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domingo 22 de mayo de 2016

La médica mendocina que impulsó una investigación mundial en el Lagomaggiore

Cuando la cirujana mendocina María Marta Modolo (37), especializada en Barcelona y Edimburgo, terminó la residencia en el hospital Lagomaggiore, fue la quinta mujer recibida en esa especialidad

Cuando la cirujana mendocina María Marta Modolo (37), especializada en Barcelona y Edimburgo, terminó la residencia en el hospital Lagomaggiore, fue la quinta mujer recibida en esa especialidad.
María Marta no sólo integra la poco nutrida lista de cirujanas de la provincia sino que además se instruyó en un área en la que las mujeres tienen muy poca o ninguna incidencia: es especialista en trasplante de hígado. También tiene un gran sentido de pertenencia a su ciudad de origen, y quiere colaborar con sus investigaciones, aportar "su granito de arena" para que la atención pública de salud sea de excelencia.

Por esto regresó a la provincia luego de vivir en Europa, y trajo consigo la posibilidad de que Mendoza ingresara en dos protocolos de investigación internacional. Del análisis de los resultados de estos estudios, se desprenden conclusiones que, de ponerse en práctica, traerán beneficios concretos al sistema sanitario local.
–¿Te costó ingresar en esa área tan de varones que es la cirugía?
–Sí, me costó, pero actualmente la sociedad está siendo más abierta en este sentido, cada vez más mujeres en las facultades, como en especialidades antes vedadas a las mujeres, como la traumatología, urología y la cirugía. Esto es por la actitud y aptitud de las mujeres, tan dedicadas, que se esfuerzan y sacan mejores notas. En cuanto a los concursos, se van posicionando bien con esto.

–¿Notás diferencias entre lo que ocurre en Argentina y en otros países en este aspecto?
–En Argentina no tanto, pero en los países más desarrollados, el papel de la mujer en medicina quirúrgica es muchísimo más importante que el del hombre, la mujer lo ha desplazado. El rol de la mujer es el que ha cambiado, modificando la situación en general. Cuando las mujeres nos ponemos un objetivo, lo cumplimos, es una mezcla entre poder y querer.

–¿Es cierto que son pocas las cirujanas en la provincia?
–En Mendoza no hay tantas cirujanas, pero en los grandes centros como en Buenos Aires, la realidad es diferente. Acá siempre fue menor la incidencia. Yo fui la quinta mujer que terminó la residencia como cirujana en el Lagomaggiore. Ahora se está recibiendo otra chica, diez años después.

–¿Por qué pensás que ocurre?
–La residencia en cirugía es una de las más duras, en el sentido de que son muchas horas, hay que estar muy concentrado diagnosticando, operando, los residentes de cirugía son los únicos que hacen guardias activas. Es mucha exigencia en comparación con otras residencias.
–En tu caso, ¿cómo elegiste la especialidad?
–Desde muy chica quise ser médica, pero siempre me interesó la biología, los tejidos, las articulaciones... bueno, "desarmar" cosas. Cuando estaba en los primeros años de la universidad, un tío que es un cirujano muy prestigioso en la provincia –Rolando Valent– me preguntó si quería participar en la cirugía de apéndice de mi hermano. Le dije que sí, porque me fascinaba ese tema.

–Supongo que hubo escollos en el camino...
–Siempre existieron estos tabúes sociales. 'Es una carrera muy larga, muy dura, porqué no elegís una carrera más fácil', me aconsejaban y mientras más me decían que no, más quería hacerlo. La medicina es una ciencia humanística, tiene un plus que salva vidas, y depende mucho de tu decisión en el momento en que se atiende la emergencia. Y si bien es un equipo el que toma las decisiones, muchas veces uno está solo. Por eso, se debe estar muy concentrado y tener conocimientos realmente fiables. Para que tu decisión sea la que salve al paciente. Esto le agregaba emoción.
–Contame de la decisión de dedicarte a los trasplantes...
–Yo siempre tuve en claro que quería que mi especialidad fuera trasplante de hígado, esto fue así desde que terminé la residencia. Intenté ingresar en la Fundación Favaloro, pero no fue posible, porque ya estaba arreglado de antemano que fuera otra persona, entonces decidí irme al exterior, que tenía que ser la mejor en eso, que me tenía que especializar, que para sobresalir una tiene que poner mucho de sí misma.

–¿Cómo fue el camino para lograrlo?
–Por suerte recibí mucha ayuda de mi familia, de mis padres, ellos me respaldaron económicamente porque lo mío fue una "auto beca", me conseguí una plaza en el Hospital Clínico de Barcelona. Los requisitos no sólo fueron las calificaciones, sino una serie de parámetros que tuve que cumplir : qué cosas ha hecho en el tema, cuál es la trayectoria, qué está dispuesto a hacer...
–¿Por qué elegiste Barcelona?
–España en particular tiene la más alta tasa de donantes del mundo, una gran conciencia del tema. Al estar lejos yo no tenía idea de cómo era la situación y una amiga que vivía allá me dijo que me fuera, que eran muy avanzados en trasplantes. Barcelona se especializa en trasplantes. Cataluña en sí es una región muy independiente en este aspecto, y es la que hace punta con respecto al resto del país en esta especialidad.

–¿Cómo siguió tu carrera en Europa?
–Me quedé allí no un año, que era el tiempo que duraba la beca, sino tres. Conseguí trabajo, pude homologar mi título, empecé a hacer el doctorado, comencé a hacer investigación.

–¿Qué le aportó a tu formación Edimburgo?
–Luego se me abrieron las puertas para especializarme en otro tipo de trasplantes. Emigré a Edimburgo, Escocia. Además del trasplante de hígado, pude interiorizarme en intervenciones de riñón y páncreas.Allí encontré gente muy agradable, muy buena, que valoró mis conocimientos y rápidamente ascendí en la escala para dar clases en la universidad de Edimburgo. Me dediqué a investigar, documentar y a publicar. Eso se valora mucho en la actualidad. Es una forma de sumar un granito de arena, no sólo al propio ego de los cirujanos, sino de realizar un aporte a la comunidad.

–¿Cuánto tiempo viviste y estudiaste afuera?
–Ocho años en total, casi tres años en Barcelona y cinco en Edimburgo. Ellos no querían que me viniera porque me había desarrollado muy bien en todas las áreas. Estaba muy contenta de estar ahí, pero volví por mi familia y para aportar algo a la sociedad.

–¿Por eso decidiste volver, para ayudar?
–Sí, ese fue el motivo, siempre tuve en claro la posibilidad de volver para poder aplicar los conocimientos en un área en particular. Esto porque cirujanos hay muchísimos, pero cirujanos que estén especializados en un tema, con la posibilidad de realizar doctorados y posgrados, no hay tantos. De chica ya quería destacarme en esto. En Mendoza no había tantos cirujanos especializados en trasplante de hígado, por eso volví.

–¿Qué diferencia hay entre las condiciones para ejercer la medicina en Argentina y en Europa?
–La diferencia esencial de trabajar en Europa es la cantidad de puertas que se te abren, acá no hay muchas oportunidades, si cuando una se recibe en Mendoza no se pega a alguno de los médicos que ya están insertos en el sistema, se hace todo muy difícil. Para poder trabajar hay que hacerlo en equipo,

–¿Cuál es la principal dificultad en materia de trasplantes?
–Lo que nos desfavorece es que tengamos una sola lista de espera a nivel nacional. En Mendoza si un paciente está más o menos compensado, es muy raro que le llegue un hígado. Esto tiene que ver con la densidad de población. En Buenos Aires hay 30 personas con el mismo puntaje, entonces es factible que le llegue primero.

–También es un problema concientizar a la gente para que sea donante...
–Es fundamental. Sin donantes no hay trasplantes. En España, la tasa de donantes es de 34 donantes cada 10.000 habitantes. En Argentina, ese número se reduce a 15 donantes. Muy baja.

–¿Cómo fue la experiencia de su primera investigación en el hospital Lagomaggiore?
–La investigación buscaba evaluar la mortalidad de los pacientes a las 24 y 48 horas de ingresar a la guardia y ser intervenidos de urgencia de alguna patología abdominal fue impulsada por un consorcio mundial de cirujanos. Los interesados se anotaban y se elegían líderes en determinados países.. Yo elegí hacerlo en el Lagomaggiore, que era un hospital que siempre me recibió con las puertas abiertas.

–¿Cómo se realizó la evaluación?
–En Mendoza se evaluaron 45 pacientes en 28 días –entre octubre y noviembre del 2014– porque no nos dio más el tiempo, porque es una logística complicada, pedir muchas autorizaciones, inscribirse como investigador, pasar por un comité de bioética del hospital, pelear mucho. Había que estar siempre pendiente y empujando.

–¿Particularmente qué se evaluaba?
–Se trató de un estudio de cohorte –de incidencia– en la que se trata de evaluar qué es lo que pasa en un determinado aspecto. En este caso, se evaluaba la mortalidad, a las 24 horas y a los 30 días de la intervención. En cirugía es nuevo, no había estudios que se dedicaran a seguir pacientes antes, durante y después de la cirugía.

–¿En qué situación se los evaluaba?
–Eran pacientes ingresados de emergencias, operados en estas circunstancias de alguna problemática abdominal. Apendicitis, colecistitis, o un trauma (heridas de armas de fuego, armas blancas o heridas sufridas durante un accidente de tránsito, por ejemplo).

–¿De qué manera se los abordaba?
–En primer lugar, a través de los datos de ingreso del paciente, datos demográficos, edad, sexo, condiciones en las que ingresaba a la guardia, con enfermedades previas o no, situaciones dentro del quirófano, qué clase de corte se le realizaba, si se le daban antibióticos, tipo de anestesia. Una serie de variables extensa. Luego información del postoperatorio, si había necesitado nuevas intervenciones, si se recuperó bien, si falleció, etc.

–¿Cómo se trabajaron los datos?
–Se cargaron en una lista encriptada, donde los datos se agregaron en forma anónima. Se estudiaron más de treinta variables, así es que la información fue mucha. Participaron 58 países y más de 350 centros asistenciales.

–¿Qué conclusiones obtuvieron?
–Se quería evaluar la mortalidad de estos pacientes. Para esto, los países se dividieron por regiones, de alto, medio y bajo desarrollo e índice de calidad de vida. Evaluados por diferentes aspectos, mortalidad perinatal, nivel de vida y educación de la población, expectativa de vida, ingresos. En este caso, se utilizó la calificación de la ONU.

–¿En qué lugar quedó clasificada Argentina?
–Argentina y Chile quedaron entre los países de alto nivel de desarrollo humano. Lo interesante fue que el nivel de mortalidad fue bajo: murió un solo paciente, que representó el 2% de los pacientes evaluados, cuyo porcentaje es comparable a los países del primer mundo como Japón o Reino Unido.

–¿Qué conclusiones se desprendieron de la investigación?
–En este estudio quedó reflejado que tenemos alto nivel de trauma en cirugías de emergencia: armas de fuego, armas blancas y accidentes de tránsito. Alta tasa de violencia. Se trata de pacientes jóvenes de hasta 30 años, este es el dato que no coincide con países de alto desarrollo, en donde el nivel de trauma es bajo. En nuestro estudio, la incidencia fue del 6,5%, un porcentaje importante, no es despreciable para nada.

–¿Detectaron a través de este estudio algún aspecto para mejorar del sistema sanitario?
–Uno de los aspectos que se podría mejorar es la incorporación de equipos para realizar cirugía laparoscópica de emergencia. En el hospital hay un solo instrumental de este tipo en la guardia. Traería muchos beneficios porque se puede detectar de manera menos invasiva la patología y abordarla sin tanto riesgo para el paciente. Si bien es instrumental caro, con el tiempo el balance costo–beneficio deja un saldo positivo para quien realiza la inversión.
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