A Fondo A Fondo
domingo 20 de marzo de 2016

La pregunta del millón es para Lula: ¿vocé abusou?

Ahora Hitler reencarna en Cornejo, by SUTE. En Brasil el héroe regresa por la ventana. ¿Otra mentira con lo del paso a Chile?

¿Por qué esta vez deberíamos creerle a los funcionarios de Chile y Argentina que ahora sí van a humanizar y acortar los trámites de Aduana y de Migraciones para ir o venir de Chile?

Que nos disculpen los cancilleres y sus amanuenses que días atrás participaron en una de esas pomposas reuniones bilaterales realizada en la cordillera. Por ahora descreemos. Que concreten la promesa. Y después vemos.

Los nefastos antecedentes en la materia no les dan ningún aval para que confiemos. En los últimos 30 años los presidentes y los cancilleres de ambas naciones han firmado todo tipo de papeles inservibles y han lanzado discursos vacuos en los que nos aseguraban que iban a dejar de maltratar con plantones de varias horas a los viajeros de uno y otro país.

Puro biribiri. Mamarrachismo político.

Los presidentes y los cancilleres firman supuestos acuerdos bilaterales, aparecen en fotos y videos, obtienen títulos en los diarios, las radios y en la tele, pero después se desentienden y los que en realidad toman las decisiones son (ya lo dijimos alguna vez) "un grupo de burócratas rebeldes de Migraciones y de Aduana".

Hasta Paco Pérez llegó a decir en 2013 que esas reuniones bilaterales se habían convertido en algo así como reuniones de hipócratas.

Ese mismo gobernador, tan pobremente ponderado por su gestión, culpó al gobierno de Chile de ser el responsable directo de los desatinos, plantones y demoras que los ciudadanos padecen en la frontera entre Mendoza y Chile.

Pero usted y yo sabemos que para bailar el tango se necesitan dos. Nada dijo Pérez del gobierno argentino ni de nuestra Aduana y Migraciones. Es que por entonces abrir la boca en ese sentido le hubiera costado que Cristina lo mandara a Siberia.

Hitler vive en Mendoza

Ya llevamos tres meses de gobierno con Macri y, que sepamos, los que anunciaban que se irían del país para salvarse de la ignominia hitlerista en que se iba a convertir la Argentina han incumplido su promesa. Y eso que nadie los había echado.

Hasta el actor Gerardo Romano ha salido a pedir perdón por haber afirmado que los que votaron a Macri eran una manga de pelotudos. Y ya no dice que Macri sea peor que Hitler.

En Mendoza, en cambio, el SUTE, gremio de los docentes, sí cree que Alfredo Cornejo es peor que Hitler. Así lo hicieron saber ante la Legislatura donde colocaron carteles con la figura de Cornejo convertido en el führer.

Es una pena que los gremialistas del SUTE, que por la misma característica del trabajo docente suelen poseer un mayor nivel de formación y de información que otros sindicalistas, embarren sus argumentaciones en contra del aumento por decreto para los docentes con este tipo de tonteras.

Uno puede entender que el gobernador es un poco soberbio, pero, joder hombre, el susodicho fue votado por una mayoría de la población de Mendoza.

Critiquémoslo todo lo que haya que criticarle, pero compararlo con Hi-tler es una soberana estupidez, una pendejada, por más que a muchos no les guste lo del item aula.

Además hay que reconocer que ya en la campaña electoral Cornejo había adelantado que iba a hacer cirugía para tratar de sacar todo el pus que estaba infestando la gestión estatal.

Los mismos gremialistas del SUTE estaban entre los que advertían que eso que Cornejo prometía para adecentar el estado no era más que un salvaje ajuste.

Sin embargo, la mayoría de la población votó a Cornejo por la contundente razón de que la mayoría de la población está convencida de que llegó la hora de ponerle coto al despilfarro de fondos públicos

A corrupcao nao tem fim

El neurólogo Facundo Manes, quien con sus libros ha logrado convertir a parte de esa ciencia en un artículo de difusión masiva, afirmó que está sorprendido de las diferencias que la cultura política de Mendoza tiene con la de otras provincias argentinas. Y lo atribuye a una de las gemas de nuestra Constitución provincial: aquí no se permite la reelección del gobernador.

Eso nos ha permitido tener más acotadas las ansias autoritarias de los políticos que llegan a ese cargo, a que no hayan familias enquistadas en el poder de una manera feudal, y a que sea un poco más difícil sostener en el tiempo un mismo andamiaje corrupto.

Revaloricé este comentario cuando en estos días la crisis política de Brasil nos ha mostrado a un Lula da Silva que, de ser en algún momento el presidente más valorado en el planeta, se ha convertido ahora en un hombre acorralado por la posibilidad cierta de terminar en prisión.

Es que su supuesta participación en el "petrolao", el mayor escándalo de corrupción en la historia moderna de esa nación, ha hecho que Brasil haya mutado de ser la locomotora que empujaba el cambio social en Latinoamérica, a un país ensombrecido por la corrupción.

Y eso dentro de un partido político de izquierda que supo ser el faro de esperanza para el ascenso social de los menos favorecidos.

Como en un dominó imparable, un funcionario tras otro han ido cayendo a los estrados judiciales de esa nación.

Pertenecen al Partido de los Trabajadores y a otras agrupaciones políticas de sus socios políticos.

Pero, también, han caído una larga lista de empresarios que fueron parte de ese toma y daca voraz que, con los dólares del petróleo, se armó para enriquecerse de manera desembozada.

En 1988, cuando era un ascendente sindicalista, Lula dijo en un acto público una frase que tuvo mucha repercusión: "En Brasil, cuando un pobre roba, va a la cárcel. Pero cuando un rico roba, lo nombran ministro".

Ahora, ante la situación política que lo acorrala, con denuncias de haberse enriquecido de manera ilícita durante las tres presidencias del PT (una suya y dos de Dilma), aquella frase de Lula nos electriza.

Es que, colocada sobre el fondo de una crisis brutal que no cesa y en la que Lula lucha por ser ungido jefe de ministros de Dilma (para poder tener fueros y evitar así ir a prisión), aquella frase del gremialista podría leerse bajo un conocido concepto de los penalistas: "A confesión de partes relevo de pruebas".

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