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martes 15 de marzo de 2016

Phubbing: cuando la tecnología va en detrimento del diálogo frente a frente

Este hábito se propagó a partir de la posibilidad de mantenerse permanentemente conectado a Internet y ya cuenta con varios detractores que a viva voz difunden sus quejas.

Estar frente a una persona -podría ser en un bar o en un restorán- y que el interlocutor chequee permanentemente el celular o, incluso, mantenga una conversación paralela por mensaje de texto, se volvió una situación bastante frecuente y, para la mayoría, molesta.

La práctica -que se podría considerar un efecto colateral del uso de smartphones- se masificó a tal punto que investigadores de Estados Unidos decidieron bautizarla: llamaron "phubbing" (término formado a partir de las palabras inglesas teléfono y desaire) al acto de menospreciar a quien acompaña en la velada por prestar más atención al celular u otros aparatos electrónicos que a su persona.

Este 'mal hábito' se propagó a partir de la posibilidad de mantenerse permanentemente conectado a Internet -de ahí su vinculación con los smartphones- y ya cuenta con varios detractores que a viva voz difunden sus quejas.

En las redes sociales se formaron grupos 'antiphubbing' que lo igualan a otras actitudes consideradas de mala educación, como empezar a comer antes de que todos en la mesa hayan sido servidos o agarrar comida del plato de otros comensales.

Además, los detractores sostienen que la mayoría de los adolescentes prefiere comunicarse vía mensaje de texto, en detrimento de la conversación cara a cara. Y que el fenómeno amenaza con reducir las relaciones sociales.

De hecho, investigadores argentinos preocupados por la problemática decidieron realizar un estudio con el fin de develar de qué manera el uso del smartphone incide en la comunicación cara a cara.

Para esto formaron un equipo multidisciplinario de científicos, que fueron liderados por Matías Lopez-Rosenfeld, del Laboratorio de Inteligencia Artificial Aplicada de la UBA, y Mariano Sigman, del Laboratorio de Neurociencias de la Universidad Torcuato Di Tella.

Para la investigación se estudiaron a 700 parejas. Mientras que a unos se les indicaba que cuenten alguna historia a su interlocutor, a otros se le pedía que se distraigan con su teléfono en diferentes momentos. Luego debían responder un formulario valorando diferentes aspectos del proceso comunicativo.

"Hay información corporal llamada claves ostensivas, que nos dan información extra del mensaje, y se expresa a través de gestos y posturas del cuerpo, y que ayudan a comunicar información. Con la interferencia del celular –o de otra pantalla o distracción– una parte de esas claves se pierde", explicó Lopez-Rosenfeld.

Los expertos concluyeron que la desatención generada por el uso del smartphone incide en la percepción
sobre la calidad de la historia contada. Aseguraron que afecta de igual modo tanto al que escucha como al que narra.

"El problema es cuando la herramienta se convierte en un vicio. El usuario debe ser consciente de que no puede estar disponible las 24 horas para todo el mundo. La tecnología es buena siempre que se la utilice correctamente", afirma Alcides Aguirre, especialista en tecnología y sociedad.

En muchos casos el uso desmedido del smartphone también genera problemas de pareja, según se dedujo de una investigación a cargo de James Roberts, de la Universidad de Baylor (EE.UU), que publicó la revista Computers in Human Behavior. El 46% de los encuestados respondió haberse sentido "ignorado" o "despreciado" por su pareja o compañero. Y el 22% afirmó que el uso del celular "había causado algún conflicto en sus relaciones".

"Creo que la sociedad le va encontrando la vuelta y la solución a las cosas. Una vez habituados al nuevo aparato tecnológico se empieza a repensar y a debatir las formas apropiadas de uso", señala Aguirre.
De hecho, algunos bares y restoranes decidieron tomar partido sobre este asunto. Varios se sumaron a la iniciativa "anti-phubbing" ofreciendo descuentos a quienes apagaban o entregaban su celular durante el tiempo de permanencia en el lugar. Algunos añadieron carteles con mensajes en tono humorístico del estilo: "No tenemos WiFi, conversen entre ustedes".

Fuente: Departamento de Prensa UBA
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