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domingo 11 de junio de 2017

Los piojos del talentoso y los del hijo de vecino

Dylan jugó a ser antisistema cuando le concedieron el Nobel de Literatura. Pero el millón de euros ya está en su cuenta de banco

Cuesta entender que gente talentosa e inteligente ande haciendo paparruchadas de esas que uno cree que están reservadas sólo para los tarambanas o los farabutes de a pie.

Mire, si no, al bueno de Bob Dylan, un artista notable, embarcado en hacer papelones desde octubre del año pasado hasta esta semana en torno a si iba a aceptar o no el Premio Nobel de Literatura que le concedió la Academia Sueca.

Muchos decían: qué bien, mirá como Dylan les está diciendo a Los Nobel & Company que se guarden los euros en la corona.

El mono y la plata
Pero no. Todo había sido una opereta antisistema.

Justo unas pocas horas antes de que se cayera la posibilidad de retirar la gloriosa tarasca en euros que prevé ese galardón, Bob Dylan cumplió con el protocolo establecido por la Academia Sueca y presentó en video y en papel el discurso de aceptación del premio.

Si no cumplía ese plazo, la mosca (casi un millón de euros) se guardaba para mejor ocasión y no había derecho al pataleo.

¿Oropel? ¡Puaj!
Previamente había jugado al misterio con todos nosotros como el gato maula con el mísero ratón.
Se hizo el fruncido vip y nos dio a entender que los oropeles le interesaban un soto.

Si hubiera sido cierto, sería respetabilísimo.

Sin embargo, vivo como pocos, cumplió primero con el rito de enviar a una amiga artista a recibir la papeleta a la ceremonia central.

Luego creyó que todos se iban a olvidar del asunto y que iba poder ir a cobrar calladito y sin que nadie se enterara.

Bendita transferencia
Pero fue la propia Academia Sueca la que anunció con bombos y platillos que, sobre la hora, y haciéndose el modosito, el amigo Dylan cumplió con todos los requisitos y reclamó el millón de euros.

La Corona sueca le transfirió de inmediato a su cuenta en los Estados Unidos los benditos y deseados euros.

Un winner.
Así fue como Dylan dejó de cumplir el papel de rebelde de la gran siete y se convirtió en un ser humano con las agachadas y cabronadas de un hijo de vecino.

Un mortal sin pedestal.

Pregunta: ¿para eso nos intoxicó con su show de "a mí me ne frega" la plata o los honores?

Con haber dicho: gracias, pero no acepto premios porque me condicionan y yo soy un hombre libre hubiera bastado.

O podría habernos dicho: yo no me ando haciendo pis a chorritos por recibir este ni ningún premio, mi premio son mis seguidores, los que aprecian y complementan mi obra. Yo tengo bastante con el reconocimiento del público.

Un actor
O podría haber dicho: gracias Academia Sueca por este galardón que acepto complacido.

Pero no.

El muy respetado y querido trovador se largó a hacer desde octubre del año pasado –en que se anunció que él era el nuevo Nobel de Literatura– a una sesión continua de impostura.

Encima, se hizo entregar la medalla en una ceremonia secreta a la que nadie tuvo acceso.

La Academia tuvo el gesto de explicar que el discurso de aceptación del Nobel por parte de Dylan había sido "elocuente y extraordinario" y que había estado a la altura del nivel poético del personaje.

Pompa y circunstancias
Podemos entender sin problemas que este vate o cualquier otro artista le haga asquito a la pompa que suelen tener estas ceremonias.

Pero si querés embolsarte el millón de euros tenés que ser consecuente con el protocolo que rige en la Academia.

Si no, es a todas luces contradictorio andar batiendo el parche con ese discurso antisistema y al mismo tiempo contar euros como si fueras el kirchnerista Josecito López o los chabones de La Rosadita.

No es de poeta talentoso y respetado tener un espiche para la gilada y otro para ti mismo.

En los pueblos se suele repetir un dicho popular que afirma: si te gusta el durazno, aguantate la pelusa.

Preguntas a vos mismo
¿Cuántos caminos debe una persona de caminar antes de que lo llames un hombre?

La respuesta, mi amigo está soplando en el viento.

¿Cuántas veces puede un hombre alzar la vista hasta que pueda ver el cielo?

La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento.

Estos versos fueron escritos por Bob Dylan en 1963.

Me emocionaron. De joven y ahora. Los escuchaba en inglés, pero incluso en el lenguaje de Shakespeare ya me sugerían un mundo.

Lo ratifiqué cuando los pude leer bien traducidos.

Fíjese, lector, en este otro verso conmovedor:
¿Cuántas veces un hombre puede voltear la cabeza pretendiendo que él no ve?

La respuesta, querido amigo Dylan, me la enseñaste vos: está soplando en el viento.
Fuente:

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