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domingo 31 de julio de 2016

Mientras sigue el show nacional, hagamos rutas

Una esperanza. La atención mediática giró en torno de Macri-Tinelli. La escena local, menos glamorosa, apuntó a la obra pública

Enseña el maestro Miguel Ángel Bastenier cuál es "la Santísima Trinidad de la información: Dinero, Drama, Diversión".

Nada explica mejor, desde este lado de la tribuna –la del periodismo–, lo que viene ocurriendo en la vida pública nacional.

Un asunto, una foto, acaparó la atención: la reunión Macri-Tinelli.

Es decir, entre el presidente de la Nación y el capocómico de la televisión argentina.

Ríos de tinta y horas de radio y TV se vertieron para, en general, criticar la mal llamada "cumbre", aduciendo que sus motivos eran banales en comparación con los urgencias económico sociales que atenazan el país.

Tales ríos y tal profusión de horas terminaron desmintiéndose a sí mismos pues, si tan fútil es su interés, ¿a qué viene tamaño despliegue mediático? ¿Tanta histeria?

Dinero, drama y diversión
Mal que les pese a los sesudos –o no– críticos del panorama político, de Rial a Fantino, desde Morales Solá hasta la revista Noticias, que interpretó la situación como "el poder en calzoncillos", mal que les pese a todos ellos, la realidad, en tiempos de Snapchat, Instagram y Facebook, es, hoy más que nunca, dinero, drama y diversión, como dice el maestro.

No escapa ni el Papa, que recibe en el Vaticano a una tupida ralea de connacionales menos decorosa que Tinelli y que hasta se atrevió a afirmar, osadamente, este fin de semana que Messi es el mejor futbolista de todos los tiempos, por encima de Maradona o de Pelé.

Ningún asunto le es ajeno a Francisco. No hay, para él, temas menores.

Dinero, drama y diversión. La cuota completa que aporta, cada vez con más intensidad, Cristina Fernández, una señora multimillonaria, con una fortuna de dudoso origen, que se calza la boina vinotinto de Hugo Chávez para alentar una revolución inconclusa que, por ahora, topa en Maduro. Revolución no desde la selva boliviana, como la del Che (esas eran otras boinas), sino desde su castillo en el lejano Sur, tan exótico y brumoso como el de Frozen.

"Libre soy", canta, hoy por hoy, la Reina de las Nieves.

Chatura menduca
En Mendoza, al revés de lo que acontece en el good show nacional, si algo escasea es dinero, drama y diversión.

La agenda provincial es chata, adusta, atada a conventillos de baja intensidad como los del santarrosino Salgado o del gremialista Macho.

Por estas horas, lo único que promete algún color es el desafío, en la Justicia, que el ex intendente de Guaymallén Luis Lobos le plantea a su sucesor Marcelino Iglesias.

El tono general lo impone, desde arriba, Alfredo Cornejo, un gobernador que detesta los discursos floridos, las promesas rimbombantes y los oropeles del poder.

Y para un estoico, un hombre de acción más que de palabras, como él, se acaba de abrir una puerta. Se le presenta una oportunidad soñada.

Nace una esperanza
Un jefe policial remarcaba, días atrás, angustiado por el mal estado de la red vial mendocina y la cantidad de accidentes que esto provoca, que no ha habido una inversión importante en la materia desde la época de Santiago Felipe Llaver.

Cornejo, constreñido por la mala situación financiera que heredó del gobierno anterior, parecía repetir un destino de pálido administrador de carencias. De simple pegador de parches en un bote que hace agua por todos lados.

En la semana, sin embargo, llegó un anuncio portador de esperanza: habrá recursos para rutas y caminos. Más de 8.000 millones de pesos, según se desprendió de la visita del ministro de Transporte de la Nación, Guillermo Dietrich.

Se hará la doble vía a San Juan. Se mejorará, también, la ruta internacional a Chile. Y bastante más.
Un plan ambicioso que puede recuperar la impronta hacedora de los viejos estadistas, de los padres fundadores, con la que algunos gobernadores gansos labraron su leyenda.

Apuesta a la reactivación
Las promesas conjuntas de la Nación y la Provincia entusiasman.

Todo bien, pero, como enuncia el refrán, quien se quema con leche ve una vaca y llora.

¿Cuántas promesas nunca cumplidas hemos escuchado estos años? ¿Cuántas, en especial durante las administraciones de Cobos, Jaque y Pérez, desde Portezuelo del Viento y Los Blancos en adelante?

¿Por qué ahora no será lo mismo?

Pregunta básica, de primer grado.

"El Gobierno tiene establecida una conducta", asegura el ministro Martín Kerchner desde el área clave de Hacienda. "No hacemos anuncios sin confirmar su factibilidad".

¿Y los plazos? La eterna ejecución de la, aún inconclusa, doble vía a Tunuyán justifica la nueva pregunta.

"Somos también muy estrictos con eso, porque la gente se pone muy mal. Por ejemplo, queremos asegurarnos de que la refacción del Aeropuerto se haga, efectivamente, en tres meses", señala Kerchner.

Se trata de una apuesta fuerte. Lo que queda del segundo semestre y el comienzo de 2017 serán primordiales para la reactivación económica que esperan (y necesitan) Macri, Cornejo y compañía.
Y la obra pública será clave en ese proceso.

Hemos de creer, entonces. O reventar.
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