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martes 07 de junio de 2016

La llave la tenés Vos, buscá la posición

La llave la tenés Vos

Ocurrió mientras desde uno y otro lado del acantilado, discutíamos encendidamente como si estuviésemos inaugurando la dialéctica hegeliana.

Concentrados en reforzar juicios propios y en arrojar piedras contundentes contra el adversario, se nos quedó fuera de la página algún dato esencial.

El tiempo que en vez de asignarlo a la investigación sesuda y a la averiguación certera, lo dedicamos al combate de vanidades, nos hará falta cuando advirtamos que estamos perdiendo al menos por un tanto.

Toda la enjundia y el tesón puesto en centímetros de diarios, segundos de radio y programas de televisión no convertirán en verdad incontrastable nuestros deseos.

En el fragor de la discusión, y en el espacio que separa ambos bloques, se nos fugó una importante porción de la historia. Toda obstinación por vencer al contrincante suele concluir en un desgaste que nos hace olvidar inclusive del propósito inicial de la contienda. Así fue como mientras debatíamos militancia periodística y periodismo militante; periodismo independiente o mercenario periodismo, la mayoría siguió navegando por el río incontenible de la vida, prescindiendo de nuestras enjundiosas revelaciones. Y así es como las redes sociales son el Uber del taxi periodístico.

Juan Antonio con sus incipientes cuatro años se debate entre Superman y el Hombre Araña. Disfraz, cumpleaños, jueguitos en la computadora y televisión. Ni el Loco Chávez ni Juan Salvo de El Eternauta le suenan, por más esfuerzos que hagan en su casa.

No hay razón para desesperarse. Tampoco sueña ser -cuando crezca- Parker ni Kent. No el diario clarín del arácnido ni el periódico planeta del estereotipo norteamericano lo seducen, y sorprende con qué atención escucha y mira Zamba en el canal infantil que no es para chavos sino para pibes.

Aunque en el ranking de carreras universitarias, comunicación social esté entre las elegidas, tiene mala prensa.

Al siempre aludido pero no siempre leído Borges, le preguntaron sobre el periodismo y respondió: Para una persona que escribe en el dialecto de los periodistas, parece muy difícil que pueda escribir luego en el otro dialecto un poco más digno, el de la literatura. El periodismo mancha a la literatura y conviene que el escritor lo evite, Yo no he podido, confesaba con su ironía lacerante.

Efectivamente, el periodismo, entre sus muchas aristas, está definido desde su inicio como el arte de decir de alguien eso que alguien jamás quisiera que se divulgue. Revelar aquello que fue oculto con la intención de que no se conozca. Pero eso no lo exime de aprovechar la oportunidad para poner de relieve las infrecuentes bondades de algo o las virtudes de alguien. Tampoco es un pecado periodístico manifestar lo saludable que se ve la mitad del vaso, esa que está ocupada con agua, aunque podría haber optado por describir la contaminación de la otra mitad, esa que simula estar vacía pero que está repleta de microbios.

Así como los públicos tienen el derecho a informarse y la opción de elegir por dónde y con quién, aquellos que practicamos este ejercicio cotidiano, tenemos la libertad de hacerlo bien o hacerlo mal, con honestidad o con nociva especulación. Con mayor o menor vocación. Igual que en cualquier otro trabajo, oficio, o profesión.

La dicotomía, las antinomias, los antagonismos tienen bastante más que una década en la Argentina.

Confieso que me resulta una rareza. No he leído o escuchado a algún colega que proponga cambiar la fecha del día del periodista. Creo que es más por abulia que por convicción

La Gaceta de Buenos Aires no es precisamente un periódico acético, objetivo, anodino. Su impulsor y director Mariano Moreno, junto a otros periodistas del momento como un tal Belgrano, no simulaban su posición, ni describían los hechos con la pluma quirúrgica de un filósofo desinteresado. En cada palabra depositaron sus ideas, su coraje, su valentía y su decisión de convertir un dato noticiable de la coyuntura en el ícono más potente de nuestra historia.

Ni jueces, ni dictadores. No doctos sabios ni analfabetos. El periodismo es la bisagra que vincula la puerta de los protagonistas con el marco de los hechos. Podés ponerle aceite para que no haga ruido o abrirla para ventilar un poco de pasión.

En el día del periodista, a los que le agregan algún adjetivo: que la pasen bien. A los que lo aman, lo sufren, lo disfrutan, y lo consideran como García Márquez y Tomás Eloy Martínez, el mejor oficio del mundo, salud...!

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