A Fondo - Stamateas Stamateas
domingo 25 de septiembre de 2016

La angustia y qué hacer con ella

Bernardo Stamateas
bernardoresponde@gmail.com


Hoy en día muchas personas viven angustiadas. La angustia es una emoción que no debería ser evitada, ni tapada, pues su función es alertarnos de algo. La actitud más sana consiste en escucharla y expresarla. Quien vive angustiado experimenta emociones y sensaciones tóxicas que, tarde o temprano, hallarán un sitio donde esconderse y se alojarán en algún órgano del cuerpo hasta enfermar a la persona. Nuestro cuerpo sufre junto con nosotros, pues está conectado con nuestra mente. A eso que sentimos a nivel físico se lo conoce como "somatización".

Estas son algunos de los síntomas más comunes de la angustia, que no deberían pasar inadvertidos:
l Dolores en distintas partes del cuerpo.

l Digestión pobre.

l Insomnio.

l Temblores.

Hay gente que cuando sufre se autoagrede. La razón es que, a nivel inconsciente, se culpa por esa enfermedad o esa dolencia. Por lo general, cuando uno se enferma, durante un tiempo su autoestima baja, se siente débil y algunos a eso le agregan el llenarse de culpa. Esta sólo añade más dolor y más angustia.

El presente tema es muy complejo y no debería ser tomado a la ligera, pues mucha gente vive con angustia permanente y no logra encontrar la salida. Nuestra intención aquí es compartir algunas ideas prácticas que nos ayuden a pensar la cuestión desde otro ángulo.

¿Cómo podemos aprender a ser un poco más felices?

Tomar la decisión de liberarnos de la angustia y hablar todo lo que haga falta.

Podemos hablar con alguien que esté dispuesto a escuchar sin emitir juicio ni opinión; o incluso una buena idea es escribir lo que sentimos, en forma de diario o carta. Produce un gran alivio el ser capaz de expresar algo que teníamos guardado.

Administrar los recuerdos inteligentemente
Los seres humanos tenemos la capacidad única de archivar nuestras vivencias en la memoria, y recordarlas cuando sea necesario. Todos hemos superado situaciones difíciles y momentos tristes que nos tocaron vivir, como pérdidas, traiciones y enfermedades. Por eso, podemos tener la seguridad de que lo que hoy estamos atravesando también lo superaremos y se convertirá en un recuerdo más.
La duración del dolor dependerá de la actitud con la que lo afrontemos. Las victorias del pasado nos sirven para recordar que sí se puede salir adelante; pero hay otros álbumes mentales que es preciso tirar a la basura.

Descubrir aspectos propios desconocidos
A lo largo de la vida llegamos a la conclusión de que es en los momentos de dolor y angustia cuando aprendemos quiénes somos realmente y cuál es el potencial ilimitado que llevamos adentro.

Considerar el dolor como una oportunidad de crecimiento
Cuando tenemos la predisposición de superar un estado de tristeza, una dificultad que parece haber colmado nuestra vida, más pronto logramos salir para seguir avanzando y creciendo. Beethoven, por ejemplo, compuso sus genialidades musicales después de haber perdido la audición.

Admitir que no podemos controlarlo todo
Resulta muy sano ser consciente de que existen muchos aspectos que están fuera de nuestro control. La vida se compone de un 10% de lo que nos ocurre (lo inevitable) y un 90% de nuestra reacción ante ello. Recordar esto nos ayuda a no caer en el papel de la víctima indefensa. Si no está en nuestras manos cambiar una situación dolorosa y angustiante, siempre podemos elegir la actitud con la que la enfrentaremos.
Es posible ponerle freno a la angustia, superar toda situación difícil, que está sujeta a la ley del tiempo, y aprender a ser felices.
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