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domingo 20 de marzo de 2016

¿Orgulloso yo?

Bernardo Stamateas

bernardoresponde@gmail.com

El orgullo se define como vanidad, soberbia, arrogancia, fatuidad, endiosamiento, inmodestia, petulancia, pedantería, autosuficiencia, presunción. Todos sinónimos del mismo término. A nadie le gusta estar al lado de una persona orgullosa, alguien que tiene tal exceso de confianza en sí mismo (en sus palabras y acciones), que cree ser el centro del universo. El orgulloso piensa: "Yo soy perfecto, yo hago todo bien. ¡Que nadie se atreva a contradecirme!".

Sentir orgullo por nuestros logros está bien. La seguridad en uno mismo nos permite tener una autoestima sana. Pero albergar la idea de que somos mejores que los demás nos habilita a maltratar o descalificar a la gente que nos rodea.

El exceso de confianza en uno mismo puede conducir a las siguientes situaciones:

*No buscar la mejora continua por creer que lo que hice fue perfecto.

*No tener nunca una mirada introspectiva para ver qué necesito cambiar.

*Perder de vista todo lo bueno que la vida tiene para ofrecerme.

*Autoexigirme por pensar que "debo hacer todo bien".

*Justificar todo lo que hago mal.

*Pensar que solo yo soy capaz de realizar determinada tarea y que sin mí el mundo no sería lo mismo (creerme indispensable).

*Pensar que "yo" puedo cambiar el mundo.

El orgullo no es algo negativo en sí mismo hasta un cierto punto, pero se convierte en algo conflictivo cuando la persona posee una medida aumentada de este.

El orgulloso cree ser "el más guapo", "el más inteligente", "el más capaz", "el más moral".

El orgulloso tiene la idea de que si él se va de un lugar, las cosas dejarán de funcionar allí. Esto es porque se cree un ser único, especial, fuera de serie.

Dicha actitud puede hacer que en ocasiones sea humillado por otro. ¿De qué manera? Nadie es imprescindible en ninguna área, ya sea laboral, familiar, social. Cuando falta una persona, siempre aparecerá alguien más que desempeñará su rol y tal vez lo haga mucho mejor que él o ella, razón por la cual se llevará todo el crédito.

Al orgulloso le cuesta mucho aceptar un consejo, una sugerencia, una idea nueva. Quizás en el pasado obtuvo un resultado sobresaliente pero se queda estancado en el tiempo y no logra avanzar por su renuencia a abrirse a lo nuevo.

La consecuencia de dicha actitud es la mediocridad. Solo cuando se enfrenta a alguien que obtiene un resultado mejor, puede comenzar a preguntarse: "¿Por qué ocurre esto?".

El orgulloso tiene una mentalidad rígida y cerrada, por eso se siente como "un vaso de agua en el desierto" para los demás. A veces, no puede detenerse a analizar su propia vida (para implementar cambios) ni siquiera en medio del dolor. Pero lo cierto es que no se da cuenta de su orgullo, solo quienes lo rodean lo notan, al igual que el mal aliento.

Las personas con mentalidad abierta y flexible logran comprender que todo puede ser mejorado, aun lo que parece estar en pésimas condiciones. Son aquellos que siempre se están moviendo para ir por más.

Cuando somos libres de la parálisis mental, no hay obstáculo que nos puede detener para llegar a la cima; tampoco hay lugar para el orgullo que viene a privarnos de una vida de calidad.

¿Sos una persona orgullosa? ¿Cómo reaccionás frente al orgullo de alguien?

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