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lunes 09 de enero de 2017

La muerte de Ciro Bustos, el mendocino aliado del Che

El artista y guerrillero se sumó a la lucha en Cuba en 1961 y protagonizó la revuelta con Guevara en Bolivia. Falleció en Suecia

"El Che quiere verte", habría sido la frase que le dio un vuelco a la vida del pintor y guerrillero mendocino Ciro Bustos. En 1961 el coterráneo había viajado a Cuba atraído por la revolución y de la mano de Alberto Granados –aquel que recorrió Latinoamérica con Ernesto Guevara en moto– llegó hasta el líder revolucionario.

Vivió en la selva salteña reclutando militantes y hasta se dice que recorrió clandestinamente el país con el mismo fin. Fue uno de los protagonistas de la guerrilla en Bolivia, y hasta su muerte, el 1 de este mes, cargó con el estigma –creado por un rumor– de haber sido "el Judas", quien delató al Che y zanjó su captura final. Tras su muerte, un libro autobiográfico, un documental sueco y un amigo mendocino le hacen justicia.

Ciro Bustos se había formado en la escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo y ya en la Isla echó mano a sus estudios para dar clases de arte y a la par realizar ejercicios como miliciano. Una vez enrolado en las filas del Che, en 1963 participó de la insurgencia del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) que lideraba otro argentino, Jorge Massetti, en distintas zonas selváticas de Salta. La idea del Che era internacionalizar la revolución cubana en su país natal y Bustos era el encargado de armar una red de apoyo a Massetti, pero el hambre, las deserciones y las infiltraciones dieron por tierra con el proyecto y varios de los integrantes cayeron presos.

"Ciro Bustos se lanzó a los caminos, atravesó el mar y se instaló en la tierra de Fidel. 'El Che quiere verte' –le dijo alguien y nació el Ciro Bustos guerrerillero... Un mensaje me daba cuenta de la presencia de Ciro en el Norte argentino en Orán, Salta, con un grupo a cuyo frente estaba el comandante Segundo, también argentino, para emprender una nueva epopeya armada para la Argentina. El mensaje incluía la invitación a unirme al proyecto, para lo cual había que montar, aquí en Mendoza, una base para avituallamiento (conversaciones de logística), sanidad y reclutamiento.
Alcanzamos a transitar muy poco del proyecto, logrando reclutar a unos seis compañeros, que no alcanzaron a incorporarse por la caída del proyecto", recordó el militante local Ramón Abalo (88), quien integra la Liga Argentina por los Derechos del Hombre en Mendoza y fue coetáneo de Bustos.

Sin embargo, ese embate no lo hizo desistir. Ciro Bustos era sinónimo de entrenamiento militar en Cuba, de combatiente, de pasaportes falsos y hasta de mensajero del líder guerrillero, y tal vez por eso se le asignó la tarea de reclutar a militantes marxistas e integrar la lucha guerrillera en Bolivia.

La fuerte acusación de delator
En La Paz, Bustos se reunió con Régis Debray, periodista y escritor francés de ideología marxista, y juntos se dirigieron a Ñancahuazú.

En las páginas de su libro El Che quiere verte, Bustos cuenta que aquel foco guerrillero debió pasar a la defensiva sin cumplir con sus objetivos debido a errores propios y a que el ejército boliviano insertó en la selva batallones que se movían como unidades guerrilleras.

En abril de 1967 –unos meses antes de la captura del Che– Bustos y Debray cayeron prisioneros. La versión del gobierno cubano y el Partido Comunista asegura que a ambos se los interrogó y torturó con la asistencia de agentes de la CIA y que Bustos fue el delator que dio la información precisa que posibilitó que la operación militar Quebrada del Yuro lograra detener y asesinar al Che Guevara.

Ciro Bustos siempre lo negó y de hecho en su libro también sostiene su inocencia. Lo absuelve, además, el documental sueco Sacrificio ¿Quién traicionó al Che Guevara?, producido en 2001, donde se entrevista al general boliviano Gary Prado (autor material de la detención del Che) y al ex agente de la CIA Félix Rodríguez, quienes aseguraron que no necesitaban de la información que pudieran aportar Bustos y Debray, ya que conocían que era el guerrillero argentino quien lideraba la revuelta en Santa Cruz.

"El estigma lanzado por Debray fue para tapar su propia infidelidad cuando la Guerra Fría, en la que él se inclinó con fervor por el capitalismo imperialista. Fui su compañero (de Bustos) y siempre estuve al tanto de su lucha al lado del Che y la revolución cubana", lo defiende Ramón Abalo. Su versión coincide con la de la misma hija del Che Guevara, que allá por 1996 sostuvo: "Todo indica que al caer preso, Debray habló más de la cuenta".

Exilio y muerte
Tanto Bustos como Debray fueron condenados a 30 años de prisión, pero sólo cumplieron 4 y fueron liberados por el ex presidente boliviano Juan José Torres. Después el mendocino se radicó en Chile hasta el golpe de 1973 y de regreso al país recibió continuas amenazas de la Triple A. Con el inicio de la dictadura se exilió en Malmö, al sur de Suecia, donde pasó sus últimos años jubilado y aquejado por una jaqueca crónica que mitigó con permanentes analgésicos.

Había nacido en San Rafael, en 1932 y el inicio del 2017 vio cómo se apagaba su vida.
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