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miércoles 27 de julio de 2016

Los prodigios de La catedral de los negros

La novela del cubano Marcial Gala muestra –desde el lenguaje y la construcción coral de su estructura– una Cuba que existe más allá de sus imágenes de ensueño, a través de una familia que se sumerge en las aguas del mal

Nacido en Cienfuegos, Marcial Gala se muestra como una de las voces más originales de las letras cubanas. De la mano de la editorial Corregidor se publica por primera vez en nuestro país su novela La catedral de los negros, originalmente del 2012 y ganadora del prestigioso premio Alejo Carpentier de ese género literario. A través de sus páginas viajamos a un barrio marginal de Cienfuegos, Punta Gótica, a la cual llega de Camagüey la familia Stuart, compuesta por Arturo, su esposa Carmen y sus tres hijos. El jefe de familia llega con una misión: construir una catedral pero, a través de múltiples voces, vamos reconstruyendo la historia de esta familia, que desde el inicio se adivina trágica.
En Buenos Aires al momento de la entrevista, Marcial Gala habló de su obra, su génesis y las marcas que Cuba ha dejado en su escritura.

–León Tolstoi decía aquello de "Pinta tu aldea y pintarás el mundo". ¿Cuánto hay de "tu aldea" en "La catedral de los negros"?
–Mucho y poco, Cienfuegos fue la última ciudad fundada por los españoles en Cuba, en 1819, o sea cuando el positivismo se había impuesto ya, responde a los nuevos preceptos de reordenamiento urbano, una ciudad de calles rectas, que tiene fama de ser la más limpia de Cuba, bastante alejada de la que reflejo en mi novela como un sitio donde la marginalidad es una solución básica y es que lo que se ha vivido en Cuba después del período especial, momento histórico que fue definido por nuestro gran cineasta Tomás Gutiérrez Alea como "una inversión total de todos los valores" de cierta manera fue un quiebre del orden social. Pero la literatura a mi entender, un poco distinto a lo que pensaba Stendhal, no tiene que ser un espejo al borde del camino y si lo es el espejo está distorsionado y muestra una realidad construida desde el lenguaje y desde las búsquedas estéticas.

–¿Cómo surgió la idea de hacer una novela coral, recurso poco frecuente en la literatura?
–Mi primera idea fue hacer una novela sin ficción del tipo A sangre fría de Truman Capote con más de 500 páginas, pero me pareció que era más interesante tratar de sintetizar todo lo referente a la construcción de la catedral y a los crímenes de la familia Stuart y al fracaso de la construcción de una vertiente del hombre nuevo, en una obra de ficción, empleando elementos afines al policial, a la distopía y a la novela testimonial, por eso escogí este método que aunque presenta el riesgo de todo lo fragmentario sin embargo tiene la virtud de la síntesis, de lo fantástico, lo subjetivo y la posibilidad de saltar de un espacio a otro. Sobre todo quise hacer una novela cuyo principal protagonista fuera el lenguaje, el de los que no tienen voz, la única manera de lograrlo era dándole a la novela este aspecto coral, casi de "suma" .

–La construcción de ese barrio cubano a partir de la segmentación del discurso de los personajes, ¿habla también de una fragmentación en la sociedad cubana?
–Tal vez sí, pero más que la fragmentación en Cuba habla de la rotura en el vivir contemporáneo, para mí el mundo es cada vez más un lugar psicótico, pues si vas a la etimología de la palabra esquizofrenia: mente dividida, te das cuenta que en la actualidad el cúmulo de información que nos llega es muy superior a la que podemos procesar, eso provoca una discontinuidad en la relación que el ser humano tiene con su realidad, producida por nuestra incapacidad de asimilar toda esta información que nos llega, eso crea una pérdida de sentido muy grande.

–Se tratan la homofobia y el racismo en la obra. ¿Esto es un reflejo de lo que sucede en Cuba?
–En Cuba sí, pero también en todo el planeta, en Cuba es necesaria una legislación que pene la homofobia y que autorice el matrimonio igualitario. En cuanto al racismo está muy preñado de algo que es común en el mundo que es el desprecio al pobre, al fracasado y en Cuba y en las mayores partes del orbe el fracaso se asocia muchas veces a un determinado color de piel.

–Desde el inicio sabemos que algo muy malo sucederá en torno a los Stuart. En base a esta anticipación, ¿podemos decir que tu obra tiene algo de tragedia en el sentido clásico?
–Es posible, aunque la tragedia en la contemporaneidad es aceptar lo banal de la vida, aquello de que "es necesario de que nada cambie para que todo cambie", y en mi novela –que es para mí, entre otras cosas, una de las tantas indagaciones sobre la naturaleza del mal– lo importante es comprobar que a pesar de los sueños rotos de alguna manera la vida sigue y lo trágico gravita de una forma u otra sobre la literatura contemporánea.
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