A Fondo A Fondo
domingo 03 de abril de 2016

Los Salgado no nacen de un repollo, no señor

Todos estos años el PJ mendocino miró para otro lado mientras en Santa Rosa el intendente peronista hundía a su departamento

Hace unos años esbocé en una columna de opinión ciertos hechos que habían llevado a que el Municipio de Santa Rosa estuviese transformado (ya por entonces) en "Una comuna inviable". Así titulé el escrito.

Desde ese municipio casi me comieron vivo.

El viernes pasado, cuando veía en la televisión al intendente peronista Sergio Salgado ingresar al penal San Felipe no pude menos que pensar en una de las razones de este descalabro: la maldición de las reelecciones sin término de los intendentes mendocinos.

El jefe

Según el fiscal Santiago Garay, que lo mandó entre rejas, Salgado está siendo investigado por ser el jefe de una asociación ilícita que habría cometido toda clase de delitos contra la Administración Pública.

Cuando finalmente el huidizo intendente Salgado estuvo frente al fiscal Garay y éste le leyó las acusaciones y le anunció que pasaría a una cárcel común, el santarrosino ni siquiera lo miró a los ojos al magistrado, según certificaron allegados a la Fiscalía.

Raro. Cuando Salgado estaba prófugo y hablaba con los medios desde la clandestinidad, le lanzaba al fiscal todo tipo de admoniciones.

El diablo en la caldera

Enrique Pfaab, corresponsal de Diario UNO en la zona Este y conocedor de algunos trazos del alma colectiva de Santa Rosa, tiró en nuestra edición de ayer datos muy fuertes que ayudan a pintar a ese pueblo y que podrían definirse como "el mal de pueblo chico"

¿Qué dijo? Veamos: en Santa Rosa los odios y los amores están siempre a punto de hervir. Las rivalidades y enfrentamientos entre familias y políticos son una especie de deporte.

Hay distanciamientos y enconos no sólo por ser de partidos distintos, sino incluso por haber ido a escuelas primarias diferentes o por no vivir en los mismos distritos.

Por momentos, cuenta Pfaab, esas diferencias se aletargan, pero cualquier suceso inesperado hace que renazca el veneno. Y Salgado, en ese sentido, ha producido una hecatombe.

San Estado

Santa Rosa es el departamento con menor cantidad de habitantes de Mendoza, unos 17.000.

La "fábrica" que lo sostiene es el empleo estatal. Y hoy desborda de empleados, muchos de los cuales hace dos o tres meses que no cobran.

Desde el retorno democrático la suerte de Santa Rosa con la política partidaria ha ido de mal en peor. Para decirlo clarito: la politiquería más ruin es lo que ha triunfado.

En Santa Rosa es común escuchar que la mayor parte de sus vecinos no paga las tasas municipales.

Pero, ¿qué cultura de pago puede haber en una comuna desquiciada?

Salada y trucha

Lo más osado en cuanto a gestión que ha hecho la política santarrosina en todos estos años ha sido traer a sus pagos a la nunca bien ponderada feria La Salada, que es sinónimo de evasión impositiva y de truchaje de marcas.

Así como está, Santa Rosa depende casi exclusivamente de los fondos nacionales y provinciales. Y vienen gastando como si la plata les lloviera cual maná.

Santa Rosa no se sustenta. Y "pasarán más de mil años, muchos más", como dice el bolero, hasta que ello pueda ocurrir.

Si lo que se pretende es tener algún éxito de gestión, pues entonces hay que advertir: ¡guarda ahí, porque Santa Rosa es hoy un municipio inviable!

Sólo una reforma política que instaurase el concepto político de región podría ser una forma de salvataje. Es decir que permitiera a Santa Rosa pasar a formar parte, junto con otros municipios pequeños y sin sustentos, de una conducción política más moderna, abarcativa e integral.

¿Nunca se equivoca?

En su dimisión, donde no se registra ni un destello de autocrítica, sino que todo es atribuido a la maldad del gobierno radical, de la Justicia y de los opositores santarrosinos, Salgado recuerda un dato que lacera por la fuerza de su verdad.

El ex intendente trata de lavar sus ineficacias remarcando que él ha sido elegido tres veces consecutivas por el electorado de Santa Rosa. Es decir, que no llevaba casi 9 años gobernando ese departamento por obra y gracia del Santo Espíritu.

Este político gris, mediocre, que atrasa como 50 años y sobre el que la Justicia deberá definir si ha chapuceado en el pantano del delito, nunca tomó el Ejecutivo santarrosino a fuerza de pistola.

Es cierto que la última vez ganó por pocos votos. Pero ganó. Y como en el fútbol, también en política goles son amores y no buenas razones.

No sabemos si Salgado terminará condenado o absuelto. Pero sí sabemos que el pueblo de Santa Rosa está obligado a revisar su pasado como votante. La civilidad también mete la pata.

En caja

El otro gran responsable es el Partido Justicialista, que ni en la gestión de Jaque ni en la de Pérez hizo gran cosa para poner en caja a su militante partidario Sergio Salgado.

El Partido Justicialista no lo ayudó a que mejorara su gestión, o a que modernizara sus formas grotescas de manejar los fondos públicos.

Es que los gobernantes populistas, máxime en los municipios, exhiben un chirriante analfabetismo en materia de economía.

Pongámoslo así: no siempre es necesario robar, aunque suele ser lo más fácil y lo preferido por los policastros, sino que a veces se malgasta plata del pueblo por supinas ignorancias o por el estigma del nuevo rico que confunde a la Administración Pública con una sociedad anónima.

Los partidos, insistimos, no hacen nada para educar en gestión política a sus militantes con posibilidades de acceder a cargos expectantes.

Es muy raro, diríase casi una excentricidad, que un intendente pueda llegar a su tercera gestión consecutiva sin bandearse, sin creer que es el dueño de la verdad, sin imaginar que todos quieren tumbarlo, sin terminar convertido en un soberbio que no escucha razones.

Hasta que una ley les ponga coto a las reelecciones sin término de los intendentes, acotándolas sólo a dos períodos, será habitual que tengamos que padecer estos casos de los Salgado, como antes tuvimos de los Carral, por dar sólo dos apellidos.

Así es como, por acción u omisión, algunos no roban directamente pero permiten que sus amigos roben para ellos –aunque sea un poco– o para poder juntar plata con la supuesta buena intención de hacer política.

Porque, como dijo Néstor Kirchner, "para poder hacer política se necesita plata". Y ya sabemos lo que esa frase kirchnerista significó en la famosa Década Ganada (las mayúsculas son de ellos).

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