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domingo 24 de abril de 2016

La guerra de los mormones contra el porno

La reciente declaración oficial de la pornografía como un «peligro para la salud pública» en el estado de Utah es el último episodio de una una batalla agitada por la iglesia mormona desde hace años.

El mundo es un lugar enfermo, según los legisladores de Utah. Enfermo de pornografía, se entiende. El año pasado los humanos pasamos 4.392 millones de horas mirando porno, según las estadísticas de uno de los portales líderes del sector, Pornhub. Para desgracia de los representantes del pueblo de Utah, EE.UU. lidera todas las estadísticas: acapara el 41% de las horas dedicadas al contenido adulto en todo el mundo y es el primero en páginas vistas por persona, con 161. Incluso en 2009, un estudio situó a Utah como el estado con mayor porcentaje de suscriptores a canales de porno (sin embargo, Pornhub sitúa al estado entre los que tienen el ratio más bajo de páginas vista por persona el año pasado).

Con estos números, si se considera el porno algo perjudicial, estamos ante una epidemia de proporciones bíblicas. Y así lo creen los legisladores de Utah, que esta semana han aprobado una declaración del porno como «un peligro para la salud pública». Según los representantes del Senado y de la Cámara de Representantes del estado, la pornografía «conduce a un amplio espectro de impactos a la salud pública e individual y a daños sociales».

La resolución hace un llamamiento para que se aprueben reformas legislativas y más educación e investigación en el asunto para «hacer frente a una epidemia pornográfica que hace daño a los ciudadanos de Utah y del resto del país».

El gobernador de Utah, Gary Herbert, dio el visto bueno a la declaración, que fue aprobada por unanimidad en ambas cámaras. «Es una afirmación valiente con la que no estará de acuerdo todo el mundo, pero una completa verdad», dijo en Twitter tras firmarla.

Tan adictivo como el tabaco

La idea de la declaración es del senador estatal republicano Todd Weiler, que la propuso a las cámaras a comienzos de este año. «Yo creo que la pornografía hoy es como el tabaco hace setenta años. Entonces, había gente que decía que el tabaco no era adictivo y que no era perjudicial», aseguró a «The Salt Lake Tribune» cuando presentó la declaración. «Está afectando a los matrimonios, a las relaciones, y al final si alguien se divorcia eso también afecta al Gobierno, porque acaba habiendo más mujeres y niños con ayuda del estado, entre otras cosas», añadió.

Tras la aprobación, Weiler reconoció que la declaración no tiene efectos jurídicos, y que ni prohíbe el porno en el estado ni destina ninguna partida a combatirlo. La intención es ayudar a las familias y compañías a que hagan «lo correcto».

La declaración solo es el último episodio de una guerra al porno emprendida por grupos ultraconservadores en EE.UU., y que tiene entre sus principales agitadores a miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Los mormones son el grupo religioso predominante en Utah, donde cerca del 62% de la población profesa esta religión. Herbert, Weiler y muchos otros legisladores son mormones.

Hace quince años, Utah ya intentó atajar la expansión del porno con otra iniciativa pintoresca: un «ombudsman» o defensor del pueblo contra el porno. La figura estaba dedicada a tramitar y gestionar quejas ciudadanas por «obscenidad y pornografía». Se le llegó a apodar como el «zar del porno», pero solo duró dos años.

En Utah también está el origen de la organización «Pelea contra la Nueva Droga» (FTND, en sus siglas en inglés), responsable de campañas como «El porno mata el amor», con la que llenaron San Francisco de carteles publicitarios con este mensaje y que tienes jóvenes activistas repartidos por campus de todo EE.UU. Sus fundadores, Clay Olsen y Ryan Werner, son mormones, pero aseguran que la organización no está relacionada con esta iglesia y que la pornografía es un asunto que va más allá de creencias personales.

FTND cultiva una imagen fresca y juvenil, que les ha valido para acumular 1,2 millones de seguidores en Facebook. Su denuncia de que el porno es un problema de «salud pública» no tiene que ver con la religión y se basa, aseguran, en cientos de estudios científicos.

El jefe de estudios de FTND, Jason Carroll, es profesor de Matrimonio y Estudios Familiares de la Universidad Brigham Young (BYU), de donde provienen muchos de los estudios que citan los cruzados contra el porno. Brigham Young es una universidad mormona -su misión es «ayudar a los individuos en su búsqueda de la perfección y la vida eterna»- y su nombre se debe al segundo líder de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, fundador de Salt Lake City y quien guió a los primeros mormones hasta aquellas tierras áridas de Utah.

Los defensores de la declaración contra la pornografía aseguran que es además una manera de disminuir los ataques sexuales. Entre ellos también hay no mormones, como Pamela Atkinson, que preside la Coalición de Utah contra la Pornografía. Según ella, el 82% de quienes cometen crímenes sexuales empezaron viendo porno. Lo mismo aseguraba al «Salt Lake Tribune» otro profesor de BYU, Brian Willoughby.

La pornografía como enfermedad

La idea de la pornografía como un problema de salud, como algo adictivo -otra de las ideas de la declaración- o como un trastorno mental está muy lejos de tener el beneplácito de la comunidad científica. «No hay ninguna organización reputada y basada en estudios científicos que haya etiquetado la pornografía como una crisis de salud pública», aseguró la Coalición para la Libertad de Expresión. «Las conclusiones que se pueden sacar de los estudios científicos son muy limitadas», apuntó a 'The Atlantic' David Hill, de la Academia Americana de Pediatría. La adicción al porno no forma parte del Manual de Diagnóstico y Estadística de las Enfermedades Mentales de EE.UU. y los intentos por introducir en él la adicción al sexo han sido rechazados varias veces por falta de soporte científico.

Para algunos, la declaración antiporno de los legisladores de Utah es «hipócrita», en un estado donde la educación sexual en los colegios brilla por su ausencia y en el que se han disparado los índices de embarazos no deseados y de enfermedades de transmisión sexual. Así lo consideró un editorial del periódico local «Standard Examiner», que criticó que «los esfuerzos por establecer un programa de educación sexual completo en los colegios de Utah fue derrotado con rotundidad por un comité de la Cámara de Representantes. Los legisladores se lavan las manos cuando hay que ayudar a los niños a formarse sobre sexo pero les parece que tiene que pronunciarse sobre la pornografía».

Además de la declaración del porno como «peligro para la salud pública», los legisladores aprobaron una ley que obliga a las empresas de informática que reporten a las autoridades cuando encuentren pornografía infantil en los ordenadores de sus clientes.

Fuente: abc.es

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