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domingo 19 de junio de 2016

"Para un protagonista no hay errores, sino aprendizajes y resultados"

Alfredo Diez, un abogado mendocino que a los 36 años y con el contexto de la crisis política, social y económica que llevó a la Argentina al borde del colapso en el 2001, decidió emigrar para buscarlas en Europa

Esta es una historia que habla sobre las oportunidades y el cómo aprovecharlas. Alfredo Diez, un abogado mendocino que a los 36 años y con el contexto de la crisis política, social y económica que llevó a la Argentina al borde del colapso en el 2001, decidió emigrar para buscarlas en Europa. En ese momento se instaló en Barcelona y su profesión dio un gran giro: dejó la abogacía y se dedicó al coaching.

Desde ese momento, su objetivo fue trabajar para que los clientes que solicitaban su intervención, potenciaran el rendimiento de sus negocios, buscando herramientas para solucionar problemas, sobre todo de comunicación entre los miembros de la empresa.

Este trabajo, al que Diez le dedicó 14 años de su vida en el exterior, ahora lo desarrollará desde su provincia natal, donde ha decidido instalarse.

Diez también es escritor y ha plasmado su modelo de trabajo en el libro Nunca te rindas que presentará el 29 de junio en Mendoza.

–¿Puntualmente qué es el coaching?
–Es una nueva disciplina, muy vanguardista, que sobre todo las empresas solicitan con la intención de que mejore sus equipos de trabajo, las relaciones de los gerentes con sus subordinados y eso repercuta en la optimización del potencial de las empresas.
–Entonces, es un cambio en la forma de relacionarse...
–Es un cambio de modelo, el de "mando y castigo" ya no va más. Quien quiere ejercer un nuevo liderazgo, en gestor del cambio, se transforma en coach y no en quien sólo imparte órdenes.

–¿En qué se basa ese nuevo paradigma en las relaciones empresariales?
–Puntualmente en escuchar y preguntar a la persona de la cual se espera obtener un resultado. Donde antes había orden, mando y castigo, ahora hay diálogo: se debe escuchar al equipo. Tener en cuenta sus necesidades y potenciar sus capacidades.
–¿Este mismo modelo se puede traspolar a una pareja, por ejemplo?
–Por supuesto que sí. Yo tuve una pareja que me consultó porque no se podían comunicar sin agredirse. Tenían un modelo de comunicación muy duro, tuvimos que establecer mejores formas de comunicar, no ser agresivo , sino ser "asertivo".

–¿Qué es la asertividad?
–Ser asertivo significa poder comunicar lo que quiero y lo que necesito, de un modo respetuoso. Cuando la persona no gestiona bien sus emociones puede actuar en muchos casos de forma agresiva o pasiva. O "gruñir" sobre sus necesidades, o bien, callárselas. En este último caso, las emociones se quedan estancadas dentro de la persona y tarde o temprano, estallan.

–¿Cuál es exactamente la función del coach?
–Buscar una metodología para generar canales de comunicación formal. Se establecen momentos, lugares y formas de comunicarse, lo mismo sucede en una empresa. Si un gerente quiere mejorar la comunicación con sus empleados, establecemos un día para realizar un encuentro de coaching y trabajar estos modelos de comunicación que dan resultados negativos en ese contexto.

–¿El coaching está más desarrollado en otros países?
–La verdad es que en Argentina y en el resto de los países de Latinoamérica, es una disciplina que aún está en pañales, pero esto es bueno porque están todas las posibilidades para desarrollar.

–¿Cuáles son las ventajas para un empresario que decide implementarlo?
–El retorno de la inversión es del 700%: mejora la comunicación, mejora el rendimiento de los empleados, los gerentes se transforman en coaching de sus subordinados, que abandonan los modelos de víctimas y se transforman en protagonistas.

–¿Podría ampliar este concepto de víctima y protagonista?
–Al coach no le interesan las ramas ni los frutos que está dando el trabajador, sino las raíces: la responsabilidad de que esos resultados no sean los esperados, está debajo, en la raíz del árbol. El coach no trabaja sobre los comportamientos, sino sobre los paradigmas, los modelos mentales que los producen.

–¿El objetivo cuál es?
–Puntualmente, transformar las creencias limitantes en potenciadoras. Trabajar con los paradigmas, o modelos acuñados en nuestra caja de creencias y que nos hacen actuar de determinada manera, que no es la deseada y cambiarlos.

–¿Para esto hay un método, una técnica?
–En el coaching seguimos una serie de pasos, el primero es sacar a la persona de un estado de victimismo. Para llevarlo a un estado de protagonista, responsable de sus resultados y con mayor empoderamiento personal.

–¿Se puede ayudar a alguien que no se da cuenta de que está en un paradigma de víctima?
–No se puede en tanto y en cuanto la persona no tome conciencia de los modelos mentales a través de los que opera su conducta. La víctima se apalanca desde afuera, no haciéndose cargo. El protagonista entiende sus responsabilidades y aprende de los resultados no favorables.

– ¿Hasta qué punto este modelo victimista es cultural?
–Los modelos en los que hemos sido educado son muy importantes. El paradigma victimista es en el que hemos sido educados. "Yo no puedo, culpa del gobierno, de mi pareja, de mi hijo, de mi situación económica". La víctima busca excusas, en cambio, el protagonista, soluciones.

–¿Ser líder entonces es simplemente hacerse cargo?
–Significa internalizar que la responsabilidad, la habilidad para responder ante un conflicto, depende de mi. La víctima no hace lo que tiene que hacer porque una serie de factores externos se lo impiden, el líder asume su protagonismo en esto.

–¿Se puede cambiar esto desde el modelo educativo inicial?
–Por supuesto, en general los niños son educados en el modelo de la culpa y el castigo. Si tiene la culpa lo van a castigar. Por eso, si está comiendo y empuja el plato y este se cae y se rompe, en lugar de responder "tiré el plato", contesta "se cayó el plato". El chico se desprende de la acción que realizó para que eso sucediera.

–¿En cuanto a la educación, cuál sería el modelo óptimo?
–Educar en la responsabilidad y en el aprendizaje. Hay que trascender el modelo mental victimista.
–Da la sensación de que está verdaderamente arraigado en la sociedad, al menos en la nuestra...
–Básicamente, el paradigma del mundo es victimista. La sociedad se ha criado en este modelo. La respuesta está afuera. Cuando nos empezamos a mirar para adentro, podemos hacernos responsables. El lugar desde donde nos paramos en la vida se puede elegir. Es una decisión y no una imposición. El optimista es igual que el pesimista, pero es consciente de cómo ver la realidad.

–¿Depende sólo de un punto de vista?
–Ante un mismo evento, se puede apalancar desde el victimismo o conscientemente elegir hacernos responsables de lo que nos sucede. Los líderes están aprendiendo u obteniendo resultados, para un protagonista no hay errores, sino aprendizajes y resultados. El modelo del fracaso y el error es sólo para víctimas.
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