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domingo 09 de julio de 2017

La eficiencia sargentona y la corrupción santa

No tiene competidores. Ni en su partido ni mucho menos en la oposición. Entonces se manda hacia adelante dando codazos

Es un buen administrador. El mejor de los últimos años, lejos.

Pero tiene una veta autoritaria. Y le cuesta ponerla en caja. Él manda, quiere resultados y no es un apasionado por dar muchas explicaciones.

Alfredo Cornejo posee la habilidad de rodearse de incondicionales que, como en el caso de Martín Kerchner, fomentan esa misma onda de eficiencia sargentona.

Sabe que hoy por hoy no tiene opositores de peso. Ni en su partido de origen ni en Cambiemos ni mucho menos en el peronismo.

Y se manda hacia adelante dando codazos.

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"En todos los aspectos hay una falta de control del Estado, que no ejerce plenamente del poder de policía en las rutas" (Alfredo Cornejo, gobernador).
No sólo usa la rienda corta con sus funcionarios sino que quiere hacer lo mismo con los referentes de los otros poderes del Estado.

Hablo de los "nobles" magistrados, de los inclasificables legisladores o de los cuestionados gremialistas estatales, por citar sólo algunos.

Eso le ha traído –y le traerá– cortocircuitos rimbombantes. Pero también algunos aciertos.

El gobernador es un hombre estudiado pero no es un hombre de cultura importante.

Lo suplanta con un gran olfato político. Y un inusual poder para decidir.

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En la Corte. El gobernador Cornejo expone ante el máximo tribunal. El conflicto sigue abierto y sin resolución.&nbsp;
En la Corte. El gobernador Cornejo expone ante el máximo tribunal. El conflicto sigue abierto y sin resolución.

No busca hacerse el "leido" (así, sin acento) ni se pavonea mencionando a los sociólogos y ensayistas franceses de moda.

Cuando se equivoca, y lo ha hecho en varias ocasiones, posee la sagacidad de no quedar como un chambón sino como alguien que hizo pero que no le salió según lo previsto.

Si hay que saltear, salteo
Tiene pleno conocimiento de la arquitectura republicana (egresó de la Facultad de Ciencias Políticas), pero está convencido de que puede gambetear parte de ese entramado cuando a él le convenga.

No es tampoco un gran orador ni un carismático comunicador. Y muchas veces se enoja con facilidad.

No le gustan los periodistas ni la prensa en general.

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Foto:<a href="https://twitter.com/DifusionCornejo" data-user-=""><strong data-aria-label-part="">Gobernador A.Cornejo</strong>‏&nbsp;@DifusionCornejo</a>

Sin embargo, no se golpea el pecho como si eso fuera algo políticamente incorrecto (como nos pasa a muchos de nosotros) ni anda en la búsqueda de un coach comunicacional para que lo entrene en la simpatía.

La leyenda asegura que alguna vez, en medio de una calentura, buriló la frase "esos soretes de la prensa".

Si la dijo, le viene como anillo al dedo. Si no la dijo, también.

Diga 33
Uno de sus grandes méritos es que sabe auscultar –como el médico con el estetoscopio– lo que opina la gente del común.

Él pone la oreja y luego hace la traducción.

De esas prácticas vienen por ejemplo sus luchas contra el garantismo (a veces extremo) de la Justicia hacia los delincuentes.

O sus peleas por el desprecio del Estado hacia los derechos de las víctimas de la delincuencia.

O su combate contra las excarcelaciones tempranas de reos que vuelven a delinquir y muchas veces a matar.

O su obsesión por agilizar los tiempos de la Justicia y por darle jerarquía a la mediación.

Varias de esas ideas han terminado convertidas en leyes durante su mandato.

Y esas normas son las que ahora le dan sustento para asegurar que han bajado 40% los robos agravados entre junio de 2016 y el mismo mes de este año.

El tacto está carísimo
En el medio han quedado, claro, muchas formas poco diplomáticas para fijar esos temas por parte de Cornejo.

O su empeño para imponer gente de su confianza en cargos claves de la Justicia, como en los casos de Alejandro Gullé, como jefe de los fiscales, o de José Valerio, como integrante de la Suprema Corte.

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Cornejo entiende que Gullé y Valerio están más cercanos al sentir de los ciudadanos en materia de seguridad.

Eso me tira de sisa
No se pone el traje de progresista y se ríe de los que lo acusan de facho, como se cansaron de hacer los sindicalistas docentes que lo combatieron por haber impuesto en las escuelas por ley el Ítem Aula, con el cual se premia con un plus salarial a los docentes que no faltan.

Las licencias por enfermedad, que se habían convertido en una especie de deporte en el área de la docencia, con la anuencia, claro, de los sindicalistas (porque total el Estado sigue siendo bobo), bajaron abruptamente cuando los bonos de sueldo empezaron a incluir ese plus y a beneficiar al docente serio y cumplidor.

Te la hago difícil
En su gobierno la comunicación, como cuadra a un gobernador personalista, esta concentrada en pocas manos.

Paradoja: hay un ejército de prenseros oficiales, pero en lugar de facilitarle la tarea al periodismo se la dificultan.

Está claro que esa forma de actuar de los prenseros (la mayoría de ellos con títulos universitarios) es una decisión política que baja de la cabeza del Gobierno.

Quiérase o no, es también otra de las "enseñanzas" que nos dejó el kirchnerismo y que, lamentablemente, la están usando quienes decían tener una actitud más respetuosa con el periodismo (incluido el macrismo), lo que demuestra que en el fondo estaban subyugados con ciertas prepotencias de sus antecesores.

Churchill hubo uno solo
Es posible que Cornejo nunca sea un estadista.

Sin embargo –con lo hecho hasta ahora– está llamado a tener un sitial mucho más digno que los gobernadores Jaque y Pérez.

El estadista tiene concepto, comunica, lanza ideas reveladoras, fija políticas de Estado o líneas directrices para que perduren en el tiempo, habla con los periodistas, cree en la libertad de prensa.

Cornejo sabe cómo ordenar, cómo ahorrar, cómo bajar el gasto público. Y eso, mal que nos pese, es respetar al contribuyente.

Y eso no es de derecha, como machacan en la oposición.

Es increíble que el cuidado de los dineros públicos no tenga aún la necesaria consideración popular.

En un país donde los políticos se han reído de nosotros y se han enriquecido de manera escandalosa, no es poca cosa que Cornejo carezca de denuncias por corrupción.

O mejor dicho: es mucha cosa.

Sobre todo en un país atravesado por 12 años de la más tórrida corruptela kirchnerista.

Ocurre que esa fue una corrupción por izquierda.

Y en ese caso, es santa.

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