A Fondo A Fondo
domingo 17 de julio de 2016

"Los niños te devuelven nucho más que los adultos cuando los curás"

En julio del 2015, Vanesa Rodríguez se graduó como médica especialista en cirugía pediátrica. En ocasión de su colación de grado, los profesores decidieron otorgarle una distinción, porque el de Vanesa no era un título universitario más: ella se convirtió en la primera médica cirujana pediátrica recibida en la provincia.

Si bien dice que nunca sintió la diferencia con los médicos varones, fue una decisión que le costó tiempo y esfuerzo. Pero ese trabajo comienza a dar sus frutos: Vanesa y dos de sus compañeros, Antonio Estéves y Federico Sánchez, se harán cargo del área de cirugía general pediátrica del hospital Scaravelli, de Tunuyán, un proyecto que, si bien fue aceptado inmediatamente por las autoridades provinciales, pergeñaron ellos mismos.

Diario UNO dialogó con la joven especialista que se va a trasladar dentro de muy pocos días a vivir al Valle de Uco, para brindar lo mejor de sí en el servicio que se acaba de inaugurar.

–Me llama la atención que sea la primera cirujana pediátrica, una especialidad que las mujeres siguen sin elegir demasiado...
–Es cierto, pero esto pasa a nivel provincial, en pediatría soy la única, en adultos hay varias, y muchas ahora haciendo la residencia, en el Central, Perrupato y Lagomaggiore. En el Garrahan, donde he estado haciendo residencia también, sí hay muchas médicas cirujanas infantiles. Si bien es verdad que la única residencia que hay en Mendoza es la del hospital Notti, antes era a término, es decir, se abría la residencia y se esperaba que pasaran los cuatro años de formación para abrir otra. Esto fue cambiando. En mi caso, que empecé la residencia en el 2011, lo hice con otro compañero.

–¿Cómo escogió la especialidad?
–Tiene que ver con mi carácter, más resolutivo. Me siento identificada con esa forma de trabajar. Lo que sí yo no sabía que había cirujanos pediátricos, pensaba que los mismos cirujanos de adultos se encargaban de las cirugías infantiles. Cuando entré en el Notti y empecé a rotar, gané una beca para irme al Garrahan y ahí fue que se me aclararon muchas de estas dudas y me decidí por lo que quería hacer.

–¿Qué le aportó el aprendizaje del Garrahan?
–La verdad es que si lo comparás con la atención pediátrica que tenemos en Mendoza, el Notti tiene un flujo de pacientes muy importante, es un hospital prestigioso. Sí puedo mencionar algunas diferencias por la complejidad, por el instrumental, por lo que es el edificio, viene gente a hacerse atender hasta de los países limítrofes. Sin embargo, muy pocas cosas se derivan de acá a Buenos Aires.
–A su criterio, ¿qué le falta al sistema de salud?
–En cuanto a profesionales, creo que estamos bien y hay suficientes médicos, pero con una distribución irregular en el territorio, muy concentrados en el centro de la provincia. En el hospital Schestakow, por ejemplo, hay instrumental e insumos pero falta renovar la planta de profesionales, muchos se han ido jubilando.

–Frente a una emergencia, ¿quién resuelve? ¿El equipo o solamente el médico toma la decisión?
–Sin duda yo valoro el trabajo en equipo. El médico no puede resolverlo todo.

–¿Se sintió alguna vez discriminada o poco valorada por el hecho de ser mujer en la profesión?
–Para nada, nunca me hicieron sentir eso. Si bien fue nuevo para mí, para ellos también, porque nunca hubo una mujer residente en cirugía pediátrica.

–Las estudiantes que se interesan por esta especialidad. ¿qué consultan? Imagino que más que nada quieren que les cuente su experiencia...
–Hay mucha inquietud por la cirugía pediátrica, lo he podido hablar con alumnas de la Facultad de Medicina cuando hemos concurrido a dar alguna charla. En todos los años que han abierto las residencias ha habido postulantes mujeres, pero lamentablemente no han entrado.

–¿Qué requisitos hay que cumplir?
–Básicamente, rendir el examen de residencia. Lo tenés que aprobar y después se adjunta con tu promedio de la facultad. Es por orden de mérito.

–¿Qué importancia tiene la profesión en su vida?
–Es muy importante y me demanda mucho tiempo, pero también me gusta y disfruto de hacer otras cosas, tener un cable a tierra. Es cierto que las guardias demandan mucho tiempo, y que un quirófano no es como un consultorio, no lo tenés en tu casa y ves cómo distribuís tu trabajo, dependés del hospital, y son los pacientes los que marcan el ritmo.

–¿Tiene pensado cumplir con algún desafío profesional distinto al actual?
–Lo que quiero es dedicarle todo mi potencial a la medicina quirúrgica, especializarme, esa es mi intención a futuro.

–Dentro de la medicina quirúrgica, ¿qué le gustaría hacer que no haya hecho hasta ahora?
–Mi idea es hacer oncocirugía, pero es complicado. Hay que pensar en irse del país, especializarse en un buen lugar y después volver e insertarse.

–Es como fuerte...
–Es fuerte, pero te nace. No lo haría por plata porque no me conviene. El desgaste que tenés es mucho más importante que lo que recibís económicamente. Pero acá que un niño vos lo veas dolorido, lo puedas ayudar y operarlo, y que a las horas te está agradeciendo, es la mejor respuesta

–¿Hay algún aspecto que le resulte frustrante de la profesión?
–La falta de recursos, muchas veces han faltado cosas básicas en el hospital por las situaciones económicas de crisis que hemos atravesado. Pero siempre termina apareciendo alguien que quiere colaborar, ayudar con equipos nuevos, y se arreglan las cosas.

–¿Qué ha sido lo más difícil que le ha tocado vivir como médica?
–Muchas situaciones shockeantes en las guardias, cuando viene un chico con un politraumatismo grave y tenés que contener también a los padres, a los abuelos, a los tíos, porque todos esperan que les des una respuesta, es complejo. Para eso nos preparamos, lo que no quiere decir que no duela, pero te vas focalizando en lo que tenés que hacer.

–¿Por qué decidió dedicarse a los chicos?
–Porque el niño te devuelve muchas más cosas que el adulto. Es natural, lo ves, le duele y llora, no le duele más y está contento. No te miente. Si bien es más complejo porque tenés el grupo familiar atrás, y eso ejerce presión, la retribución que te da un niño es mucho mayor a la de otros pacientes. Lo poco que puedas hacer por él te lo retribuye.

–¿Ha dejado de hacer cosas por dedicarse a lo profesional?
–He dejado cosas de lado como irte de vacaciones, o cumpleaños, eventos familiares, las fiestas de fin de año. Es complejo, pero la gente que te quiere te entiende.

–¿En qué momento de su vida surgió la vocación por la medicina?
–En la primaria iba al Instituto Rodeo del Medio y en una clase de Ciencias Naturales que me dio mi señorita Laura descubrí que esto me encantaba. La primera vez frente a un esqueleto me quedé fascinada. Me costó entrar a la universidad porque fui a una secundaria donde todo tenía que ver con economía, no tenía física, química, ni biología. El primer año me faltaron cinco puntos para entrar. Al segundo lo logré.

–¿Está de acuerdo con las exigencias que tiene en el ingreso a medicina la UNCuyo?
–Estoy de acuerdo. No es posible que en Medicina asistan más de 100 alumnos en primer año. Por ejemplo, en la morgue, donde cursamos Anatomía, hay un preparado cada diez alumnos. No hay forma de salir bien entrenado si son tantas las vacantes. Lo mismo sucede en las prácticas: no se puede estar en un consultorio, en un centro de salud, 20 chicos viendo a un paciente. Además no es una universidad para superdotados, lo que sucede es que hay que dedicarle tiempo y esfuerzo.

–¿Cuál es, a su criterio, el condimento básico para que un joven quiera hacer el esfuerzo?
–Te tiene que gustar lo que hacés, simplemente eso.
Fuente:

Más Leídas