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domingo 09 de julio de 2017

La economía, al ritmo de Despacito

Clave. Su repunte se convirtió en un dato político, según cómo y cuánto se haga sentir antes de las elecciones. La inflación no ayuda

Expliquémoslo así: supongamos que alguien hereda una casa de una tía lejana que murió hace 10 años y nadie la mantuvo. Pensando en ir a vivir allí, llama a un arquitecto y pregunta cuánto sale repararla. El profesional mira las goteras en el techo, los caños de las paredes que pierden, los baños y pisos estropeados, la pintura añeja, y presupuesta U$S80.000. Antes de decirle que empiece, la persona evaluará cuál es su capacidad de ahorro y, luego, pedirá que arregle las goteras. Después, dependiendo de los recursos, se irán resolviendo en el tiempo los demás problemas de la casa. De la misma forma debe administrarse el Estado, porque su billetera (que es la nuestra) no es ilimitada.
Por décadas hemos dejado que nuestros gobiernos construyeran un Estado para servir a la política y que se sirve de los argentinos. Estamos entre los 12 países del mundo que más exprimen con impuestos a sus empresas, y cualquier trabajador que pague impuesto a los ingresos trabaja para el Estado alrededor de la mitad del mes. No nos debería extrañar que les cueste llegar a fin de mes. Un Estado más chico y eficiente, que podamos pagar y que realmente sirva a los ciudadanos sería el objetivo a alcanzar.

Aunque el ministro Nicolás Dujovne proclamó semanas atrás que "la recesión ha terminado", el repunte de la actividad económica marcha a un ritmo más lento que la necesidad del gobierno de Mauricio Macri de incorporarlo cuanto antes a la campaña electoral.

No es la primera vez –ni seguramente será la última– que el fin de una recesión no se hace sentir hasta que la recuperación de la actividad haya tomado cuerpo. Incluso, muchos indicadores oficiales y privados pueden resultar engañosos al comparar un año contra otro. De ahí que los especialistas presten más atención a la evolución mes a mes (desestacionalizada) para hablar de una tendencia.
La recuperación avanza, pero muy lenta. Casi sigilosamente. Según Gustavo Reyes, economista de la Fundación Mediterránea, hay varios motivos para que así sea.

En primer lugar, y contrario a lo que se podría suponer, "la recesión fue una de las más suaves de los últimos 30 años". Por eso, la recuperación también es suave. "Tanto en profundidad como en su duración, el proceso recesivo fue muy similar al experimentado en los años 2013-2014", dice Reyes, y agrega: "Comparado con las salidas históricas de las recesiones, el proceso actual de recuperación es claramente el más lento de los últimos 30 años". No casualmente, calcula, "el nivel de actividad económica habría terminado el primer trimestre del 2017 casi 3 puntos porcentuales por debajo de los niveles previos al proceso recesivo, con remuneraciones y masa salarial del sector privado asalariado también por debajo de los niveles previos a la recesión".

Pero hay otros motivos. "En primer lugar, y a diferencia de otras salidas de procesos recesivos, en la situación actual el contexto externo no está jugando totalmente a favor", dice. Desde el punto de vista financiero, las tasas de interés internacionales, si bien aún son bajas, han empezado claramente a subir y, desde el punto de vista comercial, si bien varios de los países compradores de las exportaciones de nuestro país acelerarían este año su expansión respecto de 2016 (Estados Unidos y Brasil), uno de los precios internacionales más relevantes para Argentina, como es el precio de la soja, viene cayendo desde principios de año (cerca del 8% entre abril y enero).

En tercer lugar, "la estrategia de estabilización del proceso inflacionario elegido por el Gobierno induce a una lenta recuperación en el nivel de actividad económica". A diferencia de las estabilizaciones exitosas con tipo de cambio fijo (Reyes menciona el Plan Austral en 1985 y el Plan de Convertibilidad en 1991) "cuando la caída en la inflación (esperada) es muy fuerte y la reactivación también resulta muy rápida", la estrategia de metas de inflación elegida por el BCRA no permite utilizar al tipo de cambio como ancla inflacionaria. Por el contrario, como se basa en tasas de interés reales positivas (en términos de la inflación), eso "claramente debilita el proceso de salida de la recesión". Eso, más algunos otros factores, "no permiten por ahora mostrar una clara recuperación en los distintos indicadores de consumo".

Acelerar el lento proceso de salir de la recesión resulta muy importante para que el Gobierno mejore sus chances en las próximas elecciones, considera Reyes. "Si bien el Gobierno tiene claras limitaciones por el instrumento de estabilización elegido, la esperada reducción en la tasa de inflación a partir de mayo (después que se diluya el efecto de los aumentos tarifarios), la evolución de las exportaciones agrícolas, el mayor empuje de la obra pública, los efectos de la reparación histórica a los jubilados y la consolidación de la actual dinámica del mercado laboral y financiero deberían ayudar a este proceso", dice, y concluye en una nota más optimista.
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