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domingo 28 de febrero de 2016

¿Qué cambiará si Argentina sale del Veraz?

Para Mauricio Macri, la salida del default es considerada la llave que puede conducir a un escenario menos traumático

Sólo pocos pasos separan al Gobierno de Mauricio Macri para llegar a un acuerdo que termine con el "juicio del siglo". La Argentina se encuentra cada vez más cerca de llegar a un arreglo con los fondos NML y Aurelius, los más importantes no sólo por la cantidad de deuda, sino también porque fueron los más duros para negociar. Aún faltan detalles y confirmaciones. Y en este tipo de negociaciones, cualquier mal movimiento puede hacer tambalear cualquier acuerdo o, lo que no es menos peor, extender por meses la definición.

Para el presidente Macri, y así lo dice cada vez que se reúne con políticos, empresarios o con sindicalistas, la salida del default es considerada la llave que puede conducir a un escenario menos traumático, hoy atravesado por liberación de tipo de cambio, la reducción de los subsidios, el déficit fiscal, la inflación, los acuerdos salariales y el consumo.

De esta manera, el país comienza a decir adiós no sólo a la más grande cesación de pagos de su historia moderna, sino también al más largo conflicto para solucionarla.

Las anteriores crisis de la deuda le tomaron a la Argentina 10 años o poco más de reestructuración. El default de 1981 se arregló y falló a poco de andar con el Plan Baker de 1987 y se cerró del todo con el Brady de 1992.

La Argentina nunca recuperó hasta ahora acceso fluido a los mercados voluntarios de deuda e inversiones y vio cómo economías más pequeñas en la región lo hacían.

Si eso cambia ahora –y parece que así será– acaba de comenzar un nuevo gobierno de Macri, que deberá cuidarse, eso sí, de nuevos peligros. Un exceso en el ingreso de divisas que recaliente la economía y recree problemas que fueron serios en el pasado.

Ahora bien, ¿cuál será el impacto en la economía real y su efecto en el crédito para pymes? El acuerdo que el Gobierno argentino logró con los fondos buitres traerá cierto respiro a la economía pero definitivamente aún se está lejos de un escenario de panacea.

Declaraciones de algunos analistas durante la semana permiten sacar algunas conclusiones. "El acuerdo es importante pero no le pidamos más de lo que puede dar. No creo que modere el ajuste, sólo implica que el Gobierno vuelve a tener financiamiento para normalizar su deuda. Es decir, dejará de utilizar las reservas del Banco Central como sucedió en los últimos cinco años, el resto es responsabilidad de la política económica", sostiene el economista Rodolfo Santángelo.

Aldo Abram, colega de Santángelo, se anima a enumerar algunos beneficios que incluso podrían alcanzar al bolsillo de la gente. "La disponibilidad de crédito generará más inversiones;las empresas tendrán una mayor capacidad para generar puestos de trabajo, además podrán acceder a financiamiento en el exterior. Eso permitirá una mayor disponibilidad de crédito para los particulares y las pymes, que hasta ahora competían con las grandes corporaciones", analiza. En otras palabras, la expectativa es que los bancos al disponer mayores líneas de crédito en el exterior puedan prestar más dinero, un escenario similar al vivido en los noventa, década en la que las entidades podían prestar más dinero de lo que tenían en depósitos.

​Dejar atrás el default le abriría la puerta al Gobierno nacional para salir al mercado a buscar fondos pero también, y están en la grilla de partida, a las provincias que necesitan, sí o sí, financiamiento para encarar los compromisos de los próximos dos años.

​Tanto la Nación como las provincias, cómo consecuencia de la política de los últimos años, tienen niveles bajos de endeudamiento en los mercados y conseguir fondos no les sería muy difícil.

Además, si se confirmara el acuerdo con los fondos buitres, seguramente el Gobierno habrá encontrado el "puente" cambiario para llegar hasta abril, cuando comenzarán a llegar los dólares de la soja, sin tantos ruidos con el dólar.

El problema que tenemos los argentinos con la deuda externa esta íntimamente ligado al destino de la misma y las condiciones que vinieron adosadas a los préstamos en términos de política económica.

Sin embargo, resulta que el crédito es una de las palancas fundamentales del capitalismo, y no tiene nada de malo pedir prestado a 30 años por ejemplo si el dinero se usa para construir un puente o una ruta que se va a usar durante 50 años.

Sucede que siempre subyace la pregunta si la plata se usará para lo que se pide y qué nos piden a cambio del dinero que pedimos, además de la tasa de interés.

El desafío es aprovechar esas inversiones y nuevos préstamos, esta vez, para que financien infraestructura, producción, empleo y crecimiento y no preparar el próximo default contribuyendo a financiar déficits fiscales que no se pueden pagar tanto nacionales, provinciales y municipales.

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