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domingo 17 de abril de 2016

Por qué las escuelas no tienen nombres de niños

No debe haber crimen mayor que el de un chico. Mendoza tuvo esta semana su descenso a los infiernos con el asesinato de la Trini

Este lunes, en todas las escuelas de Mendoza debería hablarse de Melanie Trinidad Rodríguez, que tenía 8 años y a la que llamaban Trini.

Esta niña, que tenía algún problema madurativo, y que recursaba segundo grado, caminaba de lunes a viernes un kilómetro, solita, en una zona rural de Beltrán, Maipú, para tomar un micro que la llevaba a la escuela.

En ese trayecto fue secuestrada y asesinada.

Tres hombres de 24, 19 y 18 años, hermanos entre sí, fueron apresados y acusados de haber urdido el peor pecado que un humano puede cometer: arrebatar a un menor, abusarlo, matarlo y luego quemar su cuerpo para borrar evidencias.

Cualquier persona en sus cabales, pero de manera particular quienes son padres y abuelos, no pueden menos que estremecerse de sólo imaginar a Trini en manos de esos tipos.

¿Cómo no ser golpeado por la imagen del terror que debe haber sentido esta pequeña mientras era sometida y golpeada?

Ser víctima
Trini es una mártir, tanto en el sentido de que fue torturada hasta su muerte como en el de que su deceso deja un testimonio, no del tipo religioso, sino el testimonio de un mal social.

Todos los mendocinos deberíamos fijarnos como propósito el no olvidarnos de Trini.

A partir de ahora su nombre debería ser un emblema contra el maltrato infantil.

Antes de sufrir el calvario que la dejó sin vida, la pequeña ya era víctima de otro flagelo. Era pobre. Era una excluida.

Las bombas
Basta ver esos nailons que cubren su precaria casa donde, sin embargo, tuvo calor, caricias. Y estaba en familia. Con su madre y 6 hermanos.

A los niños les puede faltar cualquier cosa. Juguetes, ropa, comida.Pero no una familia. O por lo menos una madre. Los niños quieren estar con sus padres.

Los niños pueden estar en medio de la guerra, con bombas cayendo a su alrededor, pero si están con sus padres pueden sobrellevar la guerra.

O despertarse aterrados a las 3 de la mañana y, en medio de la oscuridad, volver a serenarse porque la mami o el papi están cerca.

Una pregunta
¿Por qué las escuelas de Mendoza no llevan nombres de niños, y sí de militares, de hechos históricos, de ríos y hasta de la Policía?

Una escuela de Mendoza debería llevar el nombre de Trini. Olvidar su tragedia sería una traición ciudadana.

Ya la olvidamos en vida. Porque esa niña era pobre. Y la pobreza es una maldición.

Ser pobre es un castigo social que se salva de manera inicial por el amor que los pobres generan entre sí para sostenerse. Después, recién después de eso, vienen los planes sociales y lo que genera la política (cuando la política decide portarse como la gente).

Si alguna vez gobernar fue poblar, hoy no hay duda de que gobernar es crear riqueza y repartirla con un poco más de justicia.

La "Ma"
Perdone usted, lector, si lo llevo al desasosiego, pero le pido que piense en esa madre que ha perdido a su hija especial de esta manera.

¿Habrá alguna posibilidad de generar un abrazo multitudinario en el que esa mujer pudiera cobijarse por un instante?

Aunque ya es tarde y hay una vida preciosa que no pudo salvarse, tanto el Estado como la ciudadanía deben estar presentes ahora en la ayuda a esta familia.

Lo que yo vi
Y ahora lo molesto para que fije sus ojos en la foto de esta página.

Y le cuento, si me permite, mi experiencia con esta imagen.

Quizás por cagón, en la primera visión no pude detenerme en los ojos de la niña.

Lo que pensé cuando vi la foto fue en la maestra a la que alude Trini en su cartel.

Hay que tener temple para soportar, ahora, después de la tragedia, tanto cariño desplegado en un
papel.

Pero también me imaginé a la niña trabajando con dedicación para prepararle ese regalo a su "seño".

Me representé a la Trini con ese gesto de la lengüita hacia afuera de la boca y apoyada sobre los labios, tan típica de los niños cuando están entregados por completo a una labor.

Después, y quizás por ser padre y abuelo de mujeres, me detuve en el pelo de la pequeña.

Limpio y tan bien peinado, con esas dos colitas y sus chuflines, que a veces a los varones nos cuesta tanto manejar con precisión.

Sí, dígalo
Después, sí, me detuve en los ojos de Trini. Por Dios, qué tristeza llevada con tanta dignidad.

Son ojos de una niña valiente. Son los ojos que acompañarán de por vida a quienes le quitaron la vida. Esos ojos serán el peor castigo para los que descendieron al estadio de bestias.

¿Cómo alguien puede hacerle daño a una ñiña con esa naricita de dibujo animado?

Repare, por último, en la boca. ¿No tienen esos labios una enorme coincidencia con la esencia de los ojos? ¿Acaso ojos y labios no parecen estar inquiriéndole algo a la vida?

Nadie en Mendoza puede dejar de hacer duelo por el maldito castigo que esa vida le infligió a esta inocente.

Y nadie debe privarse de rajarle una flor de puteada a esa vida que no tiene el menor empacho de meterse con los más débiles.
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