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domingo 24 de julio de 2016

La isla Martín García: el encanto del abandono

Este pedazo de tierra fue testigo de grandes hechos de la historia argentina, sin embargo hoy perdura su actividad gracias a un puñado de habitantes.

Tiene apenas 1,84 km2 de superficie. Se encuentra a 46 km. de Buenos Aires, a 33,5 km del Puerto de Tigre y a 4 km de la costa uruguaya. Parece una tierra incógnita, pero dentro de sus límites alberga un trozo fundamental de la historia argentina. La isla Martín García llegó a acoger a algunos de los políticos más importantes de la Argentina y en la actualidad pareció esfumarse como destino turístico.

Pero, ¿Qué tiene de especial esa isla?, ¿Qué puede ofrecer todavía a sus visitantes?

La isla, un conjunto rocoso perteneciente al macizo de Brasilia de la edad precámbrica, se destaca a la distancia por su intenso color verde. Se encuentra próximo al faro y su punto más alto es de 27 m. sobre el nivel del mar. Su flora y fauna, similar a la de la selva misionera, están acompañadas por un clima templado y húmedo con tendencia a cálido.

Pero sus condiciones ambientales no fueron el eje de atracción durante sus cinco siglos de vida. Con 500 años, supo ser testigo de innumerables acontecimientos históricos.

En 1516, el explorador Juan Díaz de Solís navegó por primera vez las aguas del Río de la Plata en busca de nuevos horizontes y así sucedió. Durante el viaje, el despensero de la expedición murió y el español decidió buscar un lugar para darle cristiana sepultura. Además de cumplir con su deber de buen samaritano, bautizó a la isla con el nombre ese tripulante: Martín García.

Durante un tiempo, fue el lugar al que iban a parar los presos más peligrosos de la ciudad de Buenos Aires y de Montevideo. Luego adquiriría un peso clave en la historia sociopolítica argentina: fue uno de los sitios elegidos para mantener incomunicados a líderes políticos.

Hipólito Yrigoyen, Marcelo T. de Alvear, Arturo Frondizi y nada menos que Juan Domingo Perón fueron algunos de los políticos que estuvieron presos en la isla.

La comisión del Río de la Plata, el centro cívico y la escuela actual Juan Díaz de Solís funcionaron en su momento como establecimientos de detención.

La isla, hoy

"Llegué en el año 1959 y conocí al doctor Frondizi. Cuando llegó el avión naval, estuvo 3 horas en la pista esperando a que le asignaran una casa, luego hicieron la mudanza, se le caían las cosas de las valijas. Al principio no tuvo contacto con nadie, después de tres meses, sí", cuenta Domingo Aranda el habitante más antiguo de Martín García.

En la actualidad, uno de los mayores problemas que atraviesa es el habitacional. En los años '50, vivían unas 4.700 personas, ahora quedaron apenas 105.

Esa caída demográfica estrepitosa provocó a una realidad ineludible: sólo queda un negocio de cada rubro: Fernando y Luciano tienen un bar que elabora cerveza artesanal y alfajores de nuez; Betty y Norberto atienden el almacén de ramos generales y "Piki" Aranda es dueña del camping de la isla, el único.

Lo mismo sucede con las instituciones públicas: hay un jardín de infantes, una primaria, una secundaria, un hospital, una iglesia, una panadería,un restaurante, un hotel y una dependencia de jefatura.

Algunos de los atractivos turísticos son la cárcel, de la cual sólo quedan escombros, pero aún así conserva su encanto. El teatro y el museo siguen en pie. El primero fue construido en el siglo XIX e inaugurado 1910. En su edificación participaron Lorenzo Lora, Estuario Juárez, Manuel Valen y José Davase. Su fachada tiene una fuerte impronta modernista que remite al art nouveau. El segundo, refaccionado y reciclado en 1995, funcionó como el almacén de ramos generales y las familias.

El Pan dulce más famoso

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El pan dulce es una de las grandes joyas gastronímicas de la isla. Es artesanal y horneado a leña. Políticos y artistas lo compran cada vez que pueden porque, según ellos, es uno de los más ricos.

Entonces, ¿cuál es el secreto de su elaboración? ¿hay algún ingrediente que lo hace especial que lo diferencia de otros?. Fernando, el dueño de la panadería y también quien lo prepara, dijo: "lo cocino como se hacía antiguamente, hoy son muy industrializados y se hacen por cantidad. Ahí se pierde el encanto".







Fuente: Infobae.com

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