A Fondo A Fondo
domingo 07 de agosto de 2016

Las nubes gaseosas y la tendencia a emboludecer

Un peronista ha instituido una nueva especie de teorema, según el cual los líderes caen en esa inclinación en tanto se acercan a Olivos

"El poder emboludece a los líderes. Cuando llegan a Olivos entran en una nube gaseosa. Y pierden el contacto con la realidad".

La frase, que pertenece al peronista Jorge Yoma, sugiere un misterioso proceso de degradación por el cual políticos en apariencia inteligentes, audaces y empeñosos suelen volverse engreídos, insensatos y torpes en el ejercicio de sus funciones ejecutivas.

La consigna
Diríase que la Máxima Nº1 podría ser: se emboludece ya en un primer período, pero mucho más en un segundo mandato consecutivo.

El segundo mandato es el territorio ideal para tal descenso porque el poder a esa altura los ha envanecido de manera burda.

Que lo digan, si no, Menem, Lula Da Silva, Dilma, Michele Bachelet. O Cristina.

Lo primero que Cristina Fernández de Kirchner anunció cuando un portentoso 54% de los votos la catapultó a su segunda presidencia no estuvo dedicado a ese enorme y muy heterogéneo número de votantes que la había apoyado y que, por ser de tan diverso pelaje, merecía más respeto y consideración de la elegida.

Por el contrario, Cristina desechó esa heterogeneidad y le habló sectariamente a su círculo áulico, el de la militancia camporista, a los que les prometió el famoso: "Ahora vamos por todo".

Sólo le faltó decir "al enemigo, ni justicia" o, si se lo quiere con el estilo bailantero de Miss Bolivia: "A la gilada, ni cabida".

Aquí y acullá
Carlos Saúl Menem se pasó buena parte del segundo mandato viendo cómo podía jodernos a todos y a la propia Constitución para poder colarse en una tercera presidencia que la Constitución le tenía vedada.

Otros políticos más de cabotaje, como el sanjuanino José Luis Gioja, determinaron durante su segundo mandato de gobernador que el apellido Gioja era sinónimo de sanjuaninidad y que sin él la patria de Sarmiento se iría al bombo .

Así fue como Gioja logró la modificación pret a porter de la Constitución de San Juan y accedió a un tercer mandato.

Antes juró por su madre y por los evangelios que no iba a insistir para un cuarto mandato.

Pero cuando ya estaba en el tercero empezó a tener amnesia y mandó a sus amanuenses a testar un cuarto mandato. Un papelón.

Vocé abusó
Lula Da Silva, en Brasil, tuvo su segundo mandato, período en el que la red de corrupción –con el petrolao como nave insignia– sumió a ese país en un festín corrupto.

A partir de los dineros del petróleo y con una larga lista de empresarios sumándose a un aquelarre de deshonestidad, un partido de izquierda (el PT), que había sido mostrado como ejemplo de inclusión en todo el mundo, terminó mostrando la peor hilacha.

Piar tarde
En su primera presidencia Dilma Rousseff, una ex guerrillera, buscó adecentar la fiesta del choreo, pero ya era tarde.

Echó de su gabinete a ministros y secretarios porque se estaban enriqueciendo de manera grosera, pero le fue imposible parar la bola de nieve que venía agrandándose desde la segunda presidencia de Lula.

Dilma terminó suspendida en sus funciones no específicamente por corrupta sino porque "dibujó" presupuestos y movió de manera ilegal partidas de dinero para favorecer los gastos para su reelección.

Baja del podio
Ahora todo indica que al otro día que terminen los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro Dilma pasará de estar suspendida a ser una presidenta destituida.

Por estas mismas horas un grupo de fiscales que investiga el petrolao ha involucrado de lleno al ex presidente Lula Da Silva en la red de corrupción de Petrobrás.

"Hay elementos de prueba para asegurar que Lula participó activamente en el esquema criminal que operó en Petrobrás". Así lo asegura un documento de la Fiscalía conocido el viernes mientras los fastos de la apertura de los Juegos Olímpicos asombraban a millones de personas en todo el mundo.

Pareciera entonces, siguiendo la teoría Yoma, que llegar a la presidencia es empezar a acceder a un olimpo donde los razonamientos de los ciudadanos de a pie comienzan a separarse abruptamente de la forma de pensar de los mandatarios.

¿Qué bicho les picó?
De otra manera no podría explicarse por qué el gobierno de Macri ya suele caer en algunos de los mismos métodos que le criticaba al kirchnerismo.

Por ejemplo, ya están más preocupados en armar estrategias y listas de candidatos para las elecciones legislativas de 2017 que en terminar de definir si el aumento de las tarifas será gradual o brutal.

Y todo eso en un país donde lo que vaya a pasar dentro de un año no lo saben ni los mejores adivinos.
Así es como ya quieren echar a determinados jueces en el Consejo de la Magistratura como hacían los kirchneristas.

Ya se han apropiado de la "big data" (léase, los datos de todos nosotros que figuran en la ANSES o la AFIP) para bombardearnos con "comunicación adecuada" durante las campañas o cuando cuadre.
Ya andan enloquecidos por lo que se dice o se deja de decir en los medios o por si una parodia en la TV los puede afectar.

¿Son los mismos –se pregunta uno– que hace 6 meses nos aseguraron que ellos eran verdaderos demócratas y que no iban a tratar de frenar con pauta publicitaria –como alevosamente hacían los K– las críticas contra ellos en los medios?

Confían demasiado en las redes sociales y cada vez menos en el olfato político.

Digo yo...
Entonces, muchos, que en líneas generales apoyan y esperan mucho de este gobierno, al que le reconocen varios logros, como la reparación a los jubilados, la adecuación de parámetros económicos a una lógica moderna de mercado, la ampliación de las asignaciones universales por hijos, la aceptación de que la inflación es un problema, empiezan a hacerse preguntas.

Por ejemplo: ¿no era que la mayoría de los argentinos los habían votado para deskirchnerizar la forma de gestionar la política en el país?

Final abierto
Jorge Yoma, el autor del "emboludecer", ha propuesto otra idea que, claro, necesitaría de una modificación de la Constitución, algo improbable en estos tiempos: se trata de volver a un único mandato presidencial de 6 años.

La presidencia de 6 años sin posibilidad de reelección es la que rigió hasta que el primer peronismo llamó a una Constituyente y la modificó para permitir la segunda presidencia de Juan Domingo Perón.

Todos sabemos cómo terminó Perón esa segunda presidencia, etcétera, etcétera.
Fuente:

Más Leídas