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miércoles 03 de agosto de 2016

Pie de trinchera, un mal de las guerras del siglo XX

Se trata de un mal que afectó a los soldados durante la Primera Guerra Mundial

El pie de trinchera se conoce como un mal que empezó a aquejar a los soldados en la primera guerra mundial. También conocido como pie en inmersión, es el nombre con que se conoce a la enfermedad descrita por primera vez durante la Primera Guerra Mundial a los soldados que habían permanecido durante el invierno en trincheras anegadas de agua.

En que consiste... El nombre de esta enfermedad se estableció en la Primera Guerra Mundial. Los soldados permanecían sin descanso en trincheras anegadas durante semanas a temperaturas muy bajas. Los síntomas aparecían cuando los pies se exponían durante periodos prolongados a los efectos de la humedad y el frío.

Esta combinación de frío y humedad ablandaba la piel, causando heridas e infección del tejido. Si no se trataba la enfermedad a tiempo, daba lugar a la gangrena, requiriendo la amputación del miembro. Normalmente, los primeros síntomas son: picazón, piel fría, dolor, entumecimiento y hormigueo.

Posteriormente suele hincharse el pie y la piel se vuelve rojiza (eritrosis) o azulada (cianosis), con supuración o sangrado, como consecuencia de un aporte vascular pobre. Los soldados que utilizaban botas impermeables o muy apretadas, estaban expuestos a la enfermedad debido a la acumulación de sudor.

Que lo causa... El pie de trinchera se producía por una mala nutrición, deshidratación, calzado inapropiado y calcetines mojados. Las personas con excesos de sudor eran más propensas a contraer esta enfermedad. La forma de combatirlo era tener a mano calcetines limpios y secos todo el tiempo. Fases de la enfermedad

– Primera fase de espasmo por el frío y la humedad, en la que los vasos sanguíneos se contraen, dificultando la llegada de oxígeno al pie, que se muestra entumecido, acorchado, insensible, frío y cianótico.

– Segunda fase de revascularización, al retirar el pie de donde estaba, pasando a un ambiente más seco y cálido. Ocurre una intensa vasodilatación, el pie se vuelve rojizo, edematoso y brillante. Aparecen ampollas rellenas d e sangre y un intenso dolor palpitante, los pies se retraen en garra y posteriormente se inicia la recuperación. Esta etapa es la más delicada, pues si no se da una adecuada revascularización de los tejidos aparecen la necrosis y la gangrena.

– Si no se trata precozmente el pie de trinchera o el tratamiento no es eficaz, se entra la tercera fase en la que el pie puede entrar nuevamente en isquemia. En algunos casos puede suceder que la revascularización se frene y vuelva a haber un déficit de sangre y, por tanto, de oxígeno que llegue bien al pie, el cual vuelve a estar frío, con hipersensibilidad a las bajas temperaturas y a cualquier contacto junto con un exceso de sudoración (hiperhidrosis)

Tratamiento El tratamiento consiste en secar los pies cuidadosamente, lavarlos si están sucios, remojarlos en agua tibia y secarlos muy bien, mantenerlos elevados por encima del corazón del paciente mientras se recalientan. No se deben frotar ni colocarlos cerca a fuentes de intenso calor, como hogueras o estufas. No se deben usar cremas ni lociones, ni se deben reventar las ampollas. No se debe masajear o exponerlos a calor intenso. Se deben administrar antibióticos, analgésicos y suero antitetánico, siguiendo las indicaciones del medicamento.

Fuente: TodoesHistoria
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