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domingo 22 de mayo de 2016

La inversión, en el centro de la escena económica

El Gobierno confía en su plan de obras públicas, en el desembarco de los capitales prometidos y en las medidas adoptadas para beneficiar a las pymes

Tras vetar la ley antidespidos, el presidente Mauricio Macri intentará fortalecer la posición y la imagen –el relato– que quiere proyectar su gobierno frente a la coyuntura: las inversiones y el crédito internacional seguirán llegando, más allá de lo que dice la oposición.

Para el Gobierno no sólo no hay una emergencia ocupacional, sino que cree que el plan de obras públicas para el GBA cambiará la situación de la construcción.

Destacan el acuerdo logrado con las provincias para empezar la devolución del 15% de la coparticipación y la promesa del pago de 50.000 juicios a los jubilados con plata de la ANSES.
El reclamo para acelerar las inversiones viene siendo analizado por el gabinete económico desde hace semanas, y hay contacto permanente entre Macri y el ministro de Producción, Francisco Cabrera, para monitorear el desembarco de capitales prometidos

Eso se suma a las medidas de tipo financiero para las pymes (liquidación del IVA a 90 días, eliminación de la ganancia mínima presunta, etcétera) de comienzos de mes en lo que constituyó un alivio impositivo concreto y esperado por mucho tiempo.

Repasando las medidas lo que queda en claro es que el Gobierno está dispuesto a poner más énfasis en la posibilidad de reactivar la economía que en bajar el déficit fiscal.

Los allegados al Presidente lo dicen así: "Nunca se salió de una situación de recesión e inflación alta con ajuste fiscal".

En otras palabras, dicen, "hay que recomponer el nivel del consumo pero, a diferencia de Cristina, sin ponerlo como el motor principal de la economía que –agregan– debe ser la inversión".

En definitiva, la gente votó a Macri, básicamente, para que resuelva cuestiones económicas. No es disparatada considerar la idea que en general cuando se vota a empresarios y gobiernos armados por ejecutivos o por tecnócratas, la apuesta es esa.

Vista en el marco del ciclo histórico, la discusión que se dio esta semana sobre la ley antidespidos se entiende más claramente. Argentina todavía está, aunque no lo parezca, en la larga onda de la crisis del 2001. Cuando los historiadores describan lo que ocurrió ese año, ese capítulo tendrá una densidad de significado extraordinario.

Ese año –2001– se produjo un ajuste fenomenal, la gente se enojó muchísimo, hubo una gran impugnación de la sociedad, sobre todo de los sectores medios, hacia la política. Entonces la dirigencia del país, ya sea política, empresarial, periodística, intelectual y sindical, le dio como respuesta a esa sociedad enfurecida, que quería salir a "comerse" a los políticos, un boom de consumo que duró 12 años, amparado en condiciones excepcionales, como el rebote de cinco años de recesión, una megadevaluación producida por Eduardo Duhalde y, sobre todo, el boom de las commodities.

El centro, el rey de todo ese ciclo, que presidieron los Kirchner, fue el consumidor. Así fue que Argentina se consumió todo, y más también. Con el tiempo, ése ciclo de consumo se agotó.

Agotado ese ciclo, aparece otra etapa. Otro juego, en el cual el centro es el inversor. Nos guste o no, si no hay un proceso de acumulación de riqueza derivada de la inversión, es imposible –inclusive– distribuir la riqueza. A Macri le toca liderar ese proceso y crear las condiciones favorables para que se produzca la inversión. Si esto no se da, muy probablemente su gobierno esté agotado. Ésa es la apuesta.

Según los encuestadores del Gobierno, en la preocupación económica de la sociedad hay tres temas. El primero es la devaluación que ya pasó. Mérito del ministro Prat Gay, que logró devaluar y salir del cepo sin una crisis, diciendo mañana el dólar va a estar a 14 y estaba a 14. Segundo problema, el más dramático, la inflación. El 75 por ciento de la gente, según los datos que manejan en el oficialismo, reconoce haber reducido su nivel de consumo.

Este es el gran desafío de Macri: darle una respuesta a esa porción de la sociedad. Y la tercera preocupación es la incertidumbre laboral. Pero, claro, esa expectativa de una parte de la sociedad no es prioritaria para el Gobierno porque, dicen, es un "miedo" que recorre predominantemente al votante de Scioli o en todo caso al de Cristina de Kirchner. Es decir, una preocupación más alineada con la política, pero sin una correlación concreta con la realidad.

Por lo tanto, la discusión acerca del despido es una discusión que a Macri le resulta cómoda porque no está agraviando, o contradiciendo, la preocupación de su base electoral.

El ajuste y las restricciones económicas están haciendo que Macri caiga en las encuestas, de 70% a 60 % de imagen positiva. Pero hay un detalle y es que las expectativas de aquellos que confían en Macri están intactas. ¿En qué se sustentan? En algo muy concreto. Que en el segundo semestre de este año, con el dólar quieto y su efecto balsámico sobre los precios de alimentos esenciales, se da vuelta el clima económico y sobre todo se derrota la inflación, hoy la preocupación que más angustia.
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