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domingo 21 de agosto de 2016

¿Nuestra Justicia penal estará avergonzada?

Majo y Marina. En sólo 6 meses la Justicia ecuatoriana descubrió, investigó, elevó a juicio y condenó a los autores del doble crimen

La Justicia penal de Mendoza debería sentir vergüenza por la comparación en la que se ha visto inmersa por estos días.

El crimen de las dos mochileras mendocinas asesinadas en la ciudad costera de Montañita, Ecuador, fue descubierto, investigado, elevado a juicio y concluido con condenas rotundas para los dos acusados, en solo seis meses.

En el ínterin, la Justicia ecuatoriana se dio tiempo para que viajaran especialistas de la Policía Federal argentina a fin de que hicieran su propia identificación de los cadáveres de Marina Menegazzo (21) y de María José Coni (22).

Y también para que expertos colombianos hicieran una reconstrucción en 3D de la escena del crimen.
Los cuerpos ultrajados de las dos muchachas habían sido seccionados en trozos y escondidos en bolsas de nailon.

Hago tiempo
Ese provechoso manejo de los tiempos es algo impensado en la Justicia de Mendoza. Aquí un hecho de esa naturaleza puede llegar a durar entre cuatro y siete años. Con suerte.

Allá, meses. Aquí años.

Y lo peor es que buena parte de los actores de la Justicia penal mendocina siguen sin hacer autocrítica y mirando por sobre el hombro al resto de los mortales que atinan a ponerles la lupa.

El talante de varios de sus integrantes es, más o menos, el siguiente: "Qué nos va a venir a criticar una manga de legos. A ver si ellos alguna vez se han quemado las pestañas estudiando como nosotros".

Andá, si son indios
A veces nuestra estupidez e ignorancia tan "argentinocéntrica" nos hace caer en prejuicios tales como creer que Ecuador es un país atrasado que sigue viviendo en el siglo pasado.

La ex ministra de la Corte provincial Aída Kemelmajer de Carlucci solía repetir –con vasto conocimiento de causa– que la Justicia penal mendocina era la más deficiente y atrasada con relación a los otros rubros en que se divide, a los fines tribunalicios, la ciencia del derecho.

Y lo peor es que uno no advierte que sus integrantes estén preparados para cambios inminentes e importantes en los ámbitos de la Justicia penal.

Quien quiera oír, que oiga
El embajador argentino en Ecuador, el cordobés y ex legislador Luis Juez, quien asistió al juicio, dijo estar sorprendido por la "celeridad increíble, la prontitud y la rectitud de la Justicia ecuatoriana"
Y dijo otra cosa a la que hay que prestarle mucha atención: "Se ha actuado con celeridad pero sobre todo con mucha inteligencia".

¡Ojo con mirarme!
La Justicia sigue siendo, lejos, el poder del Estado menos auditado por la sociedad.

A los legisladores les damos para que tengan y guarden, todo el tiempo. A los del Ejecutivo les ponemos reflectores y criticarlos es un sano deporte. Pero los jueces todavía nos pueden.

Hay como un miedo atávico a meterse con magistrados, como si no quisiéramos considerar que son empleados calificados del Estado.

El vizcachazo
Mire si vendrá de lejos esa tara social que ya José Hernández, en el Martín Fierro, le hace recitar al Viejo Vizcacha aquello de "hacete amigo del juez, no le des de qué quejarse que siempre es bueno tener palenque de ande rascarse."

La versión kirchnerista de la máxima del acomodaticio Vizcacha fue modificada y dice así: "Presioná, amedrentá, y hacé que los jueces te tengan miedo. Ya de por sí son medio flojitos de coraje porque les tira la comodidad de la poltrona. Y tené a mano un carpetazo con datos de la SIDE o de la AFIP por si se quieren hacer los dignos".

A rendir a marzo
Los mendocinos ya ni nos asombramos cuando la Suprema Corte anula juicios penales que están mal hechos y ordena realizarlos nuevamente.

Si a usted lector fuera magistrado y le pasara una cosa así –es decir, que la propia Corte le dijera que todo lo que ha hecho en un juicio está mal– ¿no se le caería la cara de vergüenza? Pues a ellos no.
Paula Toledo fue violada y asesinada hace 13 años por un grupo de muchachos en San Rafael y la Justicia penal nunca pudo esclarecer del caso.

En 2002 el joven José Luis Bolognezi fue asesinado en San Martín, lo que generó que el caso se convirtiera en un hecho social con marchas multitudinarias que reclamaban contra una Justicia ineficiente que parecía no querer meterse con sospechosos que tenían mucho poder. El juicio fue anulado por la Corte y debió realizarse nuevamente.

Casos como estos (son muchísimos más, claro) deberían estudiarse en las facultades de derecho como el más extraordinario compendio de errores, agachadas, disparates e injusticias que se pueden cometer en la Justicia penal, sobre todo cuando lo que prima no es la intención de hacer justicia sino, por el contrario, la intención es la de no encontrar culpables ni la de hacer honor al servicio de justicia.

¿Y saben qué? Eso seguirá siendo así hasta que jueces, fiscales, secretarios y empleados de nuestra Justicia penal no sientan el peso de la condena cívica sobre ellos y sobre sus modos de operar la justicia.
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