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domingo 01 de octubre de 2017

Muchachismo cool y sociologismo berreta

La escuela secundaria se infesta entre la supuesta corrección política y el palabrerío de fracasados especialistas educativos

El asunto de las escuelas secundarias porteñas que fueron tomadas por sus alumnos debería ser visto como un laboratorio social para que aprendiéramos varias cosas.

Un laboratorio donde veamos, a través de un microscopio, cómo se mueven los componentes de eso que se conoce como la corrección política o el sociologismo educativo, que, por supuesto, son ámbitos que están llenos de piojos.

Derecho al averno
La supuesta corrección política se traduce en que nadie actúa como tendría que hacerlo.
En que se deja hacer, y en que todo concluye donde habitualmente terminan las cosas cuando la política no se hace cargo de su misión.

El sociologismo educativo es una especie de camino al infierno: está empedrado de muy buenas intenciones (léase suntuosas teorías y harto palabrerío) y de escasas concreciones exitosas en la cotidianidad.

Basta comprobar la realidad de la educación argentina secundaria, donde desde hace décadas reina el más estruendoso fracaso en los resultados palpables, pero, eso sí, adornados con estupendas elucubraciones.

Elemental
Traducido: esa realidad termina en una alumna abusada en una de esas tomas.

Termina en destrozos de bienes públicos en colegios considerados entre los mejores del país como el Nacional de Buenos Aires.

Y termina en 15 días de clases perdidos. Quince preciosos días tirados a la basura.

Y lo que es peor, terminan en padres supuestamente modernosos y avispados que dejan a sus hijos a la buena de dios (y del diablo).

En otros países todas estas cosas pondrían de los pelos a los verdaderos progresistas que en el mundo son.

En nuestro país, ni los políticos ni los sociólogos educativos parecen indignarse porque los alumnos secundarios no sepan entender un texto ni resolver los basamentos de la matemática.

En la Argentina, buena parte de los especialistas no creen que sea de reaccionarios insistir en una educación secundaria que no da resultados.

El escenario
En la Argentina se gastan millonarios montos –que aporta el pueblo– para que en la práctica la mitad de los alumnos secundarios no termine en tiempo y forma sus estudios.

Una escuela secundaria que ha decidido que no hay que exigirles nada a los estudiantes.

Que ha decretado que el esfuerzo no es importante y que las calificaciones son una antigüedad.

Una secundaria donde la disciplina (la básica) es de fachos.

Donde se les ha traspasado a los alumnos la confección de las normas de convivencia.
Donde nadie es amonestado, porque eso es discriminar.

Donde no se logra combatir el bullying hacia los compañeros más débiles o más gordos, o más petisos, o hacia las chicas que tienen la mala suerte de ser lindas.

Exceso de verso
Una escuela secundaria donde reina el palabrerío inclusivo, donde todo es transversal.

Un ámbito donde los docentes y directivos dan todos los días un paso atrás para permitir el avance de los jóvenes.

Y por lógica de hierro, si los chicos no tienen algún dique de contención van a seguir avanzando y van a creer que no está tan mal que un muchacho de 18 abuse de una compañera de 14 que previamente le ha dicho que no.

¿Qué se puede esperar de una educación donde los alumnos golpean, insultan y amenazan a los docentes y a los directivos, muchas veces con la ayuda de sus propios padres?

Una educación donde ningún chico es sancionado por utilizar el acoso a través de las redes sociales.

Planeta Chanta
Si bien el mundo de la educación es complejo por definición, la política y los "estudiosos" del tema (el encomillado es intencional) lo han vuelto más engorroso .

Se han apropiado de la educación de la misma forma que el peronismo se ha apropiado de los pobres.

Es decir, para que no salgan de pobres y se pueda seguir haciendo clientelismo con ellos a través de un asistencialismo apolillado de comité.

El populismo más berreta y dañino se ha enseñoreado en las últimas décadas de las escuelas secundarias argentinas con la ayuda de supuestos especialistas de toda laya.

Las ha infestado de ineficiencia y de estupidez supuestamente inclusiva.

E incluso las ha teñido de una extendida cobardía de muchos docentes y directivos que aun sabiendo que está mal siguen avalando el sistema, por miedo, dejadez o cansancio moral.

Los alumnos están convencidos de que ellos tienen sólo derechos.

Las obligaciones, que son el natural contrapeso en todas las actividades humanas, no existen para ellos.

Es que en la mayoría de los hogares (que es donde realmente deberían aprenderse estas cosas) los padres abdican de sus responsabilidades porque prefieren no tener problemas con los herederos a la corona.

Este es el marco en el que hay que ubicar a las tomas de colegios por parte del muchachismo cool, realizadas con el consentimiento de políticos que nadan entre su mediocridad y sus intereses.
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