar son más modestos que los originales. El objetivo central es lograr una inflación mensual de menos de 2%. Macri no quedó muy conforme con la cuenta que hizo Alfonso Prat Gay cuando en Estados Unidos habló la semana pasada de una inflación anual de 42%. "Me explicó que fue de mayo a mayo", comentó después en Olivos. El ministro metió el dedo en la llaga justo en el momento en el que el Gobierno reactualizaba su vieja idea de que los precios crecerán un 25%, con el argumento de que en realidad se va a lograr ese índice, pero en marzo próximo, con un trimestre de retraso. "Fue una variación técnica, producto de que se desdobló la suba de tarifas", sostienen.
Pero más allá de las evaluaciones económicas, ingresar al segundo semestre implica para el Gobierno dejar atrás un período de turbulencias cuyos efectos preocupaban.

Un importante integrante del gabinete nacional lo describió con claridad: "Creemos que pasó lo peor, que salimos de la zona de riesgo. Se dejó de cuestionar la gobernabilidad. La bomba de tiempo que nos legó el kirchnerismo se desactivó. Ahora ya no tememos un estallido social como al principio. Pasamos por un desfiladero muy estrecho y no nos caímos. Estos primeros seis meses fueron de toma de control. Ahora tenemos que ver cómo construimos el Estado que queremos".
En Olivos circula una encuesta según la cual el 80 % dice estar peor que hace un año; pero el 70 % pronostica que estará mejor en 2017. En el Gobierno atribuyen esa brecha al efecto que tendrá el segundo semestre. Desde el primero de julio el relato dejó paso a la realidad.

Más promesas que realidades
Mientras la política juega a culpar de este cuadro económico-social a la desbandada tropa k, o por el contrario, a la "derecha" macrista, lo cierto es que todavía no hay síntomas de una recuperación económica de corto plazo. Tampoco indicios serios de un próximo colapso.
Si la reactivación no llegará antes de fin de año, forzará una inflación más alta que la esperada: ya la inercia inflacionaria hacía la meta del 2017 incumplible. En el propio Gobierno se especula con seguir atrasando el tipo de cambio para tener a tiro la inflación. Mantiene la inflación a la baja y mejora la capacidad de compra de algunos sectores, junto con una estrategia fiscal consistente en cubrir con deuda todo lo que se pueda y minimizar el ajuste de las cuentas públicas. Es el espíritu de la estrategia oficial.
Algunos no están de acuerdo y consideran que ese esquema político para ganar la elección del 2017 es imposible para crecer en el mediano plazo.
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