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domingo 17 de julio de 2016

Las nuevas voces se hacen escuchar

Mañana se presenta un nuevo libro del Taller de la Palabra, dirigido por Mercedes Fernández, que reúne la producción de 28 autores locales

Como una celebración –en este caso de todos aquellos mundos que nos descubre la literatura–, deben de estar transitando los autores estas horas previas a la presentación del nuevo libro del Taller de la Palabra 2016, dirigido por la escritora Mercedes Fernández (que también ha sido jurado de los Premios Escenario), que en esta edición reúne los textos de 28 "talleristas" que culminan en la letra impresa el trabajo de muchos meses.

Distintas edades, vivencias, ocupaciones, experiencias se han reunido con un fuerte lazo en común: el amor por leer y las ganas de escribir.

Para la Universidad de Congreso, donde se realizará la presentación, también es un hito importante: "Es una de las primeras actividades que desarrolla el Centro de Estudios Antonio Di Benedetto, proyectado para ser un nexo entre los espacios de comunicación y las expresiones culturales", según detalló Gustavo Made, secretario de Extensión Universitaria y director de la carrera de Comunicación de la Universidad de Congreso.

–Me llamó la atención que muchos de los cuentos de este libro se inician con frases de diferentes escritores. Eso habla de buenos lectores...
–Es que la única forma de escribir es aprender a leer. En cada una de las jornadas del taller trabajamos con un cuento distinto. No solamente Jorge Luis Borges, Julio Cortázar o Ray Bradbury, sino de muchos escritores para puedan aprender recursos, formas de encarar un tema o el manejo de la palabra simbólica. Esto es algo muy interesante en el taller, porque se persigue permanentemente la forma de decir simbólicamente para ejercitarnos en esto de salirnos de la autorreferencia. En un taller se toma enseguida conciencia de esto. A lo mejor llegan con algunas de esas ideas, de contar su propia historia, pero se toma la costumbre de disfrazarla simbólicamente, por eso es el "taller de la palabra".

–Muchos de estos cuentos están referenciados en Mendoza, su paisaje, personajes, pero están ficcionados...
–Ese es el objetivo, convertir en ficción cosas de todos los días. Aprender a caminar en la calle siendo una gran oreja y un gran ojo, aprender a escuchar esos pedacitos de conversaciones que parecen inútiles. Estás haciendo una reproducción de tu propio paisaje geográfico e interior, porque vos vas caminando por la calle según como te hayas levantado, con una sensibilidad particular de espíritu o emocional y aprendés a universalizar tu espacio geográfico.

–En los relatos hay varios géneros, desde el realismo hasta lo fantástico...
-Por lo general trato de impulsarlos hacia lo fantástico. Volar hacia lo fantástico es un recurso muy accesible para salir de la autorreferencia.

–Como lector uno puede pensar que ya está todo dicho, ¿esto pesa a la hora de escribir?
–Tomamos conciencia desde el principio de que los grandes temas ya están todos dichos. No interesa qué vas a decir, sino cómo lo vas a decir, eso es lo relevante. No el qué, sino el cómo. En el cómo incorporás los recursos, líneas de abordaje del mismo tema, allí es donde cada uno va encontrando su propia voz.
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