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martes 25 de octubre de 2016

Oxford y la computadora decretan que Shakespeare escribió con Marlowe

Una investigación de la universidad concluye que las tres partes de «Enrique VI» fueron escritas a cuatro manos por los dos grandes del teatro isabelino

Nacieron con dos meses de diferencia, en 1564, y sin duda se trataron en vida. Pero por lo que sabemos cinco siglos después, que no es ni poco ni mucho, no podían ser más diferentes. Will tenía alma burguesa. El hijo del guantero, que no pasó de la escuela local, era un inversor previsor y mirado con el dinero. Tras conocer en Londres el éxito y la francachela mundana del teatro, retornó a su pueblo de Stratford-upon-Avon, donde le esperaba su mujer, Anne Hathaway, mayor que él y a la quería lo justo (o al menos eso indica la descortesía testamentaria de legarle «mi segunda mejor cama»).

Christopher, nacido en Canterbury, era hijo de otro artesano, un zapatero, y también fue poeta y dramaturgo. Pero ahí concluyen las similitudes. Gracias a una beca, logró estudiar en el Corpus Christie de Cambridge y licenciarse en Artes, aunque faltando mucho a clase debido a sus enigmáticos «trabajos por el bien de este país». Eso fue lo que escribió el Consejo Privado de la Reina a la universidad cuando se negaban a graduarlo debido a su absentismo recurrente.

Christopher Marlowe, en cierto modo un precursor de los héroes románticos, solo vivió 29 años y murió por un pinturero facazo de daga en su ojo derecho. Le dio tiempo a escribir media docena de obras teatrales, traducir a Ovidio y componer un par de libros de poemas. Su fulgurante carrera como escritor de éxito, con la que sienta las bases de la escena isabelina, dura solo seis años. Padre del verso blanco -sin rima-, dejó marca en el primer Shakespeare con sus temas y personajes, aunque sus caracteres son algo epidérmicos, casi arquetipos, si se los compara con las honduras a las que llegaría el William maduro.

El mito de Marlowe
Lo tacharon de espía -y probablemente lo era- dipsómano, violento, sodomita, ateo. También se le llegó a tildar de criptocatólico. El 20 de mayo de 1593 lo acusan formalmente de herejía. Curiosamente no es detenido ni torturado (ni quemado). Algo pasa con el misterioso Marlowe que una mano muy alta vela por él. Diez días después, en una casa de huéspedes de Kent, pierde la vida en una riña por ver quién paga la cuenta.

Ahí se acaba Marlowe y nace su mito, que entre muchas hipótesis a lo Dan Brown incluye la de que él fue el auténtico autor de las obras de Shakespeare. Las fechas no encajan. En 1593, cuando llega el dagazo, lo mejor del genio de Stratford está todavía por llegar (Lear, Hamlet, Otello, Macbeth...). Pero los conspirólogos tienen su explicación: Marlowe se ocultó para huir de sus enemigos. Huyó a Italia, o se desvaneció en el propio Kent, y siguió matando el gusanillo literario bajo el apócrifo Shakespeare.

La hipótesis «Marlowe es Shakespeare» volverá ahora a ponerse de moda. La Universidad de Oxford, tras una investigación que contó con 23 especialistas británicos y extranjeros, ha concluido que hay una «contribución fuerte y suficientemente clara» de Christopher Marlowe en los tres libros que componen la obra «Enrique VI» de Shakespeare. La indagación se ha hecho con motivo de una nueva edición de todas las obras del bardo, a cargo de la Oxford University Press, la editorial de la universidad. Aseguran también que 17 de las 44 entregas del genio fueron coescritas con otros autores. En su edición de 1986, Oxford solo admitía ocho como elaboradas a cuatro manos.

Trabajaron juntos
«Hemos sido capaces de verificar la presencia de Marlowe en las tres partes de Enrique VI de manera clara y contundente. No solo se influyeron, ahora sabemos también que trabajaron juntos. Eran dos rivales que a veces colaboraban», asegura Gary Taylor, de la Universidad Estatal de Florida, uno de los responsables de la nueva edición. ¿Cómo se ha llegado a esta conclusión? En parte por comparaciones de textos que han acometido los eruditos, pero sobre todo por una novedad respecto a indagaciones anteriores: las computadoras. «Shakespeare ha entrado en el mundo del Big Data y hay muchas preguntas que la gente se ha hecho siempre que ahora podemos responder con seguridad», celebra Taylor.

Lo que han hecho es almacenar en computadoras numerosas obras de autores isabelinos, incluidos todos los trabajos de Marlowe y Shakespeare, y han dejado que el software busque términos y asociaciones de palabras distintivos de uno y otro autor. Por ejemplo, Shakespeare es de los pocos escritores de su época que usa con frecuencia una palabra hoy tan común como «tonight» y también emplea provincianismos dialectales de su comarca. Marlowe se distingue por expresiones como «familiar spirit» o por hablar de «regiones bajo la tierra».

¿Conclusión fiable?
¿Es fiable al cien por cien la conclusión? Ya hay quien discrepa. Carol Rutter, una especialista shakesperiana de la Universidad de Warnick, ha puesto en cuarentena la investigación en unas declaraciones a la BBC: «No creo que la nueva edición de la Oxford University Press resuelva la cuestión para todo el mundo. Shakespeare colaboró con mucha gente, pero me sorprendería que Marlowe fuese uno de ellos. Le influían sobre todo los actores, con los que trataba, y por ahí es en todo caso por donde puede llegar Marlowe a su obra».

Pero Taylor, como buen estadounidense, desborda entusiasmo. «Hasta hace muy poco no se disponía de la herramienta del Big Data. Hemos comprobado que hay partes que son claramente de Shakespeare y otras que son claramente de Marlowe». En realidad la sospecha de que el hijo del zapatero podría haber metido pluma en las piezas del hijo del guantero es vieja, una especulación que comenzó a finales del siglo XVIII. Los duelos de eruditos de hoy divertirían a Will y Christopher en sus citas en las tabernas patibularias del Londres del XVI, cuando el concepto de autor no estaba tan arraigado como ahora y cuando teatro exudaba vida urgente.
Fuente: abc.es

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