A Fondo A Fondo
domingo 23 de octubre de 2016

¿Qué gana Cornejo al polemizar con Verbitsky?

El ignorante y el sacapresos. El duro cruce verbal entre el gobernador y el periodista esconde una lucha de fondo por el poder

Varias cosas han cambiado con el advenimiento de Cambiemos. Rotundamente. Como la relación Nación-Provincia.

Tenemos un paradigma latente sobre el tablero para observarlo.

Pocos años atrás, Horacio Verbitsky, mutado en consejero vip del régimen gobernante, provocaba un pánico cerval por estas tierras.

Sus dictámenes tenían el peso terrible del Santo Inquisidor puesto que, se suponía –con razón–, interpretaba la voluntad de la cabeza presidencial. De Cristina Fernández.

Celso Jaque padeció la impiedad de su espada flamígera apenas iniciado su gobierno cuando en una decisión extraña convocó al demócrata Juan Carlos Aguinaga como ministro de Seguridad.

Verbitsky tronó. Retoños de Seineldín tituló un artículo en donde despedazaba a Jaque y a Aguinaga por el nombramiento, en el citado ministerio, del comisario Carlos Rico Tejeiro. Coexistían, a todo esto, en el mismo gobierno, Pablo Salinas y Diego Lavado, conocidos referentes de los derechos humanos.

Incongruencias de Jaque. Un gobernador raro.

"Mendoza es una de las provincias donde la psicosis por la seguridad es mayor. Asociaciones de víctimas de delitos y de policías apoyan a los políticos conservadores que oponen la seguridad con el respeto por los derechos humanos, como si fueran valores opuestos"... escribió Verbitsky en Página/12. Febrero de 2008.

El oráculo había hablado.

Y Jaque, cuya devoción por Cristina le hacía temblar las rodillas, actuó en consecuencia.

En dos meses Aguinaga renunciaba al cargo.

Ese tipo de magisterio "moral", esa relación basada en la obediencia y el amedrentamiento, duró ocho años. Cuatro de Jaque y cuatro de Pérez.

Otros tiempos
La mutación es clara: de aquellas devociones a estas esgrimas.

La opinión crítica del gobernador Alfredo Cornejo sobre Verbitsky no es nueva. Se profesan mutua antipatía. Pero ahora la mala vibra entre ambos llegó a un clímax.

Cornejo tiene como una de las banderas de su gestión combatir la inseguridad, con el consecuente endurecimiento de las penas contra los delincuentes.

La bandera de Verbitsky es la opuesta: enarbola el garantismo de la escuela de Eugenio Zaffaroni.
La política del Gobierno mendocino sobre el régimen de prisión preventiva desató la escalada verbal.
Verbitsky, en nombre de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, tildó al gobernador de desequilibrado, de histérico, de ignorante. Entre otros epítetos.

Cornejo resume lo suyo en un concepto: cataloga a Verbitsky como el padre de los abogados sacapresos.

¿Qué gana Cornejo?
Hoy, el Perro Verbitsky ya no es palabra santa. Ni el mascarón de proa de la intelectualidad orgánica al servicio del kirchnerismo.

No es el tiempo de Cristina ni de Zaffaroni.

¿Por qué, entonces, reubicarlo en el centro de la polémica?

¿Qué gana Cornejo con esto?

Aquí también está claro.

Hoy, la principal preocupación de los argentinos ha vuelto a ser la inseguridad. Lo dicen todas las encuestas. Como una reciente de Gustavo Córdoba y Asociados.

Hace dos meses, tan sólo, la misma consultora detectaba que el mayor problema era la corrupción.
El gobierno de Cornejo va en la dirección de la opinión pública. "La gente no se banca más el discurso prodelincuente", explican funcionarios cercanos al gobernador. "Y la polémica con Verbitsky no fue buscada. Él la empezó".

Y muestran, como aval de esta línea de conducta, un sondeo rápido: el 63% de los mendocinos le dio la razón al gobernador contra el 23% que avaló al periodista.

Una lucha de fondo por el poder
La esgrima con el zaffaronismo encuadra otro asunto más de fondo, más de largo alcance que el intercambio de insultos con el Perro.

Es un asunto de estricto contenido político.

Según interpreta el elenco gobernante, el kirchnerismo perdió el Ejecutivo en la provincia y declina paulatinamente en la Legislatura.

Su último foco de resistencia es la Justicia. Ahí se ha hecho fuerte. Con el conglomerado de Justicia Legítima como núcleo duro. Como búnker.

¿Adónde apuntan hoy los justicieros K? A embarrarle la cancha, dentro de lo posible, a José Valerio, el penalista elegido por Cornejo para llenar la vacante en la Corte.

No en vano Valerio dijo, en su defensa, ante algunos cuestionamientos, que estaba siendo atacado por el "anarco abolicionismo" de tinte zaffaroniano.

Pero hay otro puesto, muy apetecible por su estipendio muy sustancioso a perpetuidad y por su influencia, pues se ocupa de asuntos centrales hoy como el narcotráfico: el Tribunal Oral Federal.
Ahí el ataque del clan garantista es contra el supuesto candidato de Cornejo para el cargo, el hoy fiscal de Godoy Cruz Gustavo Fehlmann.

El gobernador no se ha manifestado expresamente por Fehlmann ni por ningún otro.

Sea quien sea, la disputa, en definitiva, es por el casillero.

Muy poco de todo esto queda a la vista del público.

Es una estricta pelea de poder.

De los oscuros intersticios del poder.

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