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domingo 19 de marzo de 2017

Maneras reaccionarias de encarar la protesta

¿Qué es hoy ser progresista en la Argentina?, preguntó una vez Alfonsín. No estaría mal, ante tanto chamuyo, reiterarla otra vez

Muchas de las formas de protesta que se insiste en utilizar a diario en la Argentina se han convertido en maneras reaccionarias de hacer política.

La razón es muy sencilla: están centradas en joderle la paciencia al prójimo y no en peticionar cambios ante las autoridades.

Según ese criterio, es el prójimo el que debe actuar como aguijón contra las autoridades y no los que están directamente interesados en buscar una solución o un cambio.

Melancólica aula
¿Qué progreso para la sociedad puede haber en que los niños de la escuelas públicas de la provincia de Buenos Aires no hayan comenzado todavía las clases?

Nadie en su sano juicio cree que los maestros ganan bien en la Argentina. Pero, de la misma manera, nadie cree que eso se pueda solucionar de un día para otro.

La fácil entonces es dejar a los pibes sin maestra frente al aula, total la educación pública da para todo, hasta para hacer política berreta.

Rajen de acá
¿Solucionó el kirchnerismo el salario docente durante sus 12 años de gestión? ¿Produjo acaso una revolución en los resultados educativos?

Todos sabemos que no.

¿Bajó acaso la cantidad de pobres en la década ganada?

Todos sabemos que Macri asumió con 30% de pobres.

Sin embargo la prédica de esa dirigencia, con la ex presidenta a la cabeza, quiere hacernos creer que el capitalismo salvaje o el liberalismo macrista son los culpables de que los chicos bonaerenses no tengan clases.

Cristina en su última etapa ni siquiera aceptaba que los organismos internacionales tomaran aquí las famosas pruebas PISA para comprobar el rendimiento en las escuelas secundarias porque con esa gente no podían mentir como nos hacían a los argentinos con la inflación.

Recordando a Alfonsín
Suena increíble que no hayan formas más actualizadas de ejercer la queja en estas época de redes sociales y de adelantos tecnológicos en todo lo relacionado con la comunicación.

Así, mientras las escuelas públicas están desiertas, los alumnos de las escuelas privadas bonaerenses reciben instrucción normalmente.

Cada tanto deberíamos volver a aquella pregunta que hizo en su momento el presidente Alfonsín: "¿Qué es hoy ser progresista en la Argentina?"

Si nos hiciéramos esa pregunta con frecuencia podríamos detectar el extendido chamuyerío que hay en los discursos de muchos progresistas de saldo.

El teorema de Josecito
Ya se ha dicho, pero no está de más repetirlo: es el propio progresismo el que viene corriendo a los argentinos hacia la educación privada.

Piden que el Estado intervenga en todo, pero descreen de la eficiencia en la función pública y no promueven la excelencia en los entes oficiales porque eso, supuestamente, es de caretas.
¿Puede entenderse estupidez tan supina?

Acá se prefiere la exaltación de cosas como "la cultura del aguante" a como dé lugar, así sea para bancar a algunos de los más excelsos nombres de la corrupción kirchnerista o para justificar los desatinos organizativos del Indio Solari.

¿No dice Estela de Carlotto que al líder ricotero le hicieron una cama en Olavarría porque no es "del palo" del gobierno del PRO?

¿No dice Aníbal Fernández que lo que llevó a José López al revoleo de bolsos con millones de dólares no fue la corrupción política sino el imperio de la coima?

Josecito no le robó plata al Estado, dice Aníbal, sólo recibió plata de la coima, es decir, de los particulares.

Sin reloj
Las encuestas están marcando claramente que la mayor parte de la población está en contra de las huelgas extendidas y de los piquetes salvajes.

Y que lo que se propicia es la búsqueda de consensos y de reclamos que no afecten a medio mundo.
Los que ignoran estas cosas no reparan ni siquiera en los detalles.

En el caso de la huelga docente, no puede desconocerse que toda familia con niños es un mecanismo de relojería. Y que buena parte de las mujeres trabajan fuera de la casa, a la par del varón.

Entonces, un paro de varias semanas como el que afecta a la provincia de Buenos Aires produce un desbarajuste tal en la organización familiar que no creemos que redunde en sumar adeptos a la causa de los gremios docentes.

¿Y por casa?
En Mendoza, donde el reclamo docente va por otros carriles debido a la consolidación del ítem aula, preocupó en cambio por estos días el avance de las protestas repentistas que utilizan el corte de calles estratégicas para amplificar reclamos.

La semana tuvo dos cortes en el nudo de Costanera y Vicente Zapata, el principal nervio vial para ingresar o salir de la Ciudad.

Uno de ellos fue realizado por 20 personas de un grupo de izquierda y duró varias horas en la mañana. El desbarajuste vial que produjo ese grupúsculo fue fenomenal.

Miles de personas, incluso los que llegaban en transporte público, se vieron impedidos de llegar a tiempo a sus trabajos, a sus estudios o a sus trámites. Veinte personas contra el mundo.
Al otro día, pasó algo similar con un olla popular de entidades sociales piqueteras que coordinaba el ex funcionario peronista Luis Böhm contra Macri.

¿Y la actuación que le compete a la Justicia?, dirá usted.

Los fiscales y jueces parecen vivir en otro mundo, y es casi imposible hacerlos mover de sus poltronas.

Ayer, felizmente, se supo que la Capital está haciendo gestiones para que el procurador de la Corte, Alejandro Gullé, active a los fiscales bajo su jurisdiscción a fin de que actúen con rapidez cuando se cometa el delito de cortar rutas.

Epílogo y telón
Usted dirá: ¿Y quién paga el costo de todos los despropósitos aquí citados?

Nadie.

Es que la consigna es: a alguien hay que joder para obtener respuestas. Afectemos entonces a la gilada para que Cornejo o Macri tomen nota.
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